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viernes, 30 de junio de 2023

No se imprimirá más


La edición impresa de julio 2023 concluye una era para la revista National Geographic 

La revista National Geographic cierra una etapa y se focaliza en las subscripciones digitales.

La histórica publicación dedicada a la ciencia y la naturaleza, todavía una de las más leídas en Estados Unidos con casi dos millones de afiliados, dejará de venderse en los quioscos a partir de 2024.

Al igual que una de las especies en peligro cuya inminente extinción ha denunciado, la revista National Geographic ha seguido una trayectoria descendente, luchando por la vitalidad en un ecosistema cada vez más implacable.

El miércoles, la revista con sede en Washington, que ha analizado la ciencia y el mundo natural durante 135 años, llegó a otro momento difícil al despedir a todos los redactores que le quedaban.

El recorte de plantilla afecta a un total de 19 redactores, a los que se notificó en abril que se iba a proceder al despido. A partir de ahora, los artículos se encargarán a freelancers o serán redactados por los editores. Los recortes también eliminan el pequeño departamento de audio de la revista.

Estos despidos son los segundos que se producen en los últimos nueve meses y los cuartos desde que comenzaron los cambios de propiedad en 2015. En septiembre, la empresa destituyó a seis redactores principales en una reorganización extraordinaria de las operaciones editoriales de la revista.

El edificio de National Geographic en las calles 16 y M noroeste, en el centro de Washington (Foto: Bill O'Leary / The Washington Post)

El edificio de National Geographic en las calles 16 y M noroeste, en el centro de Washington (Foto: Bill O'Leary / The Washington Post)


El personal saliente dijo que la revista ha reducido los contratos que permitían a los fotógrafos pasar meses en el campo produciendo las imágenes icónicas de la publicación.

En una nueva medida de reducción de costos, los ejemplares de la famosa publicación impresa de color amarillo brillante dejarán de venderse en los quioscos de Estados Unidos a partir del año que viene, según anunció la empresa en un comunicado interno el mes pasado.

Craig Welch, redactor de National Geographic, se hizo eco del momento en un tuit el miércoles: “Acaba de llegar mi nuevo National Geographic, que incluye mi último reportaje, el decimosexto y el último como redactor jefe... He tenido mucha suerte. He podido trabajar con periodistas increíbles y contar historias importantes y globales. Ha sido un honor”.

La trayectoria actual de la revista lleva años gestándose, impulsada sobre todo por el declive de la prensa escrita y el auge de la información digital. En el mundo a la velocidad de la luz de los medios digitales, National Geographic ha seguido siendo un producto casi artesanal: una revista mensual cuyas fotos, gráficos y artículos eran a veces el resultado de meses de investigación y reportajes.


National Geographic sigue siendo una de las revistas más leídas de Estados Unido: a fines de 2022, contaba con 1,8 millones de suscriptores.

En su mejor momento, a finales de los años 80, National Geographic llegó a tener 12 millones de suscriptores en Estados Unidos y millones más en el extranjero. Muchos de sus devotos saboreaban tanto su iluminación de otros mundos –el espacio, las profundidades del océano, partes poco vistas del planeta– que apilaban los números antiguos en pilas que abarrotaban desvanes y sótanos.

Sigue siendo una de las revistas más leídas de Estados Unidos, en una época en la que las revistas ya no se leen tanto. A fines de 2022, contaba con algo menos de 1,8 millones de suscriptores, según la prestigiosa Alliance for Audited Media.

National Geographic fue lanzada por la National Geographic Society de Washington, una fundación formada por 33 académicos, científicos y aventureros en ciernes, entre ellos Alexander Graham Bell. Al principio, la revista se vendía al público como una ventaja por asociarse. Se convirtió en una publicación independiente de forma lenta pero constante, hasta alcanzar el millón de suscriptores en la década de 1930.

Con el tiempo, la revista fue superada en beneficios y atención por los medios audiovisuales, incluido su canal de cable insignia National Geographic y Nat Geo Wild, un canal centrado en los animales. Aunque producían documentales de igual calidad que los rigurosos reportajes de la revista, los canales –gestionados por 21st Century Fox, de Rupert Murdoch– también emitían programas de entretenimiento pseudocientífico sobre ovnis y series de telerrealidad como Tiburones contra atunes, contrarias a la visión original de la sociedad.

