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martes, 25 de marzo de 2025

El niño de Taung


Ahora sabemos que tenía 3 o 4 años cuando murió atacado por un águila. El cráneo del Niño de Taung cuenta una historia fascinante y trágica. Las marcas en su cráneo sugieren que fue víctima de un ataque de un águila, ofreciéndonos una mirada única a los peligros que enfrentaban estos primeros homínidos. (F)

Hace un siglo, la publicación de un artículo científico sobre el fósil conocido como el Niño de Taung marcó un punto de inflexión crucial en la paleoantropología. Descubierto en Sudáfrica, este cráneo de un homínido infantil, datado en más de dos millones de años, aportó la evidencia tangible que revolucionaría la comprensión del origen y la dispersión de la humanidad.

Anteriormente, la predominante visión europea situaba la cuna de la humanidad en el continente asiático. Raymond Dart, el anatomista australiano que describió el fósil, desafió audazmente esta concepción. Su detallado análisis del Niño de Taung reveló características que lo ubicaban como un ancestro humanoide temprano, con una mezcla de rasgos simiescos y humanos, sugiriendo una transición evolutiva. Lo más significativo fue la posición del foramen magnum, indicativo de una postura bípeda, lo que implicaba que la locomoción erguida había precedido al desarrollo de un cerebro de mayor tamaño.

Si bien la comunidad científica inicialmente se mostró escéptica, el descubrimiento del Niño de Taung sentó las bases para futuras investigaciones que confirmarían su importancia. Con el tiempo, otros hallazgos de fósiles en África, como los de Olduvai Gorge y Hadar, consolidaron la teoría de que el continente africano es, de hecho, la cuna de la humanidad.

El Niño de Taung representa un hito fundamental en nuestra comprensión de la evolución humana. Su descubrimiento no solo desafió las ideas preconcebidas sobre nuestros orígenes, sino que también inauguró una nueva era en la paleoantropología, estableciendo firmemente a África como el lugar donde se inició el largo y complejo viaje de la humanidad.



FUENTE



El niño de Taung, el fósil que cambió la historia al probar que los seres humanos se habían originado en África

Hace un siglo, un artículo sobre una criatura que murió hace más de 2.000.000 de años empezó a transformar nuestra visión del curso de la evolución humana a como la entendemos hoy.

Pero no fue nada fácil.

El que sin duda es uno de los fósiles más importantes jamás encontrado había llegado a manos del autor de ese artículo, Raymond Dart, el día de la boda de un amigo que se iba a celebrar en su casa.

La novia estaba por llegar, él era el padrino, pero aún no estaba listo cuando vio a dos carteros con dos cajas grandes que claramente no eran regalos, contó en sus memorias, "Aventuras con el eslabón perdido" (1959).

Había estado esperando esta entrega desde que Josephine Salmons, una de sus estudiantes de anatomía, lo había alertado de un inesperado hallazgo.

Mineros de cal habían encontrado unos fósiles mientras explotaban una cantera en un sitio llamado Taung -que significa 'lugar del león'-, a unos 500 kilómetros al noroeste de Johannesburgo, Sudáfrica, donde enseñaba Dart.


Hace un millón de años un águila negra, la mayor rapaz africana, atacó y mató a un pequeño ser bípedo de unos tres años cerca de lo que hoy es el Transvaal surafricano; lo destrozó con sus fuertes garras y su pico y se llevó la cabeza para alimentar a los polluelos. El cráneo de la criatura cayó del nido y fue a parar a una caverna calcárea. Diez mil siglos después, en 1924, el fósil fue hallado, en Buxton, a 10 kilómetros de Taung, por una alumna de Raymond Dart, uno de los grandes nombres de la paleontología humana. (W)

El académico llevaba un año como catedrático de Anatomía en la Universidad de Witwatersrand, conocida como Wits y recientemente fundada, por lo que carecía no sólo de equipos o una librería, sino también un museo con especímenes.

Por eso pidió que se los mandaran y, al verlos llegar, bajó corriendo las escaleras semidesnudo.

Aunque su esposa Dora le rogó que no se pusiera a hurgar entre esos escombros hasta que terminara la boda, no pudo resistir la tentación.

Menos cuando en la segunda caja detectó, en un trozo de roca, una apenas visible calavera.

