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miércoles, 12 de abril de 2023

12 de abril de 1752: Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Fachada del palacio de Goyeneche, en la calle de Alcalá. Es la sede, desde 1773, de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

 

El 12 de abril de 1752, en España, el rey Fernando VI firma el decreto por el que se crea la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, inaugurada al día siguiente.



Es posible que el incendio del Alcázar en 1734, con la consiguiente necesidad de construir un nuevo palacio y dotarlo de un decorado y obras de arte apropiados, impulsara su creación, a instancias de las deliberaciones entre el secretario del despacho de Estado, el marqués de Villarías, y el escultor de la Casa Real, Juan Domingo Olivieri.
Así, en 1744 se constituyó una Junta Preparatoria en las habitaciones que en el Palacio Nuevo tenía el primer escultor del rey, Juan Domingo Olivieri, principal promotor de su formación. Desde 1741 Olivieri mantenía una academia de escultura en sus habitaciones y desempeñó el cargo de director general al crearse la nueva institución. Sus primeros estatutos fueron aprobados en 1747, primándose en ellos el estamento nobiliario. El mismo año, el rey Fernando VI, que había permanecido al margen de la creación, nombró a su escultor personal, Felipe de Castro, recientemente retornado de Italia, «maestro director extraordinario de escultura en la Academia», de forma que la nueva institución se hacía así dependiente de la Corona. La creación oficial data del 12 de abril de 1752, colocándose bajo el patrocinio del rey Fernando VI, quien la llamó Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Fernando.2​ En 1753 tres artistas italianos compartieron su dirección: Olivieri, Corrado Giaquinto y Juan Bautista Sachetti. Los estatutos definitivos se aprobaron en 1757, confiando a la Academia la promoción y protección de las Artes. Su principal redactor fue Felipe de Castro, quien suprimió el carácter aristocrático de los primeros estatutos, confiando la dirección de la Academia a los artistas.


Interior del palacio, con obras de la colección de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


El entierro de la sardina, de Goya
Después de que Olivieri redactara para la Junta Preparatoria unas «Reglas que se proponen al Exmo. Señor marqués de Villarias para que después de dos años de práctica que parecen convenientes por ahora, puedan contribuir a la formación de leyes para la Academia de Escultura, Pintura y Arquitectura que se intenta fundar en Madrid debajo la protección del Rey»,​ a Fernando Triviño se le encarga la elaboración de los primeros estatutos para el establecimiento de la Real Academia de Pintura, Escultura y Arquitectura.
En un principio las actividades se basaron en pintura, arquitectura, escultura y grabado. Su propósito era convertir la materia artística en materia de estudios reglados, superando el modelo anterior de aprendizaje en el taller. Para ello, la Academia contaría con «profesores» de las distintas materias y modelos de todo tipo, tanto moldes y obras de arte como hombres y mujeres «de alquiler». La creación sería estimulada por la concesión de premios y pensiones de estudios en Roma para los artistas más destacados. En 1873 recibió su denominación actual y se abrió una nueva sección de Música.
Desde 1757 la Academia impartió los estudios y expidió el título de arquitecto. En 1847 estos estudios pasaron al Estudio Especial de Arquitectura, que evolucionó hasta dar la actual Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (ETSAM).
A partir de 1846, con la publicación de unos nuevos estatutos, la Real Academia de San Fernando pasaría a llamarse Real Academia de Nobles Artes de San Fernando.
Durante la I República, se cambió el título de la corporación que, en 1873 pasaría a llamarse Academia de Bellas Artes de San Fernando hasta que la Restauración alfonsina recupera el título de Real Academia.
Se llevaron a cabo dos reformas: con la primera (1987) se ampliaba a 51 el número de académicos numerarios y se integraban televisión, fotografía, vídeo y cinematografía a la sección de Escultura, que pasó a llamarse Sección de Escultura y Artes de la Imagen; la segunda reforma (1996) elevó a 52 el número de académicos numerarios. (W)


 

martes, 11 de abril de 2023

11 de abril de 1970: Despega el Apolo 13

El 11 de abril de 1970, en los Estados Unidos, despega el Apolo 13.