El lugar de honor de la revista continuó debilitándose a través de una serie de reorganizaciones corporativas que comenzaron en 2015 cuando la sociedad acordó formar una asociación con fines de lucro con 21st Century Fox, que tomó el control mayoritario a cambio de 725 millones de dólares. La sociedad pasó a depender de Disney en 2019 como parte de un acuerdo masivo de 71.000 millones de dólares entre Fox y Disney.


A finales de los años 80, National Geographic llegó a tener 12 millones de suscriptores en Estados Unidos y millones más en el extranjero.

Entre los que perdieron su trabajo en el último despido se encuentra Debra Adams Simmons, que apenas en septiembre pasado fue ascendida a vicepresidenta de diversidad, equidad e inclusión en National Geographic Media, la entidad que supervisa la revista y el sitio web.

En aquel momento, David Miller, vicepresidente ejecutivo de National Geographic Media, dijo que la revista estaba “realineando departamentos clave para ayudar a profundizar en el compromiso con nuestros lectores, al tiempo que alimentamos los modelos de negocio existentes y desarrollamos nuevas líneas de ingresos”.

En un correo electrónico enviado el miércoles, el portavoz de National Geographic, Chris Albert, dijo que los cambios de personal no afectarán a los planes de la compañía de seguir publicando una revista mensual “sino que nos darán más flexibilidad para contar diferentes historias y conocer a nuestro público donde se encuentre a través de nuestras muchas plataformas”.

FUENTE


Tres esculturas de Benjamín Víctor

"El despertar del amanecer", "Betsabé" y "La dama de Shalott", de Benjamín Víctor


Dicen que la piedra nunca cobra vida, pero los maestros de su arte han demostrado lo contrario en varias ocasiones: en sus hábiles manos surgen obras maestras que parecen estar vivas a simple vista, listas para cobrar vida en cualquier momento. La escultura tiene la ventaja, en comparación con la pintura, de permitirnos explorarla desde distintos ángulos, descubriendo así una "nueva obra" en cada perspectiva.


Benjamín Matthew Victor es un escultor y artista estadounidense nacido en 1979 en Bakersfield, California. Actualmente, ejerce como profesor en la Universidad Estatal de Boise y es el único artista vivo con dos obras en el National Statuary Hall en el Capitolio de los Estados Unidos. Entre las obras destacadas de este talentoso escultor contemporáneo se encuentran "El Despertar del Amanecer" (2013), "Betsabé" (la mujer que inflamó el deseo del rey).




"El Despertar del Amanecer"


Caminos alternos (El año de "1984")

 

"La Tierra, gota de luz azul en el universo infinito". Viajar a través del tiempo puede ser una experiencia extraordinaria.

                                

Este año lo dedicaremos (entre otras muchas cosas) a publicar las mejores historias de la revista "1984". Retocadas página por página; como recién salidas de la imprenta.









Historia publicada en el revista "1984".


Cautivas de América del sur (1)

"Mapuche y cautiva", pintura de L. Ragers

El tema del cautiverio, y en particular de las cautivas, ha generado a lo largo de la historia diferentes manifestaciones que abarcan entre otras cosas, la narrativa, la pintura y la escultura. El rapto, la separación violenta de su círculo familiar, la obligación forzada a la práctica sexual, la incorporación a la fuerza de trabajo del grupo agresor forman parte de lo que caracteriza este fenómeno.


En esta primera entrega se tratará a las mujeres cautivas por los mapuches o ranqueles en el sur de la Pampa argentina desde el siglo XVI al XIX. En ambos casos se trata de mujeres que vivieron las consecuencias de las contradicciones entre los distintos proyectos de Estado-Nación decimonónicos y los indios mencionados, quienes luchaban contra el exterminio de sus formas ancestrales de vida que tales programas políticos representaban.