Ajeno a las súplicas de Dora, tomó una aguja de tejer y empezó a raspar los grumos de cal y arena, y no fue sino hasta que el novio lo amenazó con buscarse otro padrino que soltó, si no en pensamiento, al menos físicamente, el fósil.

Apenas pudo, reanudó su tarea hasta que lo logró.

Dart en 1921. El hallazgo de Dart sería descrito en periódicos de todo el mundo y él se haría famoso de la noche a la mañana, pero no de una manera amable.

"La roca se partió", recordó en sus memorias.

"Lo que emergió fue la cara de un bebé, un infante con una dentadura de leche completa.

"Dudo que haya habido algún padre más orgulloso de su descendencia de lo que yo estuve de mi 'bebé de Taungs' en esa Navidad de 1924".

En dos patas

Esa cara no fue lo único extraordinario que Dart encontró.

Reconoció entre los escombros "lo que sin duda era un molde del interior del cráneo", que se había formado con sedimentos acumulados dentro de la calavera.

Como era un neuroanatomista, un especialista en la morfología del cerebro, supo "de un vistazo que lo que tenía en mis manos no era un cerebro antropoide común y corriente".

"Era la replica de un cerebro tres veces más grande que el de un babuino y considerablemente más grande que la de cualquier chimpancé adulto", escribiría más tarde Dart.

"Además, pudo ver en el fondo lo que interpretó era el foramen magnum, el punto donde la columna vertebral entra en la base del cráneo", le dijo a la BBC el paleontólogo Lee Berger, profesor honorario de Wits.

"Inmediata, y asombrosamente, dedujo que era un simio bípedo, es decir, un simio que caminaba sobre dos patas.

"Nunca antes se había encontrado algo así", resaltó.

El tamaño de los dientes, la ausencia de un arco superciliar marcado, la forma de la frente y la mandíbula y el tamaño del cerebro lo convencieron de que estaba más cerca de ser un humano que de un simio.

"Históricamente hablando, probablemente se ajusta a la definición de un eslabón perdido más que cualquier otro", le dijo a la BBC el respetado paleantropólogo Charles Lockwood en 2008.

"Esta fue la primera evidencia de una criatura claramente parecida a un simio que, sin embargo, tenía algunas características humanas".

Como escribió emocionado Dart, "aquí había una criatura que se atrevía a competir con el hombre".

Sus rasgos eran "sorprendentemente similares", agregó.


Raymond Dart (seated center) with his anatomy class, 1924. Josephine Salmons is seated to his left. Courtesy of the Dart Papers, University of Witwatersrand Archives.

En 1924, mientras visitaba a su amiga Pat Izod, se fijó en un cráneo colocado sobre la chimenea de la casa de Pat. 

Josephine Salmons estaba estudiando anatomía por lo que rápidamente identificó el cráneo como perteneciente a un mono fósil al cual le adjudicó importancia científica. En aquella época Salmons era una de las pocas mujeres estudiantes de anatomía que asistían a la Universidad de Witwatersrand, en Sudáfrica y la única estudiante en el curso de Dart. 

El padre de Pat era el director de la Northern Lime Company y el propietario de una cantera en Taung, por lo que dirigía una empresa que extraía piedra caliza cerca de la ciudad de Taung. Los trabajadores habían desenterrado numerosos fósiles durante la excavación y los Izod habían guardado éste como recuerdo. Salmons se llevó el cráneo y se lo mostró a su profesor, Raymond Dart, un antropólogo australiano quien estaba especialmente interesado en el cerebro.

 Dart al comienzo se mostró incrédulo. Hasta el momento se habían descubierto muy pocos fósiles de primates tan al sur de África y se creía que los humanos se habían originado en Asia. Así que el yacimiento de Taung debía albergar muchos de esos fósiles de un valor incalculable. Salmons le llevó a Dart el cráneo y éste pudo comprobar que tenía razón, el cráneo era innegablemente simio y medio humano. (W)

Dónde está la cuna

"Realmente no teníamos idea de que los humanos habían evolucionado en África hasta el descubrimiento del niño Tuang", subrayó Berger.

"Y eso no sería aceptado por 25 o 30 años", añadió.

Eso a pesar de que Charles Darwin había predicho que la cuna de la humanidad estaba en ese continente 75 años antes.

