El 10 de julio de 1555: en la isla de Cuba el pirata francés protestante Jacques de Sores asalta la villa de La Habana. Durante un mes saqueará e incendiará cada casa y matará a sus ocupantes españoles y sus esclavos.
Jacques de Sores es uno de esos personajes “olvidados” en su propio país. Pero no injustamente, como ocurre habitualmente con esos “héroes” que triunfaron allende sus fronteras y que quedaron arrinconados para su patria, sino que el caso de este corsario es por motivos simples y evidentes: los franceses no se enorgullecen de su figura.



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