Reconozco que la primera vez que vi las ilustraciones de Jorge Pérez del Castillo en la revista Mampato (1971) no me gustaron mucho. Eran tan laxas, simples y sintéticas que a mí -acostumbrado al detalle realista- me daba la impresión de estar más ante un boceto que ante un dibujo debidamente acabado. Pues bien, estaba muy equivocado, este artista fue el más grande y original de los ilustradores del siglo XX en Latinoamérica.
Jorge Pérez del Castillo nació en 1923 en la localidad chilena de Chillán, aunque posteriormente se trasladó junto a su familia a la capital, Santiago. Influenciado por el ambiente familiar (sus padres eran artistas trashumantes de origen andaluz) abrazó con dedicación el dibujo, disciplina en la que no realizó ningún estudio regular. Luego de desempeñar distintos oficios, en 1943 comienza a colaborar en la revista infantil El Cabrito.
Las escasas perspectivas que le ofrecía su país natal lo decidieron a trasladarse a la Argentina donde su compatriota Raúl Manteola (retratista de gran fama que por entonces realizaba las portadas de la revista Para Ti) lo recomendó a Ramón Columba, gestión que le permite a partir de 1944 comenzar a colaborar en El Tony y un año después en Intervalo, revista a la cual estuvo dedicada la mayor parte de su producción a lo largo de un cuarto de siglo. Paradójicamente, la serie que lo hace conocido en Argentina, y que constituye un punto de referencia de su carrera, no la realizó en Columba sino durante su fugaz paso por Patoruzito, donde sobre guiones de Leonardo Wadel (que lo recuerda como alguien “flaco, bajo, pálido, simpático” y lo llama “el chilenito de la mágica pluma”) dibujó “Conspiración en Venecia”, logrando con su dibujo captar fielmente el espíritu del argumento.
En 1948, animó a su hermano menor Arturo (nacido en 1925) a trasladarse a Argentina, comenzando así una carrera que haría a este conocido y reconocido internacionalmente, sobre todo por sus dibujos de temas del Oeste.














