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viernes, 2 de junio de 2023

Pirata, corsario, bucanero y filibustero. ¿Quién es quien?

 

Pirata, corsario, filibustero, bucanero, berberisco... En ocasiones tendemos a confundirlos y a usarlos como sinónimos, pero no lo son. Cada uno de estos grupos difieren en sus características según la época y también la zona donde llevaban a cabo sus pillajes marítimos.

Un error común que se acostumbra a cometer al hablar de la piratería de los siglos XVI, XVII y XVIII, es poner en el mismo saco a, por ejemplo, Sir Francis Drake, Henry Morgan y Edward Teach Barbanegra. ¿Qué hubiera pensado el primero, un noble marino leal siervo de la reina Isabel I de Inglaterra, al saber que lo comparaban con el tercero, un sanguinario delincuente del mar? Seguramente, no le hubiera gustado para nada. Esta equivocación tan común —incluso entre historiadores— proviene de la confusión de términos para designar actos delictivos en el mar, ya que, habitualmente, los términos pirata, corsario, bucanero y filibustero, se utilizan casi como sinónimos. Primero de todo, debemos tener en cuenta que estas cuatro palabras solo se pueden contextualizar a la vez en la historia marítima de América, sobre todo, del Caribe, ya que la piratería del Mediterráneo o del Mar de la China se regía por otros actores. Si bien existían piratas y corsarios, los bucaneros y los filibusteros eran exclusivos de la América Central. A pesar de que estos hombres y muchos de sus contemporáneos, así como los actos que cometieron, se agrupan bajo el gran paraguas que es el término piratería —por ser todos ellos actos de bandolerismo y pillaje a bordo de un navío—, existen diferencias suficientemente significativas entre ellos como para poder distinguirlos. 
















¿Y los berberiscos?

Los europeos llamaban Berbería a la región del norte de África que hoy conocemos como Magreb, y los berberiscos eran los piratas musulmanes que actuaban en todo el Mediterráneo desde sus bases en esa zona. Las principales eran la isla de Yerba (Túnez), Argel, el Peñón Vélez de la Gomera y Tánger. El Imperio otomano otorgó patente de corso a Kemal Reis, en 1487, y a los hermanos Barbarroja, los cuales convirtieron a los berberiscos en una temible amenaza para el tráfico marítimo del Mediterráneo. (Fuente)

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