"La Cautiva", retratada en 1880 por el pintor uruguayo Juan Manuel Blanes. 



Historias de cautivos en tiempos de lucha fronteriza

En la historia de la guerra contra el aborigen hubo pocas experiencias más dramáticas que la de los cautivos. La escena se repitió casi sin variantes durante los siglos de lucha fronteriza.
Después de cada malón, los indios se llevaban consigo no sólo los ganados de las estancias, sino también un grupo de hombres y mujeres para los cuales comenzaba una nueva vida: una vida entre sus captores, allá, en las lejanas tolderías de "tierra dentro".
Capataces de estancia, arrieros, viajeros que se aventuraban por caminos peligrosos, esclavos, negros y mujeres de toda condición, indios santiagueños conchabados como peones en los campos de la frontera...
La lista de los sectores que aportaron cautivos a la sociedad indígena era más amplia de lo que podría creerse y no todos fueron blancos, como se ve, aunque los araucanos los preferían de tez pálida y ojos azules, especialmente si eran mujeres.


El rapto de la cautiva, de Mauricio Rugendas.

La vida entre los aborígenes

¿Qué tareas realizaban los cautivos en las tolderías? Lucio V. Mansilla las sintetizó muy bien en su célebre "Excursión a los indios ranqueles": debían lavar, cocinar, cortar leña con las manos, hacer corrales, domar potros, cuidar los ganados y servir "de instrumentos para los placeres brutales de la concupiscencia".
Pero, además, los cautivos cumplían otras funciones en la sociedad indígena. Eran ante todo objeto de comercio intertribal. Había, en efecto, intercambio entre las distintas etnias aborígenes. También eran empleados como baqueanos y mensajeros.
Otras veces jugaban un papel importante en la diplomacia india, pues los enviaban a rescatar como signo de buena voluntad y prólogo de las paces que firmaban, de tanto en tanto, con la sociedad hispanocriolla.
El rescate de cautivos fue una liturgia central en la historia de las relaciones fronterizas. Para los cristianos era el momento dramático en que recuperaban a sus seres queridos. Para los indios era un negocio: a cambio de una serie de bienes y productos se avenían a devolver al cautivo a su sociedad de origen.
Así, en 1779, por el rescate de una cautiva, los blancos entregaron a los indios tres mantas de una bayeta, sombreros, lomillos, estribos, espuelas, un pellón de sal, tres ponchos, cinco caballos y cincuenta yeguas.
En algunas tribus, los cautivos formaban verdaderas comunidades y podían así conservar su lengua y su identidad. Además, difundían entre los aborígenes algunos rasgos de la cultura hispanocriolla.
Las cautivas, especialmente, introdujeron en la cocina indígena comidas de origen criollo. En los toldos ranquelinos, Mansilla fue invitado a comer unos pastelitos preparados por una de ellas.
Rara vez eran llevados los cautivos a los malones. Frente al riesgo de la fuga o la deserción, la mayoría quedaba en la toldería.
Obra de Mauricio Rugendas

Todo intento de escape era severamente castigado; peor para los hombres. A pesar de ello, era frecuente que, ante la menor oportunidad, los prisioneros buscaran liberarse.
El camino hacia la frontera era duro y solitario, debían soportar hambre y sed. Para sobrevivir, los cautivos fugitivos comían peludos o huevos de avestruz y juntaban el agua llovida en la carona de su recado para aplacar la necesidad de líquido.
No faltó cautivo que, para no morir deshidratado, mojara su poncho en los pastos humedecidos por el rocío y luego lo chupara desesperadamente con sus labios resecos.
Una vez en la frontera y reintegrado a la sociedad de origen, el ex cautivo encontraba rápidamente una salida laboral: era contratado como lenguaraz -una especie de traductor de la lengua de los aborígenes- o como baquiano.
Blas de Pedroza, que permaneció cautivo entre los indios del cacique Anteman, no tuvo mejor idea, a principios del siglo XIX, que abrir un hotel para indios en plena ciudad de Buenos Aires y ofrecer a las autoridades el servicio de espionaje a cambio de recibir el favor oficial.