Pero la teoría de la salida de África del padre de la evolución había sido desestimada tras el descubrimiento del hombre de Java (Homo erectus erectus) y el hombre de Pekín (Homo erectus pekinensis), que apuntaban a que esa cuna estaba en Asia.

O en Europa, dado el hallazgo en 1912 del hombre de Piltdown (Eoanthropus dawsonii), un especímen hallado en Inglaterra con un cerebro de tamaño humano y una mandíbula como la de un simio.

No obstante, Dart había notado una diferencia crucial entre el niño de Taung y esos candidatos a pariente humano ancestral más antiguo.

Los otros ya eran humanos aunque tenían rasgos simiescos.

El niño de Taung ya no era un simio pero aún no era del todo humano.

Por eso, convencido de que era un vínculo extinto entre nosotros y nuestros antepasados simios, hizo lo que cualquier científico anglosajón de su época habría hecho: le escribió al editor de la revista británica científica Nature.


Su hallazgo resultó demasiado sorprendente, así que la revista se tardó un poco en publicarlo.

Cuando lo hizo, su artículo "Australopithecus africanus el hombre-mono de Sudáfrica" apareció acompañado de comentarios de paleoantropólogos influyentes. Todos eran negativos.


La calavera del hombre de Piltdown y una reconstrucción de cómo habría sido.

El hombre de Piltdown hizo pensar que la cuna de la humanidad podía estar en las Islas Británicas, pero resultó ser una ingeniosa falsificación, que no se descubrió hasta 1953.

Ataques y bromas

Ahí estaba, un australiano que, aunque había estudiado Medicina en la Universidad de Sídney antes de ir al University College de Londres a trabajar con figuras prominentes de la antropología, se había ido a Sudáfrica, un lugar poco notorio en el mapa académico.

A sus 32 años, llevaba apenas poco más de un año como director del departamento de Anatomía de una universidad casi desconocida y "por pura suerte", como él mismo escribiría, decía haber encontrado el eslabón perdido.

Es más, había llegado a esa conclusión que consideraba irrefutable y transformadora en cuestión de unas pocas semanas.

Y no tenía reparos en anunciarla a los cuatro vientos sin siquiera buscar antes el respaldo de instituciones o científicos reverenciados.

Todo sumó para que su artículo produjera un rechazo amargamente hostil.

Lo que Dart había descrito como "el cráneo de una raza extinta de simios intermedia entre los antropoides actuales y el hombre", para los principales científicos de Europa y EE.UU. no era más que "un simio inconfundible" o "el cráneo deformado de un chimpancé".

Su idea de que los prehumanos evolucionaran en la árida sabana sudafricana, en vez de en bosques con más comida, se juzgó inaceptable, a pesar de su razonamiento de que "los poderes cerebrales mejorados que poseían hicieron posible su existencia en este entorno adverso".



Dart con el artículo en la revista Nature y los fósiles. Dart vivió para ver el significado de su hallazgo y la teoría de Darwin corroborados.

Sus pares se burlaron de su suposición de que unas piedras encontradas en la cantera hubieran sido utilizadas como herramientas por los Australopithecus, y las apodaron "Dartartefactos".

Fuera del círculo académico, tanto el niño de Tuang como Dart se convirtieron en blancos de bromas, en espectáculos y canciones populares.

Entre tanto, cristianos practicantes le escribían cartas acusándolo de ser "un traidor a su Creador" y un "agente activo de Satanás", y deseando que "se asara en los fuegos del infierno".


Raymond Dart and Taung Child 1925, Photograph forms part of the Wits University Archives and is published with kind permission of the University of the Witwatersrand, Johannesburg, in South Africa.

El que ríe de último...

Pasarían décadas antes de que los científicos comenzaran a aceptar sus controvertidas ideas sobre la evolución humana.

El cambio de opinión se fue haciendo inevitable con el descubrimiento de más fósiles de australopitecos en África.

Influyó además el examen que le hizo el anatomista Wilfrid Le Gros Clark al niño de Taung en 1946, el cual confirmó el parentesco con los homínidos.

Con el descubrimiento de "Lucy", el famoso esqueleto de una homínida de la especie Australopithecus afarensis en 1974, y de huellas de 3.500.000 años de antigüedad en Tanzania entre 1976 y 1978, la teoría de la salida de África ​​fue finalmente aceptada de forma generalizada.

El niño de Taung se convirtió finalmente en el hallazgo del siglo.

