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lunes, 9 de marzo de 2026

Juego de Tronos - Choque de Reyes (A Clash of Kings)

Tras los eventos de Juego de tronos, Westeros se ve envuelto en una guerra civil, mientras que Daenerys Targaryen, como heredera de la dinastía Targaryen, busca reclamar el Trono de Hierro. Arya, con la ayuda de Yoren, un hermano de la Guardia de la Noche, ha escapado de Desembarco del Rey, pero el camino hacia el Muro trae sus propios peligros.

Mientras tanto, Sansa asiste a un torneo el día del onomástico del sádico Rey Joffrey, y Bran, en Winterfell, sufre de extraños sueños con lobos...


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Precinto 56: Esta es la noche



El teniente Zero Galván nacido en Puerto Rico llega al Precinto 56 de Nueva York para encontrar al asesino de sus padres, pero al pasar el tiempo quedara atrapado en los casos policiales más salvajes.



Obra principalmente de Lito Fernandez y Ray Collins, Precinto 56 un historia policial que fue publicada originalmente en la revista Misterix, pero años después, pasó a Skorpio y luego fue publicada en formato Tomo aunque jamás fue completada, también fue publicada en Italia, España, Holanda y Brasil. Esta historieta nace para el mercado italiano por una petición de Hugo Pratt y presenta la mezcla de decepción, nostalgia y tristeza con la que trabajan a diario en el mundo Policial. Originalmente nació el personaje de  Zero Galván antes de ser teniente y luego el personaje pasa a formar parte de la serie Precinto 56. 
Este es un policial negro bien oscuro, un clásico de la historieta Argentina que nada tiene que envidiar a otras producciones, un homenaje al cine policial de los ´70 yanqui pero con toda la impronta barrial Argentina impresa por sus autores en la trágica vida de sus personajes. (F)




Un chicano en New York

Los buenos personajes de historieta siempre consiguen reencontrarse con sus lectores. Tal es el caso del célebre teniente Zero Galván, protagonista de la saga policial en cuestión, que surgiese de la prolífica imaginación del guionista y escritor Eugenio Zappietro -alias Ray Collins-, y al que diera vida por vez primera el gran José Muñoz allá por comienzos de la década del sesenta en las páginas de la recordada Misterix, de Editorial Yago. Claro que por entonces, el recio agente de la ley lucía acentuados rasgos anglosajones.
Habría que esperar hasta el primer número de Skorpio, con fecha de portada julio de 1974, para disfrutar de la interpretación gráfica definitiva del personaje, que acentúa sus raíces latinas, además del característico bigote, responsabilidad de Angel Alberto ‘Lito’ Fernández. Este fértil periodo se extendió hasta fines de 1981 y tuvo una suerte de breve spin-off hacia 1979 en Skorpio Extra, titulado Zero Galván a secas; instancia también escrita por su creador, que se prolongó por cinco capítulos, ilustrados por el rosarino Gustavo Trigo.
La última etapa seriada en revistas mensuales del investigador portorriqueño transcurre en Miami, tras aceptar un ofrecimiento de la DEA para colaborar en la desarticulación de una serie de carteles extranjeros que operan impunemente en el gran país del norte. Se extendió por apenas cuatro entregas, publicadas en la antología D’Artagnan, durante 1996 -ya en plena agonía del sello de la palomita-, que fueron dibujadas por la dupla artística conformada por Alfredo Flores y Andrés Páez.
Hay un retorno posterior que transcurre lejos de las viñetas, en el ámbito literario, donde la inoxidable pluma de su padre lo volvió protagonista de tres recomendables novelas negras: la homónima Precinto 56 (2011), de Ediciones La Llave, a la que siguieron Mi nombre es Zero Galván (2011) y Buenos Aires Hora Zero (2014), ambas publicadas por la editorial Del Nuevo Extremo. (F)


El harén en las artes plásticas (Nuevas imágenes)





Esta no es una historia de pintores ni pinturas. Esta es una historia sobre un tema casi recurrente en el siglo XIX y que aún mantiene su embrujo en el arte: Ser amo y señor de un harén con bellas mujeres al servicio de todas las necesidades, fantasías y caprichos.
¿Hoy, qué hombre puede negar el sueño de ocupar al menos por unos días el lugar de privilegio de estos señores para disfrutar de la belleza y encanto de jóvenes siempre dispuestas?


Eso es, al menos, lo que han representado los pintores en los últimos 200 años y sus imágenes muestran sólo el lado más amable de estos "nidos de amor". Pero un harén era una prisión donde se esclavizaba, torturaba y mutilaba. Sin embargo, la fantasía perdura y preferimos seguir viendo lo que nos muestra el arte, el que ha sabido ocultar el dolor para dejar de manifiesto sólo el placer, pero nunca el amor.


