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viernes, 15 de marzo de 2024

Especial mes de la Mujer: Mary Beth Mckenzie

 Quienes pretendemos hacer arte figurativo y trabajamos con pigmentos muchas veces caemos en ciertas obsesiones. Cuando ponemos los colores (óleo, acrílico, látex, etc.) sobre un soporte (tela, madera, papel) queremos lograr superficies tan pulcras y lisas que no aceptamos que no hay sólo un tipo de realismo, si no que muchos.


Por Rubén Reveco, editor

Casi ningún artista renuncia a imitar a los grandes maestros del arte clásico y académico. Teniendo como libro de cabecera a “El tratado de la Pintura”, de Leonardo de Vinci, que nos dice que pintar bien un rostro o un cuerpo desnudo pasa necesariamente por lograr un acabado impecable, con bordes esfumados y una gama cromática acorde al tema.





Ahora bien, Mary Beth Mckenzie no se preocupa de esos detalles, y sin embargo, logra obras perfectas. Se ha dicho y escrito mucho que es una artista “extraordinariamente introvertida, una mujer que ha sabido reflejar en sus figuras, semblantes, en la ausencia de movimientos y en sus colores fríos la incomunicación, la dificultad a la hora de encontrar las palabras que nos saquen de nuestro mundo de terrores, de dolores y de soledad hacia el otro; siendo así que ni en los retratos amatorios las figuras tiendan a unirse corporalmente: siempre una frialdad de hielo parece acabar brutalmente con los sentimientos”.


No me parece. La verdad es que nada de eso interesa mucho. No veo en ella a una pintora expresionista. Es cierto que sus figuras no sonríen, están serias. Pero eso es muy común en la historia de la pintura. Son contados los retratos que ríen, un poco más los que sonríen. ¿Y por qué este reparo en mostrar los dientes? Simplemente porque la odontología casi siempre estuvo en pañales; sólo a partir del siglo XX el hombre se pudo reír a carcajadas, sin sentirse inhibido.
Me interesa más la forma que el contenido en la obra de Mckenzie. Sus pinturas dibujadas o sus dibujos pintados son frescas expresiones de belleza. Sabe dibujar, conoce muy bien su oficio y logra acabados sin pretensiones fotográficas. Un cuerpo es un cuerpo y se puede resolver con manchas, veladuras y líneas. Y así, también es hermoso.

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