Apolo 13 fue la séptima misión tripulada del programa Apolo de la NASA y la tercera destinada a aterrizar en la Luna. La nave despegó desde el Centro espacial John F. Kennedy el 11 de abril de 1970, pero tuvo que abortarse el alunizaje debido a una explosión en un tanque de oxígeno del módulo de servicio tras dos días de misión. En lugar de alunizar la tripulación dio la vuelta a la Luna y regresó a salvo a la Tierra el 17 de abril. El comandante de la misión fue Jim Lovell, con Jack Swigert como piloto del módulo de mando y Fred Haise como piloto del módulo lunar. Swigert había sustituido a última hora a Ken Mattingly, que quedó en tierra como consecuencia de haber estado expuesto a la rubeola.
Durante un encendido rutinario del sistema de removido del oxígeno líquido de uno de los tanques, la ignición accidental del aislamiento de un cable deteriorado en el interior del tanque provocó un cortocircuito que causó una explosión que dejó salir su contenido al vacío. Sin oxígeno, necesario tanto para respirar como para generar energía eléctrica, los sistemas de propulsión y de soporte vital del módulo de servicio no podían funcionar. Tuvieron que desconectar los sistemas del módulo de mando para preservar los recursos restantes para el reingreso, obligando a la tripulación a trasladarse al módulo lunar como improvisado bote salvavidas. Cancelado el alunizaje, los controladores de la misión se dedicaron a ayudar a la tripulación a regresar a la Tierra con vida.
Aunque el módulo lunar estaba diseñado para mantener a dos hombres en la superficie lunar durante dos días, el centro de control de misión en Houston improvisó unos procedimientos para que pudiera mantener a tres hombres durante cuatro días. La tripulación sufrió numerosas dificultades a causa de la falta de energía, una cabina fría y húmeda y la escasez de agua potable. Se enfrentaron a la necesidad crítica de adaptar los filtros del módulo de mando para que el sistema de eliminación de dióxido de carbono funcionara en el módulo lunar, pese a su diferente geometría. Contrarreloj, la tripulación y los controladores de la misión lograron improvisar una solución.
Un comité investigador determinó que hubo un fallo durante las pruebas del tanque de oxígeno previas al vuelo y por el hecho de que se colocara teflón en su interior. A raíz de las investigaciones el comité recomendó algunos cambios, como reducir al mínimo la utilización de elementos potencialmente combustibles dentro del tanque, medida que se aplicó a la misión Apolo 14.
Decenas de millones de espectadores vieron el amerizaje de la nave en el océano Pacífico Sur por televisión y el riesgo que corrieron los astronautas renovó por un tiempo el interés por el programa Apolo. La historia de los hechos acaecidos durante esta misión se ha dramatizado en varias ocasiones, sobre todo en la película de 1995 Apolo 13. (W)



sábado, 11 de febrero de 2023

Canciones que me gustan: Diamantes y óxido

No sé porqué misterio algunos artistas están predestinados a una sola gran creación. Algo que es muy superior al resto de su obra. Eso percibo con esta bella canción. No quiero ser injusto con su autora, pero es aquí donde se reúnen todas las condiciones que permiten que una canción sea un poema y un poema una canción. Todo contenido con una melodía que hace que tres minutos con 53 sean perfectos.


La música arranca con unas notas melancólicas de guitarra, a las que se les unen de forma suave el órgano Hammond, el piano, el bajo y la percusión para que sobre ellos navegue la voz cantarina y de perfecta dicción de la cantante. (Fuente)








"Diamonds & Rust" es una canción de la cantante estadounidense Joan Báez, publicado como pista número uno del álbum homónimo del año 1975. En algunas entrevistas ha mencionado que su letra trata sobre un amante que la llama después de varios años del final de la relación, en donde ella explica que la vivió entre diamantes y óxido, metáfora que alude a los altos y bajos de mencionada relación.
Tras años de especulación sobre el relato del tema, Báez en su libro And a voice to Sing With: A Memoir confirmó que trataba sobre su relación amorosa con Bob Dylan. En el mismo libro confirmó además que al principio le mintió a Dylan, diciéndole que hablaba sobre su exmarido David Harris.


Joan Baez y Bob Dylan

Hasta el día de hoy es reconocida como una de sus mejores composiciones y además ha sido versionada por otros artista. Dentro de las versiones que se han realizado la más conocida es la que grabó la banda de heavy metal Judas Priest para el disco Sin After Sin de 1977, del cual se extrajo como sencillo.
En una entrevista a Joan Báez se le consultó sobre esta versión y mencionó:
¡La amo!, estaba tan sorprendida cuando la escuché por primera vez que me dije esta es una maravilla. Es muy raro que la gente versione mis canciones, tal vez por un par de razones. Una de ellas es porque son muy personales, que no tienen la calidad universal de otros artistas. Pero siempre es halagador cuando alguien lo hace.


domingo, 5 de febrero de 2023

Canciones que me gustan: El anillo del capitán beto

  

De Haedo al Cielo. El anillo del capitán Beto -historia escrita por Luis Alberto Spinetta hace 40 años- es algo más que un peculiar relato de ciencia ficción. Rodeado de una atmósfera de nostalgia y cotidianidad, este clásico de la música popular argentina es una bella y triste canción.

