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miércoles, 28 de abril de 2021

28 de abril: Día del Superhéroe

Los superhéroes de la vida real merecen su propio día y Marvel siempre lo supo.


Este blog no es muy fanático de los superhéroes (publicamos pero no tanto). Nos gustan más los héroes de carne y hueso. Aún así, reconozco que el tener un superpoder es algo muy seductor para muchos niños. Y como siempre habrá niños los superhéroes siempre existirán.


Texto de SEBASTIAN ESPARZA (Fuente)

Las fiestas y agasajos en torno a un día particular del calendario deben ser una de las pocas características que comparten todas las personas, sin importar su edad, género, nacionalidad o religión. Todos tenemos un momento que consideramos importante recordar o enaltecer; desde una fecha tan personal como un cumpleaños, hasta un evento que involucra a gran parte del mundo, como la Navidad o el Fin del Año.

Por si hay gente que no estaba al tanto, en Estados Unidos existe desde 1995 el Día Nacional del Superhéroe; una fiesta popular que se celebra cada 28 de abril.



¿Cómo surgió el Día del Superhéroe?

El Día del Superhéroe fue creado por unos empleados de Marvel Comics que buscaban honrar a aquellas personas que protegen a otros mientras enfrentan el mal. Para ello, salieron a realizar encuestas a las escuelas y los niños transeúntes de todo el país. Las preguntas fueron: Si pudieras elegir, ¿Cuál superpoder tendrías? y, ¿Cuál es el héroe que más admiras?

Las respuestas a la primera pregunta fueron bastante diversas, pero fue entonces que los empleados de Marvel notaron algo llamativo. Muchos niños mencionaban a personas de la vida real como los héroes que más admiraban; desde deportistas, hasta el caso de bomberos, médicos, policías, soldados e incluso algunos profesores.

Fue entonces que nació el Día del Superhéroe, no solo para conmemorar a los héroes de cómics o del cine, sino también a los héroes de todos los días, ya sea que tengan un trabajo que involucre ayudar o proteger a otros; o a aquellos extraños sin nombre que colaboran gratuitamente en centros de rehabilitación, que se detienen a ayudar a un extraño con un problema en su auto, que comparten ropa o un plato de comida con una persona sin hogar, o tan solo escuchan y contienen a alguien que está pasando por un momento difícil.


¿Cómo se celebra este día?

En varias escuelas primarias de Estados Unidos se ha incluido el Día del Superhéroe en el calendario anual y es una fecha comparable a Halloween. Los niños tienen permiso de ir a clases disfrazados de algún héroe o superhéroe que admiren. También se dan las fiestas de cosplays temáticos, donde los invitados pueden disfrazarse como héroes de Marvel, DC, Image o cualquier otra editorial conocida, por mencionar solo unos ejemplos.

Ya para los que no quieren andar disfrazados, no son extraños las maratones de películas de superhéroes, ya que las opciones actualmente son muchas. Incluso las asociaciones de padres y maestros de algunos lugares organizan festivales de cine donde se proyectan una serie de películas que involucran a superhéroes.


Los verdaderos héroes de la pandemia.


¿Cómo se honra verdaderamente este día?

La mejor manera de honrar a los héroes que admiramos es aprovechar el día para observar nuestro alrededor y ayudar a alguien que lo necesite sin esperar una recompensa o un reconocimiento por ello. No importa la dimensión del gesto, lo importante es lograr un cambio sobre un problema en lugar de pensar que «alguien debería hacer algo al respecto» y tratar de olvidarnos de eso.

¿Porqué tiene tanto éxito?

La tradición del Día del Superhéroe es aún bastante nueva y no es tan conocida en el resto del mundo como otras festividades estadounidenses autóctonas, como el Halloween o Thanksgiving (Día de Gracias) –aunque esta última es poco probable que se adopte en otros países–, pero el valor intrínseco de esta fecha es muy alto ya que no solo se enfoca en promover a héroes de ficción, sino también a las personas que ayudan a los demás no solo como parte de su trabajo, sino también porque está en su naturaleza el hacerlo.

También es destacable el hecho de que se trata de una festividad muy inclusiva, donde la noción de «héroe» no distingue de género, color, credo, inclinación sexual o nacionalidad.

¿Conocías esta fecha dedicada a los héroes? Sin importar de donde seas, no se puede discutir que transmite un mensaje muy positivo.

