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lunes, 11 de septiembre de 2023

Vencidos pero vivos


El conmovedor testimonio de una superviviente de Pinochet.
En la década de los setenta, el ascenso a la presidencia de Salvador Allende y el posterior golpe de Estado de Pinochet marcaron el porvenir de Chile. Durante estos años, Carmen Castillo, contagiada por el compromiso político de Isabel Allende (hija del presidente), participó en las acciones del MIR, el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria que intentó hacer de Latinoamérica un lugar más justo, más hermoso y más poderoso.



Le Roy y Locatelli presentan la desgarradora historia de una comprometida mujer que sobrevivió a la persecución y tortura del régimen de Pinochet, y que es todo un homenaje a la memoria de aquellos que desaparecieron en combate.








Cuando uno lee cómics como Vencidos pero vivos no es fácil distinguir entre las ganas de que guste de lo que realmente nos gusta el libro. Es evidente que la historia de Carmen Castillo, en su momento militante y líder del Movimiento de Izquierda Revolucionaria chileno y ahora cineasta y documentalista, es fascinante. Su papel en una época en la que Chile se debatía entre la fe en Salvador Allende y el odio visceral hacia su figura que acabó con el deleznable golpe de Estado que condujo al poder al dictador Augusto Pinochet es la base de este libro. Maximilen Le Roy es el encargado de llevar a las viñetas lo que sucedió en la realidad. Y son tantas las cosas que cuenta, que no siempre hace que su trabajo sobresalga. La historia le ayuda, Carmen Castillo le ayuda, las atrocidades de la dictadura, el solmeno y mitificado momento del asalto al Palacio de la Moneda y la muerte de Allende contribuyen a que la lectura impresione. Pero es lícita la duda de cuánto ayuda la realidad a que nos sintamos dentro del relato y cuánto se lo debemos a la narración de Le Roy. La obra, no obstante, tiene un valor importante, y es que la memoria histórica se sigue viendo como una manera de reabrir heridos. Y no lo es. Es una forma de que los individuos y los pueblos maduren, de que su historia quede escrita y de inmortalizar relatos que no deben olvidarse.

Ahí Le Roy es tremendamente respetuoso. Es fácil retratar a Pinochet y sus secuaces, incluso los de más bajo rango, como monstruos. Pero en Vencidos pero vivos aparecen como personas. Los de un bando y los de otro. Habrá, porque de eso nunca falta, quien quiera ver en el lado más político de la obra, que lo tiene y no lo esconde (como si tuviera por qué hacerlo), un ataque ofensivo. No lo es. Es una reivindicación. Sosegada, tranquila y eficaz. Se trata de contaros lo que una serie de personas tuvieron que hacer en una situación desesperada. Y se trata de hacerlo en torno a la figura de Allende. Eso, al final, acaba siendo un problema. Porque Allende es un personaje tremendamente poderoso. Su discurso final, antológico. Y eso sucede antes de que la novela gráfica llegue a su ecuador, lo que produce un desequilibrio claro, por mucho que la propia Castillo aporte una fuerza inmensa a la historia. Pero Le Roy no consigue equilibrar ambas partes, ambos personajes, ambas fortalezas. Asistimos al horror del Chile represor de Pinochet, pero nos falta algo. Se busca un tono a lo Munich, la formidable y quizá algo infravalorada de Steven Spielberg, y se encuentra a veces, en los mejores momentos de una narración que cuenta con una narración que no se aleja de lo previsible, con saltos en el tiempo para enfatizar el aspecto de homenaje que tiene el tebeo.

Loïc Locatelli Kourwsky presenta un estilo sencillo y directo, casi cercano a lo documental, y resulta ser una apuesta acertada, porque encaja muy bien con el retrato de los personajes más conocidos por cualquier lector y los desconocidos, se mueve con eficacia entre los escenarios populares y los íntimos. Y sobre todo consigue retratar el horror, la violencia, las torturas, de una manera brutal y descarnada pero que no obliga a apartar la mirada. Quizá sea por la sencillez del trazo, quizá porque elige bien lo que muestra y lo que no, pero la novela gráfica sabe caminar en la dificilísima frontera que hay entre la necesidad documental y lo gratuito. Incluso aunque tengamos en cuenta el elogiable dibujo de Locatelli Kourwsky, la obra conmueve por méritos que no siempre son propios, lo que convierte Vencidos pero vivos en una obra necesaria desde un punto de vista social e histórico pero que en lo narrativo despega menos de lo que le permite el material de referencia. Lo que cuenta es importante, es necesario, y quizá solo faltaba algo más de contundencia desde un punto de vista del autor. Los hechos hablan por sí solos. Y, desde ese punto de vista, produce una cierta envidia sana que se pueda hablar de episodios como estos sin que haya protestas colectivas, como probablemente sí las habría en España ante tebeos que busquen temáticas similares.

Lombard publicó originalmente Vaincus mais vivants en enero de 2015. El contenido extra lo forman un prólogo de Maximilien Le Roy y una entrevista a Carmen Castillo.







































































































































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