Por Rubén Reveco, editor


Cadenciosa con acordes de tango que recuerda más la calidez del hogar perdido y lejano que, precisamente, una obra de ciencia ficción con sus ingredientes característicos.
Beto -de colectivero a amo entre los amos del aire- viaja recordando lo que dejó atrás y que en su trayecto hacia el “lugar que todos llaman Cielo”, no ha podido reencontrar.
En esta obra de arte la soledad de un viajero se describe de un modo tierno y patético a la vez. Está protegido de los peligros por su “extraño anillo”, pero nada lo protege de la tristeza.
El capitán Beto es un antihéroe. Un día abandona la calidez de su barrio porteño, de su hogar y de su “vieja” para ir tras una utopía: el Cielo. Y se ve enfrentado a la problemática de los  futuros viajeros: la soledad en los viajes estelares y la sensación de no volver a ver a los seres queridos.
El de Beto, sin embargo, es el viaje maravilloso de una persona en eterna contradicción. El “amo de los  aires” es un soñador que viaja a recorrer el mundo con su mochila y sin instrumentos de ninguna clase. A conocer el mundo de verdad, no el de ciudades cercanas, ni el de países exóticos. Beto recorre estrellas, galaxias, universos lejanos. Hasta llegar; en lo posible, al Cielo, meta que desde luego nunca alcanzará. Después de 15 años ya no puede más y quiere volver a su barrio, pero ya es tarde.
Hasta el momento ninguna obra de ciencia ficción (y se han escrito muchas) ha descrito de esta forma al hombre enfrentado a su destino. Y como lo dice el propio protagonista “si esto sigue así como así, ni una triste sombra quedará”.


Ilustración de Jesús Soria



                    El anillo del capitán Beto

                   Ahí va el capitán Beto por el espacio,
                   con su nave de fibra hecha en Haedo.
                   Ayer colectivero,
                   hoy amo entre los amos del aire.

                   Ya lleva quince años en su periplo;
                   su equipo es tan precario como su destino.
                   Sin embargo un anillo extraño
                   ahuyenta sus peligros en el cosmos.

                   Ahí va el capitán Beto por el espacio,
                   la foto de Carlitos sobre el comando
                   y un banderín de River Plate
                   y la triste estampita de un santo.

                   ¿Dónde está el lugar al que todos llaman cielo?
                   Si nadie viene hasta aquí
                   a cebarme unos amargos como en mi viejo umbral
                   ¿Por qué habré venido hasta aquí, si no puedo más de soledad?
                   Ya no puedo más de soledad.

                   Su anillo lo inmuniza contra el peligro,
                   pero no lo proteje de la tristeza.
                   Surcando la galaxia del Hombre,
                   ahí va el capitán Beto, el errante.

                   ¿Dónde habrá una ciudad en la que alguien silbe un tango?
                   ¿Dónde están, dónde están
                   los camiones de basura, mi vieja y el café?
                   Si esto sigue así como así, ni una triste sombra quedará,
                   ni una triste sombra quedará.

                   Ahí va el capitán Beto por el espacio,
                   regando los malvones de su cabina.
                   Sin brújula y sin radio,
                   jamás podrá volver a la Tierra.

                   Tardaron muchos años hasta encontrarlo.
                   El anillo de Beto llevaba inscripto signos del alma.



Aspectos técnicos

Con una lírica costumbrista y urbana, la canción refleja de manera única el ambiente porteño, con un aire de tango sobrevolando todo el tiempo. La música, a la vez, es extremadamente compleja, con mucha variación de acordes, progresiones extrañas de acordes repletos de disonancias, quiebres y cambios de ritmos y un sonido triste, que se extiende a todo el disco.
Una canción que significó todo un hito dentro del rock argentino, que por obras como esta empezó a ganarse un respeto y una difusión que le eran negados hasta entonces. Cierra una discusión sobre el carácter extranjerizante que muchos detractores le adjudicaban al rock hecho en Argentina.


Historieta de Rolando Rojo en su episodio sobre "Los anillos del Capitan Beto" de Invisible publicada en el Nº 18, de Expreso Imaginario. Enero de 1978.


El anillo del capitán Beto



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Nos vemos el próximo domingo con otra canción que me gusta