La canción evoca una imagen poderosa del mar, personificado como una entidad en perpetuo conflicto. Lejos de ser una simple masa de agua salada, el mar anhela trascender su naturaleza inherente. Clama por liberarse de las ataduras que lo confinan, expresando su frustración a través del estruendo incesante de sus olas.
Un anhelo de trascendencia
La jaula de cristal, metáfora de sus limitaciones físicas, contrasta con el deseo vehemente de volar y soñar, de transformarse en algo etéreo como la neblina o alcanzar la inmensidad del cielo estrellado. Esta aspiración se ve obstaculizada por el peso de la noche y las tinieblas, fuerzas opresivas que desgastan tanto al mar como al alma humana.
Finalmente, la imagen del mar llorando su propia herida sugiere una profunda melancolía. Abandonado por la luz de la Luna, se enfrenta a la oscuridad existencial, revelando una vulnerabilidad inesperada tras su fachada de fuerza indomable. En resumen, la letra presenta al mar como un símbolo de la lucha constante por superar las limitaciones y alcanzar un estado de plenitud que siempre parece elusivo.
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