La canción explora la temática de la liberación y la transformación. A través de una serie de imágenes evocadoras, se presenta una visión del mundo donde las ataduras, tanto físicas como espirituales, son desafiadas y rotas.
Inicialmente, la letra enfatiza la existencia de cadenas que nos mantienen ligados a la tierra, sugiriendo una limitación impuesta por la rutina, la tradición o la opresión. El llamado a romper estas cadenas resuena como un grito de independencia y un anhelo de cambio.
La figura del "primer hombre" que vuela para iluminar el día simboliza el potencial humano para trascender las barreras y alcanzar nuevas alturas. Sin embargo, esta búsqueda de libertad no está exenta de dolor, como lo sugiere la imagen de la "herida" en el espacio.
La canción también reflexiona sobre la inevitabilidad de la justicia, donde "la bala" regresa al asesino, sugiriendo que las acciones tienen consecuencias y que nadie escapa de la responsabilidad.
En la segunda parte, se reitera el llamado a cortar las amarras, ampliando su alcance para incluir no solo las ataduras físicas, sino también las del espíritu, el recuerdo y las leyes obsoletas. La imagen del mundo que "torna y sigue y gira" evoca la idea de un ciclo constante de cambio y renovación.
Finalmente, vislumbra un futuro utópico donde la naturaleza y la tecnología se fusionan armoniosamente. El campo sigue los galopes del caballo, la flor se come a la abeja, el hangar se convierte en colmena, y los cuervos se transforman en planetas con plumas de hierba. Estas imágenes sugieren un mundo donde la vida se regenera constantemente y donde la naturaleza y la creación humana coexisten en equilibrio.
En resumen, es una reflexión sobre la necesidad de romper con las ataduras que nos limitan, abrazar el cambio y construir un futuro donde la libertad, la justicia y la armonía sean los principios rectores.



























