Este conjunto de epitafios, que a primera vista podría parecer una mera enumeración de nombres y breves descripciones, encierra en su concisión una profunda reflexión sobre la existencia, la memoria y la trascendencia. Cada "Aquí yace" no solo marca el final de una vida, sino que también sella una narrativa poética, un intento de capturar la esencia de un ser en unas pocas palabras.
La riqueza de las imágenes es notable. Desde la delicadeza de "Carlota ojos marítimos" hasta la fuerza contenida en "Matías en su corazón dos escualos se batían", cada línea es un universo en miniatura. Los juegos de palabras, como en "Marcelo mar y cielo en el mismo violoncelo" o "Clarisa clara risa", no son meros artificios, sino que revelan la intimidad entre el nombre y el destino, entre la identidad y la percepción.
La muerte se presenta no como un fin absoluto, sino como una transformación. Susana, "cansada de pelear contra el olvido", encuentra en el epitafio una forma de permanencia. Teresa, cuya tierra araron sus ojos, ahora la ocupa con su cuerpo, en una fusión simbólica con la naturaleza. Angélica está "anclada en el puerto de sus brazos", sugiriendo un reposo definitivo, pero también una conexión inquebrantable.
La poética de estos epitafios se extiende a la metapoesía en el caso de Altazor, el "azor fulminado por la altura", una clara alusión al poeta Huidobro, y Vicente, "antipoeta y mago", que remite a Nicanor Parra (el que tenía solo 14 años). Estas referencias no solo honran a los creadores, sino que también elevan el propio ejercicio de la escritura a un plano de inmortalidad, donde las palabras continúan resonando más allá de la vida de sus artífices.
En suma, estos epitafios trascienden su función conmemorativa para convertirse en pequeñas obras de arte literario. Son cápsulas del tiempo que, con una economía de lenguaje asombrosa, logran evocar la complejidad de la experiencia humana, la lucha contra el olvido y la perenne búsqueda de significado, incluso en el silencio de la tumba.
Aquí yace Carlota ojos marítimos
Se le rompió un satélite
Aquí yace Matías en su corazón dos escualos se
batían
Aquí yace Marcelo mar y cielo en el mismo vio-
loncelo
Aquí yace Susana cansada de pelear contra el
olvido
Aquí yace Teresa ésa es la tierra que araron sus
ojos hoy ocupada por su cuerpo
Aquí yace Angélica anclada en el puerto de sus
brazos
Aquí yace Rosario río de rosas hasta el infinito
Aquí yace Raimundo raíces del mundo son sus
venas
Aquí yace Clarisa clara risa enclaustrado en la
luz
Aquí yace Alejandro antro alejado ala adentro
Aquí yace Gabriela rotos los diques sube en las
savias hasta el sueño esperando la resurrección
Aquí yace Altazor azor fulminado por la altura
Aquí yace Vicente antipoeta y mago.












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