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lunes, 10 de julio de 2023

David Palumbo: El arte del siglo XXI

El estadounidense David Palumbo (1982) es ilustrador profesional y artista plástico. Como ilustrador, trabaja principalmente en el género de la fantasía y la ciencia ficción.

David Palumbo es un artista conocido por su ilustración de género oscuro y desnudos. Ha recibido numerosos premios por su trabajo y ha mostrado sus pinturas en galerías desde Nueva York hasta París.
Nació en 1982 en Marquette, Michigan.
Cuando eran niños, Palumbo y su hermano mayor Anthony conocieron las artes visuales a través de los libros de ciencia ficción y cómics que disfrutaba su padre, así como las clases de dibujo que tomaba su madre. 
Asistió a la Academia de Bellas Artes de Pensilvania (PAFA) en la cercana Filadelfia después de graduarse de la escuela secundaria en Allentown en 2000. Con una matrícula selectiva de aproximadamente 250 estudiantes y un registro histórico que se remonta a 1804, PAFA ofreció una educación basada en los preceptos clásicos que estaban en el corazón de la formación en artes visuales en Europa a partir de la Italia del Renacimiento. Mirando hacia atrás, Palumbo señala que sus años en PAFA le proporcionaron una base sólida para la pintura realista y de figuras humana.



















El artista

Demasiado humano

                                                                               
Historias breves dibujadas y escritas por españoles. Xavier Musquera es uno de los exponentes más interesantes en el mundo del cómics e ilustración.
                                                                               

Xavier Musquera

Xavier Musquera publicó sus primeras ilustraciones a la edad de dieciséis años. Dibujó sus primeros tebeos para sellos como Toray y Ferma, sobre todo historietas de wéstern o bélicas. Luego, participó como ilustrador en la revista Terror Fantastic (realizó la portada a todo color del número 15, de diciembre de 1972) y también colaboró con algunas ilustraciones interiores . Otras portadas que hizo fueron las realizadas para la colección Terror y Espanto de Ediciones Dronte. Para la revista Cimoc dibujó varias historietas.
Después de este rodaje como dibujante comenzó a producir material para el Reino Unido a través de agencia, para el sello D C Thomson concretamente. También dibujó para Italia, para el grupo Mondadori, y para Francia: en 1974 creó la serie Le Vicomte para el tebeo para adultos de Arédit titulado La Louve de Sainte-Aube. A partir de esta última participación, Musquera se especializó en cómics para adultos de carácter sicalíptico o erótico, usando por lo común el seudónimo Chriss, hasta llegar a convertirse en un artista habitual para los editores de Elvifrance y Campus. Durante la década de los ochenta trabajó en este subgénero para varias colecciones (Dossier X, Série Jaune, Série Rouge y otras), siendo sus series más celebradas Angie y Miss Bondie, destinadas a la cabecera Bédé Adult (luego serían recogidas en álbumes por Création Art Press). En la década de los noventa, Musquera continuó trabajando para Création Art Press y también con Média 1000, además, realizó Tour du Monde en 80 Jours y Le Voyeur para Glénat en 1991 y 1996.
En paralelo a su actividad con este tipo de cómics, Musquera creó historietas de género histórico a principios de la década de los ochenta. Comenzó con una adaptación al cómic del Antiguo Testamento para Hachette, seguida de cómics para la colección Larousse, como Les Grandes Batailles de l'Histoire. También colaboró con guionistas francobelgas, como Stephen Desberg (Envahisseurs sur Janus, Deligne, 1981), AP Duchâteau (Peggy Press, Deligne, 1984) y Jean Dufaux (Melly Brown en Tintin , 1984-87 y Lucius). Además, produjo Omega para Deligne (1982) y Persée para Glénat (1984). Con posterioridad, colaboró con Duchâteau en 1989, con tres adaptaciones de Monsieur Wens, de Stanislas-André Steeman.
Después de muchos años trabajando en Bruselas, regresó a España donde continuó su producción de cómics para adultos para Cartoon Cómics. Sus últimos trabajos aparecieron en 2009 en la revista Enigmas.
Musquera también trabajó como ilustrador publicitario y llegó a escribir algunos libros sobre ciencias ocultas: Ocultismo medieval, Cátaros, El Secreto del pergamino, Asturias mágica o El despertar del hombre, entre otros. (Fuente)










El artista

Historia publicada en la revista Cimoc N° 4


La rueda (Machete educa y entretiene)

 


Excelente material educativo ilustrado por artistas plásticos.