Revista Cimoc: Colección completa



Cimoc fue una revista de historietas, una de las principales abanderadas del denominado boom del cómic adulto en España de los años '80. Por las páginas de la revista desfilaron multitud de series nacionales, además de acoger a numerosos autores extranjeros como Druillet, Moebius, Enrique Breccia o Frank Miller. Sobrevivió hasta 1995 y actualmente designa al portal de venta digital de cómics de Norma Editorial.



Cimoc - Temporada 1 + Extras
Primera temporada de una de las revistas de comics españolas más recordadas centrada principalmente en el género de la ciencia ficción, fantasía y aventuras.
Esta primera temporada fue publicada inicialmente por San Román hasta el número cuarto y posteriormente por Riego Ediciones hasta su décimo y último número durante los años 1979 y 1980 momento en el que la revista quedo en manos de Norma Editorial, iniciando la segunda temporada.

2011-02-10 - Cimoc - Extras


El primer escultor olmeca

"Algo importante deben estar por hacer los olmecas". Un temblor estremeció todo su cuerpo: Sería el primer escultor de este lado ignorado del mundo. 


Introdujo sus manos en el barro y sintió la textura de la arcilla humedecida por la lluvia reciente. Había sido elegido y sentía esa gran responsabilidad sobre sus hombros. También estaban orgullosos sus hijos y su mujer. Todos cooperaban en la extracción de la arcilla que daría forma al rostro de la futura escultura.
Los sacerdotes y los gobernantes no dudaron que seria el artista más indicado para realizar aquella obra. Se lo habían comunicado personalmente: “Modelarás el rostro de nuestro gobernante. Para que después de su muerte quede en la memoria de su pueblo y para que sea admirado por los que vengan”.


Por Rubén Reveco - Editor

Introdujo sus dos manos en el barro. Sintió en su piel la suave textura de la arcilla humedecida por la reciente lluvia. En una mezcla de miedo y orgullo continuó extrayendo de la ladera de la montaña la tierra como para hacer un borrador de los que serían los primeros grandes monumentos de la América precolombina, situación que, desde luego, ignoraba.


Era un artista precavido. Se debía hacer un pequeño modelo de arcilla y definir los rasgos de la obra antes de empezar a trabajar en la enorme mole de piedra basalto, extraída desde la cordillera de Tuxla. El mismo se había atrevido a proponer el material para esculpir la obra. Debía ser la piedra que nacía en esa cordillera, pues no era ni tan pesada ni tan resistente a las primitivas herramientas de su pueblo.


Había estado tiempo atrás en el cerro Cintepec, en Tuxla, y conocía las cualidades de ese material. Pero, tenían un problema: cómo transportar un bloque que podía pesar más de veinte toneladas. Se organizó, entonces, una expedición. Al llegar, eligió el bloque que se debía cortar y fue transportado entre veinte fornidos guerreros. El viaje de regreso duró varios días por entre la selva y los ríos. Era una extraña procesión que llevaba una gran roca sobre sus hombros. “Algo importante deben estar por hacer los olmecas”, se decían los demás pueblos que veían pasar el cortejo.



Cuando el gobernante de entonces le preguntó qué obra podría hacer para perpetuar su paso por la Tierra, no dudó en proponer una gran cabeza. Pues por la cabeza, argumentaba, pasaban todas las decisiones que tomaba como gobernante. Decisiones que habían hecho de su pueblo el más importante de todo ese continente.


Es por eso que ahora, que estaba con las manos en la arcilla, sentía una enorme responsabilidad sobre sus hombros. En su taller, separaba pacientemente todas las impurezas que esta tenía, restos de madera y pequeñas piedras. Pensaba: ¿qué tipo de obra sería? El rostro debe ser severo, frontal, poco expresivo. Ningún sentimiento debe aflorar de esa mirada, excepto aquella actitud de abstracción que se adopta cuando se debe tomar una importante decisión.
Vendrán muchos gobernantes. Con ellos, muchos otros artistas, pero su obra deberá permanecer y servir de ejemplo a otros que quieran imitarlo. Cuando por fin dio por concluido su modelo de arcilla, lo miró detenidamente unos minutos. Era una obra simple y precisa. Los ojos, la nariz, la boca estaban casi delineados. 



Cuando iba con su obra camino al palacio para ponerla a consideración del gobernante y los sacerdotes, estaba tranquilo.
El gobernante se levantó de su trono, se acercó al artista que, en silencio, permanecía al lado del retrato, lo miró unos minutos y preguntó:
-¿Cuándo puedes empezar a esculpir en la piedra el rostro que me hará inmoral?
Sin esperar respuesta, preguntó nuevamente:
-¿Qué altura tendrá?
-La misma altura de su prestigio- contestó el escultor.



En 1862 en una de esas zonas llamada “Tres Zapotes” un ingeniero mexicano llamado José María Melgar descubrió la primera cabeza olmeca.




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