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jueves, 18 de junio de 2026

Éramos los elegidos del Sol (Versión 2) Poema musicalizado de Vicente Huidobro


Este es un poema que no pertenece a Altazor, pero lo he incluido por su dramática vigencia después de 100 años de haber sido escrito.  Pertenece al libro "El ciudadano del olvido", una recopilación de textos escritos entre 1920 y 1930.


Las estrofas que nos interpelan evocan una profunda reflexión sobre la condición humana y nuestra intrínseca relación con el cosmos. Se nos presenta como "elegidos del sol" y de "la más alta estrella", beneficiarios de un privilegio cósmico inmerecido y, lamentablemente, no reconocido. Esta elección primigenia, este "regalo" divino manifestado en la benevolencia del agua, la tierra y las selvas, contrasta con una incapacidad manifiesta para corresponder a tal generosidad.


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La tragedia de esta narrativa reside en la ceguera existencial. La incapacidad de "responder a su regalo" no es una mera omisión, sino el resultado de una profunda desconexión. La interpelación directa, "Porque tú no supiste lo que es la eternidad", señala la raíz de este extravío. La fugacidad de la existencia humana, percibida desde una perspectiva limitada, nos impide aprehender la magnitud del don recibido y la interconexión con todo lo que nos rodea.

La frase "Ni comprendiste el alma de mi alma en su barco de tinieblas, en su trono de águila herida de infinito" introduce una dimensión aún más melancólica. Sugiere una incomprensión no solo del macrocosmos, sino también del microcosmos interno, del "alma" en su complejidad y su anhelo de trascendencia. El "barco de tinieblas" y el "águila herida de infinito" son metáforas potentes de una esencia profunda, quizás dolorosa, que permanece inexplorada y, por ende, incomprendida.

En última instancia, el poema es una elegía a la conciencia perdida, un lamento por la oportunidad desaprovechada de vivir en armonía con la magnificencia del universo. Nos invita a reflexionar sobre nuestra propia percepción de la eternidad y nuestra capacidad para reconocer y honrar los dones que la existencia nos ofrece.



Éramos los elegidos del sol

Y no nos dimos cuenta

Fuimos los elegidos de la más alta estrella

Y no supimos responder a su regalo

El agua nos amaba 

La tierra nos amaba 

Las selvas eran nuestras 

Y no supimos responder a su regalo

Porque tú 

no supiste 

lo que es la eternidad

Ni comprendiste 

el alma de mi alma 

en su barco de tinieblas

En su trono 

de águila herida 

de infinito.



Versión 1


Todos los jueves, en simultáneo por este blog y canal de Youtube




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