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jueves, 30 de abril de 2026

Ogú, enamorado



Un alegre y amistoso cavernícola de cuerpo peludo, siempre listo para comer, acompañar a Mampato en una aventura por el tiempo o simplemente para pelearse contra alguien fuerte. Mampato lo conoció en uno de sus viajes al pasado y quedó sorprendido por la enorme inteligencia y adaptabilidad (para un cavernícola, claro) de Ogú.



Rápidamente ambos se volvieron amigos inseparables y tras muchas aventuras y desventuras en busca del secreto del "Dios Rojo" (fuego) codiciado por la tribu GolaGola, Ogú aprendió a hacer fuego por su cuenta, ganándose con ello el derecho a ser elegido jefe de la tribu de los GolaGola. Está "casado" con tres mujeres que lo dominan a voluntad, especialmente la más bella de todas, llamada Tinalín. Con ella tiene dos hijos llamados Agú y Guiguá. No está basado en ningún personaje externo.
Su primera aparición fue en el segundo episodio (que posteriormente fue el libro Kilikilis y Golagolas). Ocupa un método muy primitivo de hablar, tiene mucha fuerza y siempre tiene apetito. La particular manera de hablar de Ogú se representa en forma escrita porque no respeta la ortografía del castellano. Además tiene un carácter muy tranquilo e inocente (se podría decir que hasta infantil), pero se vuelve una fiera terrible cuando alguno de sus amigos o seres queridos es atacado por alguien. Destaca la lealtad y abnegación que tiene con sus seres queridos. Estas características lo han llevado incluso a superar su característica fobia a ahogarse (aunque sea momentáneamente) cuando se requiere ayudar a sus amigos.




Las sagas de Troels

 



Troels se comenzó publicando en El Tony en agosto de 1984 y se extendió a lo largo de 62 episodios aproximadamente, hasta finalizar a mediados o fines de 1991.
Robin Wood solo escribió 12 episodios y a partir del episodio 13 hasta el final la continuó Armando Fernández, por el lado del dibujo, Jorge Zaffino dibujo del primer episodio al episodio 55, y del episodio 56 al final la continuo Marcelo Basile (viejo ayudante de Zaffino).




Henga, el cazador




Dos civilizaciones distintas en un mundo primitivo, a fines del neolítico, cuando los últimos glaciares habían dejado una tierra nueva para el hombre.
En este mundo cruel y salvaje vive Henga , un guerrero que buscará su origen a merced de pelear contra una inteligencia superior que tendrá la clave de su propio destino y el de la raza humana.



Una verdadera obra maestra del comic de ciencia ficción, basada de una idea original del dibujante Juan Zanotto, pero con los definitivos guiones de Eugenio Zappietro (Ray Collins, Diego Navarro) y Alfredo Julio Grassi (Roderico Schnell).
Altamente recomendable si te gusto Bárbara (si no, también) veremos un guerrero de la aventura fantástica, con los tópicos de siempre pero diferente.
Henga es un tipo inteligente que además de la fortaleza de su cuerpo usa la fortaleza de su astucia y lógica.



Color, gentileza de Machete.






Antonio López García: Realismo espectral

 

Antonio López García es sin lugar a dudas el pintor y escultor más importante del realismo contemporáneo español, la meticulosidad de sus trabajos ha hecho que su producción de “fotografías al oleo” no haya sido tan prolífica, motivo por el cual sus obras han alcanzado valores incalculables antes incluso de su existencia. Ningún artista representado por Marlborough tiene una lista de espera como la de Antonio López, circunstancia, entre otras, que le convierte en el artista vivo español más cotizado.




"El mundo sigue siendo precioso, pero los dioses nos han abandonado…". Antonio López conversa con los socios del Círculo del Liceo en una sobremesa preñada de epifanías. Su oficio, explica, «nace de la vocación de narrar visualmente». El crítico J. J. Yvars califica su obra de "realismo espectral", una pintura humanista cuyo protagonista es el ser humano.
Observado por su hija María, que le recuerda que el AVE para Madrid sale a las seis de la tarde, López advierte de que, pese a su laconismo castellano de Tomelloso, tiene muchas cosas que contar, aunque «lo difícil es resumirlas». Puestos a ser sinceros, confiesa que  le fatiga «vivir el mundo vertiginoso y caótico del arte». Por un momento, el autor del cuadro de los Reyes de España, se deja mecer por el igualitarismo. Gracias al arte moderno, «todos podemos ser pintores y espectadores», anuncia. Pero, nos preguntamos nosotros, ¿y la técnica? «Yo era un pintor hábil, a los trece años era capaz de reproducir lo que fuera», recuerda López. Pero, matiza, «la capacidad técnica acaba desbordada por la emoción porque es la emoción lo que hace visible lo que llevamos dentro». Eso justifica las dos décadas que ha dedicado al retrato regio.  
Todo el arte del siglo XX, prosigue, «precisa de un guionista». ¿Ejemplos? Picasso, Giacometti, Lucien Freud…
El ejercicio de la escultura le hizo recuperar la dimensión de la figura humana. Si se trata de situarse en una tradición, Antonio López opta por Monet o Cézanne: la vida moderna. Demuestra que es más difícil ser figurativo que abstracto: «Para el pintor figurativo lo más importante es qué pintar, mientras que la abstracción trabaja sobre la propia pintura». Se dirige a los jóvenes: «Antes, el artista era la voz de la sociedad, pero ahora la sociedad no tiene nada qué escuchar… Si no sabemos qué quieren de nosotros, lo único que nos queda es el oficio de pintar». A partir de entonces el lienzo y el pincel devienen en plataformas de una oscuridad que comienza con «La Gioconda» de Leonardo. El problema del arte actual, concluye el maestro, «"es que ya no sabemos qué pintar".

Artículo publicado en el diario ABC de España.


"1919" (ALTAZOR, mis canciones y la IA)

Un eco de esperanza en la desolación: Análisis de "1919".

La canción se erige como un grito desgarrador y esperanzador desde el corazón de la desolación. A través de imágenes sombrías y un lenguaje cargado de simbolismo, el autor nos sumerge en un invierno tanto literal como metafórico, donde la guerra ha dejado una profunda cicatriz. La ropa que huele a "metal mojado," las "cruces" que se amontonan y los "trenes regresan vacíos" pintan un cuadro de pérdida y desolación.


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Sin embargo, en este panorama desolador, emerge un atisbo de esperanza. La insistencia en la espera, en "la esperanza, la única esperanza," se convierte en un leitmotiv que resuena a lo largo del poema. La figura de los "obreros" que han comprendido que "el pan no nace en los palacios" representa una fuerza naciente, una conciencia colectiva que aprende a decir "Nosotros" y a desafiar el orden establecido.

El "yo" poético, identificado como Altazor, se presenta como una figura compleja y contradictoria. Un ser que ha caído "de la altura de su estrella," atrapado en sus propios prejuicios y temblando de una mezcla de orgullo, miedo y risa. Altazor se convierte en un símbolo de la condición humana, vulnerable y contradictoria, pero también capaz de un "ansia infinita."

Finalmente, el poema concluye con una sensación de inminencia y urgencia. El autor, hablando desde "mil novecientos diez y nueve," presagia un futuro incierto y una "caída recién empieza." Sin embargo, la invitación a traer "sus manos y sus errores, la rabia" sugiere que la esperanza reside en la acción colectiva y en la capacidad de construir un futuro mejor sobre las ruinas del presente. En definitiva, "1919" es una canción que, a pesar de su tono sombrío, resuena con una poderosa llamada a la esperanza y a la acción.