
“El gran engaño de la Luna”: animales inteligentes y selenitas voladores en la primera gran fake news del periodismo moderno.
El 25 de agosto de 1835, el diario sensacionalista estadounidense New York Sun comenzó a publicar una serie de artículos sobre las supuestas observaciones de la Luna realizadas por uno de los astrónomos más prestigiosos de la época. Su tirada se quintuplicó en pocos días y los textos fueron reproducidos en todo el mundo. Cómo se elaboró una de las noticias falsas más exitosas de la historia y cómo descubrieron la maniobra de un periodista tan talentoso como inescrupuloso.
Por Daniel Cecchini
El engaño de la luna 1835
Es un mito de la historia de la radio que la noche del 30 de octubre de 1938, cuando Orson Welles leyó, con el formato de falso noticiero, una adaptación de la novela La Guerra de los Mundos de H.G. Wells millones de estadounidenses entraron en pánico creyendo que la Tierra estaba siendo invadida por los marcianos. En realidad, se trata de una fake news inventada por los diarios del día siguiente, que exageraron algunos casos aislados —que los hubo— para desacreditar a la radio, que en ese momento era su principal competidor en la difusión de noticias y el en reparto de la torta publicitaria. Sin embargo, aún se la repite como verdadera. Hay quienes creen, también, que esa falsa noticia propalada por la cadena CBS fue la primera de gran difusión que tuvo como protagonistas a supuestos extraterrestres. Eso tampoco es cierto, porque más de un siglo antes de que Welles anunciara el ataque de los marcianos contra los terráqueos, un diario estadounidense describió con lujo de detalles las supuestas observaciones hechas por un verdadero astrónomo con un poderoso telescopio enfocado en la Luna, donde encontró toda clase de seres vivos, desde castores que caminaban sobre dos patas hasta hombres murciélagos. En este caso, sí, se lo creyó casi todo el mundo y hoy se lo conoce como “El Gran Engaño de la Luna”.
“Afirmaremos de inmediato que, mediante un telescopio de vastas dimensiones y un principio completamente nuevo, el joven Herschel, en su observatorio del hemisferio sur, ya ha realizado los descubrimientos más extraordinarios en todos los planetas de nuestro sistema solar; ha obtenido una visión nítida de los objetos en la luna, totalmente igual a la que el ojo humano permite observar los objetos terrestres a una distancia de cien yardas y ha resuelto afirmativamente la cuestión de si este satélite está habitado y por qué tipo de seres”, comenzaba la nota firmada por el periodista y escritor británico Richard Adam Locke que fue publicada por el diario New York Sun el martes 25 de agosto de 1835.
Fue la primera de una serie de seis artículos sobre la vida en la Luna que dispararon de manera sideral las ventas del New York Sun, fundado dos años antes por el editor Benjamin Day.
Para 1833 el periódico más vendido de Estados Unidos era el Courier and Enquirer, con unos 4.500 ejemplares diarios a un costo de seis centavos de dólar. Para competir, Day lanzó ese mismo año su New York Sun, escrito en un estilo llano y cargado de noticias sensacionalistas, generalmente policiales, que los canillitas vendían en las calles a solo un centavo. Con un precio tan accesible no demoró en hacerle sombra a su rival, aunque sin sacarle demasiada ventaja. La lucha fue pareja hasta que la publicación de la serie dedicada a la vida en la Luna hizo que a fines de agosto de 1935 las ventas del New York Sun saltaran de un día para el otro a 15.000 ejemplares, una cifra monumental en una ciudad que por entonces tenía una población de unas 300.000 personas.

Una nota que desmiente la saga lunar del diario "New York Sun"
Selenitas de todos los pelajes
Al presentar su serie de artículos, el periodista Locke explicó que se basaban en un trabajo titulado “Grandes descubrimientos astronómicos”, escrito por el doctor Andrew Grant y publicado por la prestigiosa revista científica británica Edinburgh Journal of Science. El doctor Grant, abundaba Locke, era amigo y colaborador del famoso astrónomo Sir John Herschel, descubridor del planeta Urano, quien desde hacía un año se encontraba en Sudáfrica, más precisamente en Ciudad del Cabo, haciendo observaciones sobre la Luna con un telescopio lente de veinticuatro pies de diámetro y siete toneladas de peso, seis veces más grande que el mayor existente. Así, la credibilidad de los artículos de Locke se volvía indudable.
En la segunda nota, publicada el miércoles 26 de agosto, Locke describía algunos de los descubrimientos que había hecho Herschel en sus observaciones. Había visto flores rojas y manadas de animales parecidos a los bisontes y las cabras. También había divisado unas criaturas anfibias de forma esférica que vivían sobre las rocas de la superficie lunar.
En la entrega siguiente, la del jueves 27, el periodista del New York Sun se explayaba sobre los árboles y otros tipos de vegetación lunar y revelaba la existencia de una especie de animal superior a las cabras y bisontes que había descrito el día anterior. Se trataba de unos castores bípedos y evidentemente inteligentes, ya que vivían en cuevas, dominaban el arte del fuego. No solo eso: “Llevan a los niños en brazos como cualquier humano, y sus chozas están mejor construidas y son más altas que las de muchas tribus de humanos salvajes”, contaba. La nota estaba acompañada de dibujos de esos castores y de sus cuevas con chimeneas.





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