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martes, 12 de agosto de 2025
Djinn (13) Kim Nelson
lunes, 11 de agosto de 2025
Blackbeard (2) La leyenda del Rey Pirata
Barbarroja: El demonio del Caribe
El origen de la rueda y el error histórico de los humoristas gráficos
La niña de Altamira
La Cueva de Altamira fue descubierta en 1868 gracias a que el perro de un cazador se introdujo por una ranura entre las piedras que taponaban su entrada.
Desde entonces, un arqueólogo aficionado santanderino, Marcelino de Sautuola, la visitó repetidamente en busca de restos arqueológicos. Pero hasta el verano de 1879 no encontró las pinturas rupestres en su interior. En esta fecha, la hija pequeña de Sautuola, María, que le acompañaba en una de sus frecuentes visitas a la cueva, ante la sorpresa de su padre, dio casualmente con la sala donde están las pinturas. Sautuola, una vez que comprendió la importancia del hallazgo, lo dio a conocer mediante un breve informe publicado al año siguiente (1880). Sin embargo, la comunidad científica internacional no concedió ningún crédito a su hallazgo, hasta que, al descubrirse dos décadas después otras cuevas con pinturas rupestres de similar calidad en parajes franceses, volvió a la actualidad el descubrimiento de Sautuola (que había muerto en 1888) y se aceptó finalmente que las maravillosas pinturas de Altamira no eran una falsificación, como se había pensado en principio.
María Sanz de Sautuola (Santander, 1871 - Santander, 1946) pasó a la historia un día de verano de 1879, cuando se convirtió en la primera persona en contemplar las pinturas de Altamira desde que la entrada de la cueva se derrumbó hace 13.000 años.
Aladino (y toda la obra de Chiqui de la Fuente)
domingo, 10 de agosto de 2025
Blackbeard (1) La leyenda del Rey Pirata
Ellas visten de una sola pieza (Nuevas imágenes)
Stephen Bauman: Retratos al atardecer
Stephen Baumann nos ofrece una propuesta figurativa muy interesante. Sus retratos tienen una ambientación atmosférica muy peculiar. Me gusta su propuesta.
El fantasma del castillo y el fantasma del espejo
La popularidad de las historias de fantasmas ha experimentado un declive notable en las últimas décadas. Este fenómeno puede atribuirse a una combinación de factores culturales y tecnológicos.
En primer lugar, el auge del escepticismo científico ha erosionado la credibilidad de lo paranormal. La sociedad moderna, cada vez más informada y racionalista, tiende a buscar explicaciones lógicas y empíricas a los fenómenos inexplicables, relegando las narrativas sobrenaturales al ámbito del entretenimiento.
En segundo lugar, el exceso de información y la sobreexposición a contenidos audiovisuales han generado una saturación en el público. Las historias de fantasmas, otrora novedosas y aterradoras, se han vuelto predecibles y repetitivas, perdiendo su capacidad de sorprender y cautivar.
Finalmente, la evolución de los gustos y preferencias del público ha desplazado el interés hacia otros géneros narrativos. La ciencia ficción, el thriller psicológico y el horror más visceral han ganado terreno, ofreciendo nuevas formas de explorar los miedos y ansiedades humanas.
La disminución en la popularidad de las historias de fantasmas refleja un cambio en la cosmovisión de la sociedad, un aumento en la exigencia del público y una diversificación de las opciones de entretenimiento. Si bien es improbable que desaparezcan por completo, su papel en la cultura popular se ha visto considerablemente reducido.































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