Fidelidad al hogar

El destino de la mujer cautiva fue muy distinto. Convertidas en esposas o concubinas de los indios, formaron familia en los toldos. Los vínculos afectivos arraigaron a muchas de ellas en la pampa, por lo que ya no quisieron volver.
Regresar, ¿para qué?, ¿para ser despreciadas por haber vivido y procreado entre los indígenas, entre los bárbaros?
En La Cautiva, el poema de Echeverría, Brian no deja de despreciar el pasado de María, la cautiva de sus amores.

Grito de Asencio (detalle). Jorge Calasso. Óleo sobre tela, 1962.

Algunas de las mujeres que convivieron con los indios, a pesar de todo, retornaron a sus hogares. Sin embargo, con el tiempo, muchas optaron por desandar el camino y reencontrar la familia que habían abandonado.
Tal es el caso de Bernarda, a quien los indios "la llevaron pequeña y aunque después la rescataron sus parientes, con un hijo que ya tenía, se volvió a los mismos indios", señala un antiguo documento.
La vida de los cautivos refleja la complejidad y el dramatismo de la historia de nuestras relaciones fronterizas con los indios, una historia que, desde este punto de vista, recién está empezando a escribirse.


“La cautiva” (1837) de Esteban Echeverría

“La cautiva” (1837) de Esteban Echeverría narra la historia de un secuestro, un cautiverio y un retorno frustrado a la civilización, con la muerte trágica de sus protagonistas. María y Brián, una pareja de argentinos blancos, son capturados por los indios; logran escapar de sus captores, gracias al heroísmo de María, pero ambos terminan perdiendo la vida en la pampa. En esta historia afloran ciertas ansiedades de la ciudad letrada ante las amenazas del desierto; concretamente, en las estrategias representacionales empleadas para poner en escena la presencia india puede rastrearse un proyecto: la borradura de las trazas de orden y racionalidad que pudieran informar a los grupos indígenas, para así reducirlos simbólicamente a una existencia bárbara que debe ser corregida por el avance de la civilización. Por supuesto, la supresión de todo proyecto socio-político alternativo al que traen las élites letradas argentinas es la condición de posibilidad de un esfuerzo nacionalizador.    

"El regreso del malón", del pintor Juan Manuel Blanes. 
“El festín” es la segunda parte de “La cautiva”, en la cual se narra la fiesta celebrada por los indios después de que su incursión de pillaje y rapto ha sido conducida exitosamente. Se trata, precisamente, de la incursión en la que María y Brián han sido tomados cautivos. El ritual del festín, que se escenifica después de una victoria bélica, es la celebración del bando ganador después de haber conquistado un objetivo militar que le ha suministrado valiosos despojos de guerra: “Feliz la maloca ha sido, / rica y de estima la presa / que arrebató a los cristianos” (II, 29-31). La primera estrategia representacional de la otredad que vemos aquí reside en la descripción del espacio. El campamento indígena, descrito en la oscuridad de la noche y a la luz de unas hogueras, posee un carácter infernal. El tropo de la estetización adquiere aquí un cariz gótico: “parecen del abismo / précito, inmunda ralea / entregada al torpe gozo / de sabática fiesta (II, 135-138).


Por otra parte, la representación del grupo de indígenas congregados también es destacable. No se trata de un conjunto humano organizado por normas -en otras palabras, de una sociedad civil-, sino más bien de una turba desordenada, violenta y tumultuosa, en la cual no existe una policía; ni siquiera existen individuos. El principio dominante es una barbarie colectiva, un desenfreno bestial, que borra la singularidad de los participantes, así como también las regulaciones de la vida política. La falta de racionalidad en el ejercicio de la violencia se percibe en el hecho de que, en determinado punto, los indios descontrolados, iracundos, empiezan a atacarse entre sí, actualizando de esta manera una violencia endogámica contra su propia tribu que revela una falta absoluta de orden. Paradójicamente, durante la maloca, los indios se habían comportado como un ejército organizado con fines estratégicos definidos.