¡Feliz día a todos los héroes de la vida diaria!


Dejaréis de ser héroes

Dice el Talmud “Quien salva una vida salva al universo entero”.  Los médicos y el resto del personal sanitario son los que han estado más expuestos al coronavirus y, como consecuencia, han sufrido sus efectos habiendo un porcentaje significativos de muertos e infectados. Los sanitarios han salvado muchos universos. Puede resultar reiterativo decirlo, pero ser el primer país del mundo en contagio a sanitarios debería hacernos reflexionar en cómo se ha gestionado esta pandemia. Y la causa no es solo por las medidas económicas de gobiernos anteriores como algunos argumentan; muchos otros países más pobres no han experimentado esta situación.
Otra frase que ayuda a comprender la situación vivida es la de Stanley Kubrick en la película Senderos de Gloria: “Dejaréis de ser héroes cuando la gente no tenga miedo. Dejaréis de ser héroes cuando a los políticos les interese. Ahora sois carne de cañón, por eso os llaman héroes”. Y se les ha llamado héroes porque es la única forma de reconocer una dedicación y entrega impagables. El comunismo sanitario de sueldos bajos unido a los pocos medios quizás nos permita ser críticos con nosotros mismos y reflexionar sobre la frase mantra “tenemos la mejor sanidad del mundo”.
Creo que ha sido un error no mostrar la realidad de lo que se ha vivido en los hospitales, en las residencias o en las funerarias. Los políticos en su afán “de protegernos” y en la infantilización general de la sociedad, no han querido enseñar la verdad dolorosa. Cuanto menos se percate la población del desastre, menos se culpará a los gobernantes. Muchos compañeros que han vivido la tragedia siguen todavía afectados y aterrados de lo que pueda venir. Si todas esas personas que no usan las mascarillas hubieran visto lo que hemos vivido, les aseguro que su percepción y comportamiento sería distinto. Ojos que no ven, corazón que no siente.
TEXTO:

Médico español.


viernes, 9 de abril de 2021

Subastan un ejemplar de la historieta en la que Superman apareció por primera vez

Por un ejemplar de esta edición se pagaron 3,25 millones de dólares en una subasta.


La triste historia de sus creadores que vivieron en la miseria. Jerry Siegel y Joe Shuster crearon a mediados de la década del 30 un nuevo personaje. Un súper hombre que provenía de otro planeta. Vestía de manera algo particular: unas calzas largas con un calzoncillo encima, una S en medio del pecho y una capa. Lograron un contrato para hacer la historieta que fue un éxito, pero la letra chica los llevó a años de litigio mientras otros se hacían millonarios con su creación. La carta que logró el tardío reconocimiento por el que lucharon durante décadas. El misterioso coleccionista que pagó una fortuna.
INFOBAE


Hace 83 años alguien pagó 10 centavos por la revista. Tal vez le causó intriga el nombre, Action Comics; tal vez lo atrajo ese hombre en traje azul, slip rojo y capa a punto de revolear un auto. O tal vez fue sólo un chico al que el padre llevó a comprar algo en el kiosco y al no encontrar nada mejor, se llevó casi al azar ese número inaugural.

Después quedó olvidada por ahí en medio de una pila de revistas de cine. Eso provocó que durante años nadie ni siquiera la recordara, pero también hizo que se preservara.

En ese primer número de Action Comics que salió en abril de 1938 aparece por primera vez Superman. Es el inicio de no sólo de este personaje sino de todo un género, el de superhéroes.

Esta semana uno de esos ejemplares fue subastado por un precio récord. Un comprador que prefirió permanecer anónimo lo compró por 3.250.000 dólares.

En su momento se editaron decenas de miles de ejemplares pero hoy, 83 años después, quedan menos de cien. Y de ese escaso centenar son muy pocos los que están en buen estado.

El estado de conservación de una revista de este tipo siempre es importante e influye decisivamente en su valor final. El subastado a comienzos de esta semana fue calificado como MINT, el nivel superior. Para que una revista llegue a la categoría MINT debe estar nueva, que la tapa conserve su brillo original, que las páginas no tengan puntas ajadas, ni haya doblez alguno. Como si nadie la hubiese leído jamás, como si del kiosco de revistas hubiera sido llevada al remate. Una paradoja: pagar más de tres millones por una revista que no se puede ni siquiera hojear, cada página que se pasa, el valor decrece.

