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sábado, 3 de enero de 2026
¿Se explica o no se explica?
martes, 30 de diciembre de 2025
¿Por qué odian a los talentosos?
Hay excepciones -desde luego- pero en esta oportunidad vamos a hablar de la norma. La tendencia mayoritaria de los artistas contemporáneos (y del stablimesch que los sostiene) es profesar odio hacia los artistas "tradicionales" que resisten a través de las distintas disciplinas artísticas. Esto se manifiesta con comentarios desdeñosos: "Sólo tiene condiciones técnicas", "es un buen copista, pero...", "ya nadie pinta", "es un anacrónico", "el arte realista no es provocativo ni desestabilizador", etc.
¿Y por qué sucede esto? Porque el que odia en las artes es un mediocre disfrazado de artista.
Aunque usted no lo crea, actualmente el talento es una condición peligrosa. El talento -por ejemplo- que se necesita para expresarse a través de la belleza; esa virtud bastardeada y tan poco cultivada entre los "modernos".
Hace unos meses me encontré con un joven y atribulado alumno de una escuela de arte. Estaba por repetir el año. Este fue más o menos el diálogo:
-Mi profesora de pintura se enfurece cuando trato de ser prolijo.
-¿Y para qué estudias arte en esa escuela?
-Porque también necesito el título de maestro. Con las artes nunca se sabe ¿vio?
-¿Y qué te dice la profesora?
-Estábamos pintando una naturaleza muerta y me decía que no tengo que hacerla tan depurada .
-¿Y qué propone?
-Que mire a Pablo Picasso... que el tema es sólo un pretexto.
-¿Te gusta Picasso?
-La verdad que no mucho. Su período Azul me gusta mucho... después no.
-¿Y tu profesora qué hace?
-Ella es moderna. No pinta. Hace performance.
-¿Y porque te da clases de pintura si no pinta?
-Creo que también necesita el trabajo... pero ella desprecia a los pintores y ni hablar si hacen realismo...
-¿Una profesora de arte que desprecia a los artistas? ¡Es raro!
-Sí.
-Entonces ¿qué vas a hacer?
-Necesito alguien que pinte y que me de unas clases. ¿Usted está dando?
-No doy, pero te podría ayudar...
Y quedamos de acuerdo que asistiría dos veces por semana a mi estudio durante un mes, con el compromiso que ninguno de los dos diría nada de las clases de apoyo.
Hay que ayudar a los estudiantes. Quien sabe, podríamos estar perdiendo un gran artista.
Lo último que supe es que había aprobado.
El odio, esa mala palabra
lunes, 29 de diciembre de 2025
El triunfo de los imbéciles
Flaubert sostenía que la imbecilidad era una roca inexpugnable, porque todo el que choca contra ella se despedaza. Puede que eso fuera así en el siglo XIX, pero en nuestros días son numerosos los idiotas que consiguen triunfar en la vida después de cometer una imbecilidad. Ser un insensato, lejos de estar penalizado, a menudo tiene premio. Y no solo los quince minutos de gloria que Warhol presumía que están al alcance de todo ser humano. En la sociedad del espectáculo, cometer una fechoría no está penado. Son legión los irresponsables que se arriesgan a hacer una locura para ser trending topic o para arrasar en TikTok. Y de ahí a ser un influencer que acaba residiendo en Andorra para pagar menos impuestos tampoco hay tanto trecho.
El último de esta corte de cretinos es un varón que lanzó una tarta contra La Gioconda de Leonardo Da Vinci. Entró en el Museo del Louvre de París sentado en una silla de ruedas y disfrazado de anciana. Afortunadamente, el lienzo está protegido por un cristal antibalas y por una barandilla que impide que los visitantes se acerquen, así que no sufrió daños. Pero el insensato, que fue detenido por los guardas de seguridad del recinto, consiguió notoriedad en las redes sociales, que seguramente es lo que pretendía.
La historia del célebre cuadro de la Mona Lisa, que acompañó a Leonardo hasta su muerte, cuando fue adquirido por el rey Francisco I de Francia, acumula episodios grotescos de personajes que intentaron pasar a la pequeña historia del desvarío. En 1956, un boliviano le lanzó una piedra que hizo saltar parte del pigmento del codo izquierdo; en 1974, una japonesa intentó mancharlo con pintura roja cuando se expuso en Tokio, y en el 2009 una rusa le tiró una taza de té que se estrelló en el cristal. Antes, en 1911, la tela fue robada por un empleado del Louvre y estuvo dos años desaparecida. Entonces, la policía sospechó de Apollinaire y de Picasso por sus boutades acerca de que había que quemar los museos. Así que el exhibicionismo no es nuevo, lo que resulta una novedad es que la gente prefiera hacerse una selfie junto a una tela antes que extasiarse frente a un cuadro o le lance un pastel para tener más likes en Instagram. (Fuente)
domingo, 7 de diciembre de 2025
"El nacimiento de Venus", de Willian A. Bouguereau (Análisis)
sábado, 4 de octubre de 2025
7 consejos para pintores principiantes
"El pintor en su estudio" (1629) Rembrandt






