El estereotipo del indígena ebrio también encuentra lugar, ya que los participantes se entregan a un consumo exagerado de licor que los bestializa y barbariza. Además de ello, hay un eco de “El matadero” en toda esta segunda parte, porque una de las actividades de los indios es trizar las carnes de los animales arrebatados a los cristianos para consumirla en un banquete maldito, que asume grotescos tintes vampíricos: “como sedientes vampiros / sorben, chupan, saborean” (II, 73-75). En este sentido, puede hablarse de una estrategia de deshumanización que representa un paso incluso más radical que el de la des-socialización (una forma de naturalización que implica borrar el ser social de un grupo humano).


En general, también podría hablarse de un tratamiento idealista-subjetivo de la naturaleza, dentro de una línea romántica convencional. Como se sabe, el romanticismo argentino creó un “sentimiento de la tierra” que fue una de las bases identitarias de la nación-estado en Argentina. En el caso de este poema, el escenario natural de la pampa nocturna parece fundirse con el salvajismo del rito indígena y ofrecerse como un decorado infernal, sacudido por la violencia de los elementos. No está ausente, sin embargo, cierta admiración por la fuerza descomunal de la tierra. Esta ferocidad de la naturaleza será la que acompañe la frustrada huida de Brian y María, bajo la forma de un incendio, de un caudaloso arroyo y del ataque de un puma.

"El regreso de la cautiva", 1845 .

Juan Mauricio Rugendas fue el gran ilustrador del Nuevo Continente.


Este artista romántico que recorrió América con intervalos entre 1821 y 1847, se propuso hacer un álbum de escenas americanas, pintorescas e instructivas en cuanto a la vegetación, el paisaje, la formación de montañas, nubes, habitantes, trajes y costumbres, retratos, monumentos, escenas históricas, fauna, etc. Su obra, que comprendió más de 700 óleos, 200 acuarelas y 4.500 dibujos, fue en el plano artístico el correlato de Alexander von Humboldt en relación con las ciencias.

Rugendas estudió pintura en la Academia de Munich.

En 1821 fue contratado por el barón von Langsdorff para participar como dibujante de una expedición al Brasil. Tomó numerosos apuntes sobre el trabajo y la vida de los esclavos en la hacienda que el Barón poseía al norte de la Bahía de Guanabara, y luego en Ouro Preto. A principios de 1824 se separó de esta expedición y se dirigió al sur de Brasil. 
Al volver a Europa en mayo de 1825 se radicó en París y publicó un bellísimo álbum litográfico titulado Voyage pittoresque au Bresil. 
Pero su intención seguía siendo conocer América. De 1831 a 1834 recorrió México del Atlántico al Pacífico, y luego pasó a Chile, país en el que residió hasta 1845, alternando con viajes a Perú y Bolivia. En esa fecha dejó Chile, viajó por mar hasta Montevideo y pasó a Buenos Aires, siempre dibujando y pintando. Estuvo luego un año y medio en Brasil y volvió a Europa en 1847. 
El regreso de la cautiva, cuadro inconcluso pintado en 1845 en Buenos Aires, tiene una agitación compositiva netamente romántica y testimonia el interés que tuvo Rugendas por la pintura de "malones" desde que supo en Chile de los raptos de mujeres que hacían los araucanos. En mayo de 1838 Rugendas estaba en Mendoza preparándose para volver a Santiago cuando llegó la noticia de un asalto de los indios pehuenches a un puesto de correos. Rugendas se entrevistó con los indios y armó posteriormente un álbum con 24 dibujos sobre el tema del malón, que de ahí en adelante ofreció como modelos de cuadros al óleo a su clientela. El regreso de la cautiva se basó en el dibujo número 24 del álbum que llevaba el título Retour, y posiblemente no lo pintó por encargo, ya que lo conservó y lo llevó consigo a Augsburgo.
Añadamos a esto que en su estadía en el Río de la Plata, Rugendas conoció a Esteban Echeverría, autor de La cautiva, la obra más atrayente tal vez de la generación romántica del 37, que lo invitó a volver obsesivamente sobre este tema. Rugendas, que terminó siendo pintor de la corte de los reyes Luis I y Maximiliano II, murió en 1858.