Este ejemplar en particular ya conoce las casas de remates. Es la cuarta vez que es subastado. La última fue en 2018 y su comprador había pagado poco más de dos millones de dólares. Una inversión invencible: en tres años ganó más de un millón de dólares.

Si este ejemplar le proporcionó una fortuna a su anterior propietario, no sucedió lo mismo con los creadores del personaje. Uno creería que con su vigencia, su reencarnación en todos los formatos posibles (revistas, libros, películas, series, muñecos, juegos, y toda forma conocida de merchandising), los que le dieron vida al hombre de acero y sus sucesores disfrutaron de una vida acomodada, viviendo de las regalías y de los honores. Pero no fue así.

Jerry Siegel y Joe Shuster crearon a mediados de la década del 30 un nuevo personaje. Un súper hombre que provenía de otro planeta. Las balas rebotaban en él, tenía una fuerza descomunal. Todavía no volaba: daba enormes saltos. Vestía de manera algo particular: unas calzas largas con un calzoncillo encima, una S en medio del pecho y una capa. Todo rojo y azul. El nombre, sin originalidad pero con impacto, era una evidente descripción del personaje: Superman.

Jerry Siegel y Joe Shuster, creadores Superman
Jerry Siegel y Joe Shuster, creadores Superman.
 

Siegel desarrollaba los personajes y escribía los guiones. Shuster dibujaba. Los dos jóvenes vivían en Cleveland -ciudad que hoy se proclama con orgullo como “la cuna de Superman”- y desde allí trataban de hacerse un lugar en el mundo de las historietas, un mercado que iba creciendo. En 1935 lograron que les compraran por 6 dólares la página sus dos primeras creaciones: Doctor Oculto y Henri Duval,. El otro personaje, al que ellos le tenían fe, no interesaba demasiado a los editores.

A principios de 1938 llegó la carta que habían esperado. Les pedían 13 páginas de su historieta protagonizada por el hombre que rebotaba las balas para una nueva revista.

El primer número de Action Comics apareció en abril de 1938 (en la tapa decía “Junio 1938” por la costumbre de las revistas norteamericanas de poner la fecha de devolución y no la de la salida).

Superman, el héroe de los calzones a la vista y la capa, levanta un auto por sobre su cabeza mientras varias personas huyen despavoridas. En la tapa no se mencionaba el nombre del personaje ni el de las otras muchas historietas incluidas en ese número. La revista tuvo un suceso moderado. Semanas después, Siegel y Shuster recibieron el pedido que esperaban. Más aventuras del personaje. que siguió apareciendo número tras número hasta volver a la tapa en la séptima entrega. Action Comics en ese breve lapso había duplicado sus ventas. La razón del éxito: Superman.

Los historietistas estaban muy satisfechos. Veían como por las calles había chicos que representaban a su creación. Habían cumplido un sueño. Pero en el fragor de hacerse un lugar en la incipiente industria, de tratar de vivir de lo que les gustaba, no se percataron en qué condiciones habían pactado la contratación. En realidad, las condiciones eran las de siempre, las que solían firmar. Un contrato cerrado y leonino, en favor del editor a cambio de la paga acostumbrada. Fueron 130 dólares, a razón de 10 dólares por página. La letra chica del contrato, esa que ellos ya no leían, decía que a la editorial le quedaban todos los derechos futuros que generara el personaje y que los autores nada más tenían que reclamar.

Superman gracias a su éxito abrumador, en poco tiempo tuvo su propia revista. Y logró lo que cualquier historietista desea: la sindicación. La publicación en cientos de diarios de todo Estados Unidos. Una tira diaria y la edición especial del domingo. Cuando eso sucedió, Shuster y Siegel acudieron a la editorial a reclamar por su parte, a sostener que el personaje y el trabajo les pertenecía. Los directivos rechazaron sus pedidos blandiendo el papel firmado meses antes. Superman ya no les pertenecía. Creyeron que era una situación pasajera pero los hechos les demostrarían lo contrario.

Los creadores en plena tarea. Mientras ellos hacían las historietas, el contrato que habían firmado había cedido todos los derechos a la editora
Los creadores en plena tarea. Mientras ellos hacían las historietas, el contrato que habían firmado había cedido todos los derechos a la editora.
 