                                                                                        

La rueda es un elemento circular y mecánico que gira alrededor de un eje.
Es uno de los inventos fundamentales en la Historia de la humanidad, por su gran utilidad en la elaboración de alfarería, y también en el transporte terrestre, como componente fundamental de máquinas. El conocimiento de su origen se pierde en el tiempo, pues nadie sabe quién la inventó​ y sus múltiples usos han sido esenciales en el desarrollo del progreso humano: como por ejemplo las primeras carreras impulsadas por caballos después siguiendo las máquinas de vapor.
                                                                                        

Fuente central Editorial Océano

CURIOSIDADES



El primer neumático comercial de la historia

Un día de 1887, el inventor y veterinario escocés afincado en Irlanda John Boyd Dunlop (1840-1921) oyó quejarse una vez más a su hijo de nueve años del molesto traqueteo de su triciclo, equipado con ruedas con bandas macizas de goma, al rodar por las calles de su ciudad. Interesado por el comentario de su hijo, Dunlop se propuso acabar con este inconveniente, que resolvió finalmente inflando un tubo de caucho con una bomba de aire, sujetándolo con una llanta y protegiéndolo con unas tiras de lana. Así nació en 1888 el primer neumático comercial de la historia.



VER TAMBIÉN



Frank Kafka y la muñeca perdida (por viajera)

 

Ilustración de José Manuel Fernández Oli

                                                                                        

Un año antes de su muerte, Franz Kafka paseaba por el parque Steglitz, en Berlín, y encontró a una niña llorando porque había perdido su muñeca. Para consolar a la pequeña, el autor de La metamorfosis se inventó una peculiar historia: la muñeca no se había perdido, se había ido de viaje, y él tenía una carta que le llevaría al día siguiente al parque. Aquella noche Kafka escribió la primera de muchas cartas que, durante tres semanas, entregó a la niña puntualmente, narrando las peripecias de la extraordinaria muñeca desde todos los rincones del mundo.

                                                                                        

Kafka sostuvo esta ilusión durante tres semanas, entregando en su rol de “cartero de muñecas”, una carta distinta cada día, “enviada” desde Londres, París, desde los lugares más alejados de Berlín. Kafka las leía en voz alta. Hasta que llegó el final, inevitable. Pero la niña –y su tristeza por la pérdida– ya eran otras. Entonces Kafka decidió que la muñeca se casaría. “Tu misma comprenderás que en el futuro tendremos que renunciar a volver a vernos”, le escribe la muñeca –Kafka– a la niña.

- “Por favor no me llores, he salido de viaje para ver el mundo. Te voy a escribir sobre mis aventuras ...“

Cuando él y la niña se reunían, él le leía estas cartas cuidadosamente compuestas de aventuras imaginarias sobre la querida muñeca . La niña fue consolada. Cuando las reuniones llegaron a su fin, Kafka le regaló una muñeca. Ella obviamente se veía diferente de la muñeca original. Una carta adjunta explicó:

-"Mis viajes me han cambiado …"

Muchos años más tarde, la chica ahora crecida, encontró una carta metida en una grieta desapercibida dentro de la muñeca . En resumen, decía:

"Cada cosa que amas, es muy probable que la pierdas, pero al final, el amor volverá de una forma diferente".

Franz Kafka




Detrás de las anécdotas

Una de las cosas que muchos objetan es que en realidad nunca ocurrió esa historia, sino que se trató de uno de los delirios del autor; me pregunto ¿es realmente importante dilucidar si es ficción o realidad?

Lo que en verdad debería importarnos es que la belleza encerrada en este encuentro permite ver la increíble humanidad de Kafka quien, ante la posibilidad de que una niña desconocida se sintiera desamparada a causa de sufrir una pérdida, dedicó muchas de sus energías a darle un motivo por seguir creyendo en la ilusión y reparar ese daño. El mejor aprendizaje para esa jovencita haya sido posiblemente el conseguir poner en palabras la ausencia de ese ser querido, el juguete perdido.

