En el silencio que impera en la noche, contemplo la gradual extinción del fuego. La jornada ha sido ardua, en consonancia con la rutina diaria. A través de la vasta abertura de la caverna, se manifiesta la inmensidad de la bóveda celeste, salpicada de estrellas. Mis compañeros reposan en torno a la hoguera, que consume sus últimos vestigios de leña. El fuego, fuente de beneficios, nos brinda calor, protección ante los depredadores, y permite la cocción de nuestros alimentos. Además, si se observa con atención, sus llamas revelan formas que evocan espíritus danzantes en un frenesí.
Por Rubén Reveco - Editor
Tiempo atrás, había hecho tres descubrimientos importantes en un solo día: 1) Figuras extrañas aparecían en la pared de la cueva y desaparecían junto al fuego. 2) Esas sombras parecían tener forma humana. 3) Cuando se movían, las sombras también lo hacían. Fue un día significativo y toda la tribu se entretenía con sus sombras en la pared. Los niños habían inventado juegos simples con sus siluetas. Aunque no entendían por qué sucedía. No hacían conexiones, no deducían aún y pasaría mucho tiempo antes de que se relacionara la luz, el objeto y la sombra, y el enigma finalmente se resolviera.










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