La caída, un acto intrínseco a la existencia, es explorada en el poema con una profundidad que trasciende la mera descripción física. No se trata solo de un movimiento descendente, sino de una inmersión en la esencia misma del ser y del universo. La invitación a "caer eternamente" y "al fondo del infinito" no es un llamado a la aniquilación, sino a una exploración sin límites, a un abandono de las convenciones espaciales y temporales.
La caída se convierte en un viaje introspectivo, una exploración de "lo más bajo que se pueda caer", un encuentro con el propio abismo interior. La ausencia de vértigo sugiere una aceptación radical de esta inmersión, una valentía para enfrentar las profundidades del alma. Es una travesía a través de "todas las almas de todos los anhelos y todos los naufragios", una conexión con la experiencia humana en su totalidad, tanto en sus glorias como en sus fracasos.
El acto de caer se transforma en un fuego purificador, quemando "los astros y los mares", los ojos y los corazones, el viento y la noche. Este fuego no destruye, sino que transmuta, dejando una marca indeleble en todo lo que toca. La caída se ramifica en diversas formas: la inocencia de la infancia, la sabiduría de la vejez, la expresión de las lágrimas y la alegría de las risas. Es una melodía que resuena en el universo, un eco de la existencia misma.
La inversión de la caída, de cabeza a pies y de pies a cabeza, y del mar a la fuente, evoca un ciclo perpetuo, una interconexión de opuestos que se disuelven en el "último abismo de silencio". Este silencio final no es vacío, sino plenitud, el punto de origen y de destino. La imagen del barco que se hunde, apagando sus luces, cierra el poema con una nota de melancolía serena, sugiriendo que la caída, en su forma más profunda, es una disolución consciente, un retorno a la fuente primordial, un abrazo al misterio del ser.
Cae
Cae eternamente
Cae al fondo del infinito
Cae al fondo del tiempo
Cae al fondo de ti mismo
Cae lo más bajo que se pueda caer
Cae sin vértigo
A través de todos los espacios y todas las edades
A través de todas las almas de todos los anhelos y
todos los naufragios
Cae y quema al pasar los astros y los mares
Quema los ojos que te miran y los corazones que
te aguardan
Quema el viento con tu voz
El viento que se enreda en tu voz
Y la noche que tiene frío en su gruta de huesos
Cae en infancia
Cae en vejez
Cae en lágrimas
Cae en risas
Cae en música sobre el universo
Cae de tu cabeza a tus pies
Cae de tus pies a tu cabeza
Cae del mar a la fuente
Cae al último abismo de silencio
Como el barco que se hunde apagando sus luces
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