Según lo ha contado Dora Diamant, Kafka se tomó esa actividad como un trabajo cualquiera, tan esencial como cualquiera de los otros, porque consideraba que esa niña había aparecido por algo en su vida y que su misión era preservarla de la decepción costase lo que costase.

Y por eso se abocó a esa tarea, para que la mentira de la ausencia de la muñeca, de la que desconocía el verdadero paradero, se convirtiera en una verdad a través de la ficción y le diera una nueva forma a la criatura para amortiguar las pérdidas. 


Juguetes ¿necesarios para entender la ficción o la realidad?

La relación que se establece entre un niño y su juguete es algo inexplicable; se crea un lazo tan profundo que poco tiene que ver con la valía económica del mismo. Ese objeto permite unir la realidad con el mundo mágico y que el niño establezca ciertos parámetros que delimiten su propio universo.

Según cuenta César Aira en uno de sus artículos publicados en El País en el año 2004, cierta vez mientras estaba en el aeropuerto escuchó llorar a los gritos a una niña. Los policías que realizaban el control le habían quitado el juguete para inspeccionarlo, a fin de comprobar que no estuviera siendo utilizado para contrabandear nada. La mujer que iba con la pequeña intentaba tranquilizarla diciéndole: "Te juro que no le hicieron nada, te lo juro"…

Aira expresa fascinado que el contrato que se establece entre una niña y su muñeca es semiótico, porque es una creación de sentido que se sostiene por esa tensión entre lo verosímil y la fantasía, y remata que no es casual que esta anécdota se corresponda con Kafka, siendo el más grande descubridor de signos de la vida moderna.

Por su parte Paul Auster describe esta anécdota como una historia maravillosa, donde el autor ha dado signos de la gran compasión que lo conformaba. Mientras que el editor Klaus Wagenbach se dirigió durante años al parque Steglitz en busca de la niña, recorrió el barrio, llamó a algunas puertas y habló con ciertos vecinos. Es, sin lugar a dudas, una historia que ha dado de qué hablar y que, en algunos casos ha obsesionado a quienes supieron de ella.

Esta anécdota en la vida Kafka es poco conocida, ni siquiera se menciona en la biografía del autor, excepto en aquella escrita por Ronald Hayman y publicada en 1981, y es posiblemente la más enternecedora y tierna historia que haya escuchado jamás donde se puede ver la pasión de un escritor por las letras y su intención de utilizar la ficción para entender la realidad.




El arte de volar (3)


                                                                               

Antonio Altarriba Lope saltó por la ventana de la residencia de ancianos de Lardero (La Rioja) en 2001... pero su vuelo no ha terminado. Aquel viejo anarquista, perdedor en la guerra y en la vida, sobrecoge aún hoy las almas de miles de personas: son los lectores de 'El arte de volar', novela gráfica escrita por su hijo Antonio Altarriba e ilustrada por Kim, Premio Nacional de Cómic en 2010. Metáfora visual, poesía, emoción, humor, tragedia, amor y guerra… todo cabe en esta obra maestra de la historieta española que, a cada nueva lectura, ofrece nuevos horizontes.
                                                                               

Es un libro que se eleva de la anécdota a la categoría sin esfuerzo aparente, un arte al alcance de pocos contadores de historias: desde lo anecdótico de una dramática y concreta experiencia personal y familiar, Kim y Altarriba acceden a lo categórico para contarnos que ahí podríamos estar todos, mejor dicho, que ahí estamos todos. O estuvimos. O estaremos. La técnica narrativa de Antonio Altarriba (Yo, asesino), estructurada en dos niveles de relato -los textos de apoyo y los propios bocadillos- fluye y conmociona obrando el milagro: arrobas de sentido poético, ausencia de estridencia y adorno. Los dibujos de Kim (Martínez el Facha) alternan el realismo descarnado como espejo irremediable de la Guerra Civil, con una vis simbólica y fantástica de lo más inquietante. El arte de volar. Aún duele su lectura. (Fuente)