Los directivos aumentaron la paga de los creadores a través de un contrato de diez años de duración. Los autores tenían un muy buen pasar. Ganaban una pequeña fortuna en comparación a sus ingresos anteriores y al resto de sus colegas. Sin embargo eso era una miseria respecto a lo que producía el personaje. Superman se había convertido en un fenómeno que estaba destinado a perdurar. Atravesaba las edades y que día a día pedía recalar en otros formatos. Así, además de seguir en Action Comics y en los diarios, tuvo su propia publicación que agrupaba trabajos anteriores y se extendió hacia la radio y el cine.
Shuster y Siegel siguieron trabajando. Mientras Siegel deseaba seguir escribiendo él mismo cada guión a pesar de que el trabajo ya era muchísimo a esa altura, Joe Shuster debió poner a un equipo de dibujantes a trabajar para él. Su salud empezó a declinar.
Los pagos seguían siendo amplios pero habían perdido el control de su personaje y veían como los editores amasaban una fortuna descomunal. Los reclamos continuaban.
Jerry Siegel fue alistado en el ejército en medio de la Segunda Guerra Mundial. No fue enviado al frente europeo. Su destino fue Hawai. Mientras él se encontraba reclutado, los de National, la casa editora, decidieron publicar Superboy, una creación de Jerry SIegel que en su momento habían rechazado. Naturalmente también fue un éxito.

Superboy, la otta historieta de Jerry Siegel y Joe Shuster que se convirtió en éxito

Superboy, la otta historieta de Jerry Siegel y Joe Shuster que se convirtió en éxito.
 

Esa fue la llave para un nuevo reclamo. La presentación judicial la realizaron por los dos personajes. Lo de Superman no prosperó. El juez consideró que la cesión de derechos de aquel contrato primigenio era válida. Pero les reconoció los derechos sobre Superboy, como un personaje independiente. Los editores y los artistas llegaron a un acuerdo. Se les pagó 94 mil dólares a Shuster y Siegel que cedían los derechos a perpetuidad y declaraban que nada más tenían que reclamar a National (la actual DC Comics). Faltaban pocos meses para que el contrato por diez años finalizara. Transcurridos esos meses, la empresa despidió a Shuster y Siegel. No querían saber más nada con ellos, ya habían dado lo mejor de sí y temían nuevas presentaciones judiciales.

Ellos pensaron que siendo los creadores de Superman les esperaba un futuro promisorio. Trabajo en la competencia, nuevos personajes, revistas propias. Pero nada de eso sucedió. La industria se había profesionalizado, había avanzado hacia un sitio que ellos, enfrascados en las aventuras del hombre de acero, no habían podido seguir. Siegel consiguió algún trabajo que no duró demasiado con Stan Lee en Marvel, mientras que a Shuster la pérdida de visión progresiva ya le hacía imposible dibujar.

Sus nombres fueron borrados de su personaje. Los productos de Superman seguían apareciendo por todos lados. La serie televisiva con George Reeves fue un éxito. Cada vez que veían su creación en un kiosco de revistas, en la cartelera de un cine, en la contratapa de un diario o lo escuchaban por la radio un dolor les atravesaba el esternón. Superman generaba fortunas y gozaba de gran vida pero sus creadores, Shuster y Siegel, no recibían un peso ni reconocimiento por su personaje.

La amargura los fue colonizando. Shuster se convirtió en empleado de correo y algún día tuvo que llevar un paquete al mismo edificio en que la editorial tenía sus oficinas. Alguien lo vio y lo hicieron subir a encontrarse con sus viejos editores que no podían creer la situación del dibujante. Ese día apenas recibió de ellos una propina y un consejo para que cambiara de trabajo.

En las revistas mostraban a los jóvenes como los creadores del fenómeno: la empresa ganaba millones, ellos no
En las revistas mostraban a los jóvenes como los creadores del fenómeno: la empresa ganaba millones, ellos no.
 

Mientras la salud y la economía de Joe Shuster se deterioraban progresivamente, lo mismo le ocurría a Siegel quien padeció dos infartos. Luego de la muerte de su madre, con la que vivía, Shuster, casi ciego, pasó unos días como homeless. Cuando decían que ellos habían creado a Superman, la gente se les reía en la cara o los miraban con compasión.

