El fin del mundo terrestre, arraigada en la ciencia nuclear, constituye una amenaza de origen reciente, datando de menos de un siglo. Esta concepción difiere fundamentalmente del Apocalipsis, término asociado al Juicio Final y, por ende, intrínsecamente ligado a mitologías religiosas.
El fin del Universo, un concepto hipotético que abarca la extinción de toda existencia cósmica, difiere del fin del mundo, usualmente entendido como la erradicación de la vida en la Tierra. Este último es distinto del fin de la humanidad, o del Apocalipsis, eventos centrados en la extinción o transformación radical de la sociedad humana. La especificidad del alcance es crucial al abordar escenarios de terminación.

Universo, mundo, Tierra, hombre y apocalipsis
La noción del "fin" es polisémica y su significado varía drásticamente según el contexto. Confundir el fin del Universo con el fin del mundo, de la Tierra, del hombre o la Apocalipsis implica una simplificación errónea de conceptos fundamentalmente distintos. La idea de la cesación absoluta de la existencia del Universo, incluyendo toda materia, energía y espacio-tiempo, permanece en gran medida inexplorada, relegada al terreno de la especulación filosófica más que a la hipótesis científica tangible.
Por el contrario, el "fin del mundo" generalmente se entiende como la extinción de toda vida en el planeta Tierra. Este concepto, si bien catastrófico, se centra en la biosfera terrestre, excluyendo implícitamente la posibilidad de vida en otros lugares del cosmos. La frase "Si hubiese vida en otros mundos, ya les tocará" refuerza esta visión antropocéntrica, relegando la consideración de posibles eventos de extinción extraterrestre a un futuro indefinido y separado.
Es crucial reconocer la jerarquía conceptual que distingue estos diferentes "fines". El fin del Universo representaría la obliteración total, mientras que el fin del mundo se limitaría a la biosfera terrestre. La Apocalipsis, por su parte, connota un evento transformador, a menudo de índole religiosa o espiritual, que no necesariamente implica la extinción total, sino más bien una reconfiguración fundamental de la realidad. Entender estas distinciones es vital para abordar la problemática del "fin" con rigor y precisión.