Estudios posteriores confirmaron que Dart acertó en la mayoría de sus conclusiones, aunque algunos aspectos se fueron ajustando a medida que se acumularon conocimientos sobre el Australopithecus y mejoró la tecnología.

Ahora sabemos que Taung murió cuando tenía alrededor de 3 o 4 años, no 6 o 7 como calculó Dart.

Y que murió víctima del ataque de un águila.

Afortunadamente, Dart pudo ver cómo sus ideas inicialmente rechazadas se fueron corroborando y aceptando ampliamente.

En 1984 la revista estadounidense Science reconoció su hallazgo como uno de los 20 descubrimientos científicos que habían moldeado la vida de los seres humanos en el siglo XX.

Dart falleció cuatro años después a la edad de 95 años.

El yacimiento del cráneo de Taung forma parte de la Cuna de la Humanidad, lugar Patrimonio de la Humanidad designado por la Unesco desde el año 2005.

Pintura de John Cooke, El Comité de Piltdown. En él, Arthur Keith muestra el enorme cráneo del Hombre de Piltdown mientras Elliot Smith lo señala con aprobación. Charles Dawson, el probable autor del engaño, observa por encima del hombro izquierdo de Keith. Cortesía de la Biblioteca del Museo Americano de Historia Natural.






¿Qué dice?


Taung 1

Réplica del Niño de Taung
Nombre comúnNiño de Taung
EspecieAustralopithecus africanus
Antigüedad2,5 Ma
Descubrimiento1924
Lugar de descubrimientoTaungSudáfrica
Descrito porRaymond Dart
Descripción1925

Niño de Taung es la denominación popular con que se hace referencia al fósil de un cráneo infantil de Australopithecus africanus de 2,5 millones de años de antigüedad encontrado en Taung (Sudáfrica) en el año 1924. El fósil fue extraído de la roca en la que se encontraba incrustado; fue hallado por la antropóloga Josephine Salmons, en ese momento una estudiante de antropología de la Universidad de Witwatersrand, quien se lo mostró a su profesor Raymond Dart, quien rápidamente lo tomó como objeto de estudio en la universidad.[1][2][3][4][5][6]​El espécimen es excepcional por las partes conservadas: un cráneo y mandíbula y un molde interno de la caja craneal (endocráneo).

Este individuo tenía todos los dientes de leche y le estaban terminando de salir las muelas definitivas (en nuestra especie las primeras muelas aparecen a los 6 años y en los chimpancés a los 3); se piensa que tenían un crecimiento similar al de los chimpancés, por lo que la muerte le sobrevino al niño de Taung sobre los 3 años.

El descubrimiento fue publicado por Dart, profesor de neuroanatomía de la Universidad de Witwatersrand de Johannesburgo, el 7 de febrero de 1925 en la revista Nature.[7]​ Se considera que el hallazgo de este fósil infantil dio lugar al nacimiento de la paleontología humana moderna.

Descripción

Espécimen conocido como niño de Taung

El espécimen comprende la mayor parte de la cara y mandíbula con los dientes y un molde interno de la caja craneal, excepcionalmente conservado. Su edad es estimada en 2.5 millones de años. Originalmente se pensó que era un mono o simio, pero Dart se dio cuenta de que el cráneo pudo estar posicionado directamente sobre la espina dorsal, indicando una posición erguida. Este es un rasgo visto en humano, pero no en otros primates.

Se cree que el niño de Taung tenía cerca de tres años al momento de su muerte. Era una criatura bípeda de 105 cm y pesaba entre 9 a 11 kg aproximadamente. Tenía una capacidad craneal de 340 c.c. y vivió principalmente en una hábitat de sabana. Al examinar el fósil es comparable con el de un niño de 9 años de edad, sugiriendo que A. africanus tenía una tasa de crecimiento en la adolescencia más similar a los chimpancés (género Pan) que a los Homo sapiens modernos. Sin embargo, en especies intermedias como Homo ergaster y Homo erectus se piensa que tenían tasas de crecimiento intermedias entre los humanos modernos y los simios. Esta conclusión se ha basado principalmente en el fósil del niño de Turkana descubierto en 1984.

A principios de 2006 se anunció que el niño de Taung, probablemente murió por el ataque de un águila o un ave predadora grande similar a esta. Esta conclusión se llevó a cabo al notar las similitudes de las lesiones del cráneo.

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