Jerry Siegel siguió intentando encontrar resquicios legales para obtener alguna ganancia de las que producía su personaje. Los juzgados le cerraron todos los caminos. Aquel contrato inicial y el acuerdo posterior que incluyó a Superboy eran los instrumentos jurídicos que respaldaban a la editorial. Para ese entonces sólo los memoriosos sabían quiénes habían creado a Superman. Hacía décadas que el nombre de Siegel y Shuster no aparecían junto a la historieta o sus derivados.

En 1975 la Warner anunció con gran pompa que estaba preparando una película de Superman. Prometía ser una producción enorme. Un director afamado, Mario Puzo, autor de El Padrino, entre los guionistas, Marlon Brando y Gene Hackman para papeles secundarios, un casting exhaustivo para dar con el protagonista principal y efectos especiales nunca vistos hasta entonces. Sería la película con mayor presupuesto de la historia. Los medios se hicieron eco de la noticia y la expectativa fue inmediata.

Jerry Siegel que ya había visto pasar frente a sus ojos revistas, programas televisivos, cortos cinematográficos y hasta un musical de Broadway protagonizados por su criatura, no aguantó más. Escribió una larga carta en la que expresaba su dolor y su bronca: “¡Yo, Jerry Siegel, maldigo la película de Superman! Espero que sea un fracaso de los que hacen historia. Espero que los seguidores leales de Superman evitan las salas. Espero que el mundo entero, al ser consciente del hedor que rodea a Superman, se aleje de la película como de la peste. ¿Por qué maldigo una película basada en Superman, mi propia creación? Porque el dibujante Joes Shuster y yo, que concebimos Superman juntos, no recibiremos ni un centavo del acuerdo al que ha llegado la superproducción. Superman lleva 37 años generando ingentes sumas de dinero. Durante la mayor parte de ese tiempo los creadores de Superman no hemos ganado nada con él. Durante muchos de esos años conocimos penurias económicas, mientras los editores se hacían millonarios. National Publications ha matado mis días, asesinado mis noches, ahogado mis alegrías, estrangulado mi carrera. Considero a los ejecutivos de National asesinos económicos, monstruos hambrientos de dinero. (...) Joe está casi ciego. Mi salud no es buena. Ambos tenemos 61 años. La mayor parte de nuestras vidas, durante el éxito de Superman, la hemos vivido en la estrechez. (...) Joe y yo estamos sufriendo. Apenas podemos pensar en otra cosa, y me siento miserable al ver como nuestras familias sufren (...)”.

Hizo decenas de copias y las envió a algunos periodistas y a varios de los mejores autores de cómics de Estados Unidos. La respuesta fue lenta. Primero algún joven dibujante expresó su pesar en un fanzine, luego otro hizo un comentario dolido en una radio. De a poco varias personas se fueron haciendo eco. El presidente de la Asociación de Autores de Historietas, un colega de los inicios de Siegel, expresó públicamente su preocupación. Cuando ya las voces eran demasiadas, la noticia se metió en las secciones de espectáculos de los grandes medios. Era una buena historia para que los periodistas la explotaran: la contraposición entre la salud radiante del personaje y el destino maltrecho de sus creadores.

JoeShuster, Neal Adams, Jerry Siegel y Jerry Robinson
JoeShuster, Neal Adams, Jerry Siegel y Jerry Robinson
 

Warner, que había adquirido la editorial, no quiso tener problemas. Sus directivos creyeron que si se producía un escándalo mediático, eso perjudicaría su película. Estaban muy preocupados por resguardar los millones de dólares que invertían en el presupuesto del film. Se reabrieron las negociaciones y llegaron a un acuerdo. La productora se comprometía a pagar una pensión de 20 mil dólares anuales a Shuster y a Siegel, brindarles cobertura médica y, además, a reintegrarlos en los créditos, tanto de la película como de las publicaciones, como creadores del personaje. Ese acuerdo posibilitó que los dos artistas pasaran sus últimos años (Shuster murió en 1992 mientras que Siegel lo hizo en 1996) sin preocuparse de los avatares económicos.

Superman seguirá atravesando los cielos, rebotando las balas que pegan en su pecho, persiguiendo criminales. Seguirá generando, también, grandes beneficios económicos en sus distintas versiones y adaptaciones. Jerry Siegel y Joe Shuster serán, finalmente, recordados como sus creadores, como los dos que le dieron vida al primer superhéroe moderno, el que empezó la fiebre.