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lunes, 29 de junio de 2026

Dos micro-canciones (9) La paloma - Qué esperas



La difusión de las "Micro-Canciones," expresiones artísticas que duran menos de un minuto, representa una evolución fascinante en el arte contemporáneo. Esta brevedad, sin embargo, no equivale a una falta de profundidad o impacto. Por el contrario, la limitación de tiempo exige una forma de comunicación concentrada y potente. Cuando estas micro-canciones incorporan fragmentos de una obra seminal como "Altazor" de Vicente Huidobro, el resultado es una interacción convincente entre la tradición literaria establecida y la expresión artística innovadora.



¿Has visto en el cielo desierto 

La paloma amenazada por los años 

Con los ojos llenos de recuerdos 

Con el pecho lleno de silencio 

Más triste que el mar después de un naufragio?


En el vasto lienzo del cielo desértico, la imagen de una paloma, envejecida y melancólica, evoca una profunda reflexión. Sus ojos, espejos de innumerables amaneceres y ocasos, guardan el peso de recuerdos imborrables, testimonios silenciosos de un pasado que se niega a desvanecerse. El pecho, antaño vibrante con el murmullo de la vida, ahora resuena con un silencio sobrecogedor, una quietud que solo el tiempo y la experiencia pueden otorgar.

Esta paloma, más que un simple ave, se convierte en una metáfora conmovedora de la existencia misma. Su tristeza, comparable a la desolación del mar tras un naufragio, no es una debilidad, sino la manifestación de una sabiduría adquirida a través de la adversidad. En su figura, percibimos la fragilidad de la vida y la ineludible marcha del tiempo, que deja su huella en cada ser.

Nos invita a contemplar nuestra propia jornada, a reconocer la belleza en la melancolía y a valorar la riqueza de las experiencias vividas, por dolorosas que hayan sido. La paloma, en su desolada majestuosidad, nos enseña que incluso en el silencio y la tristeza, reside una profunda dignidad y una verdad universal sobre la condición humana.



Qué esperas


¿Habéis oído? 

Ese es el ruido siniestro de los pechos cerrados.

 Abre la puerta de tu alma y sal a respirar al lado afuera. 

Puedes abrir con un suspiro la puerta que haya cerrado el huracán.

¿Qué esperas?


El clamor silencioso de un alma oprimida resuena en las palabras "¿Habéis oído? Ese es el ruido siniestro de los pechos cerrados". Este lamento poético nos invita a una profunda introspección, urgiéndonos a romper las cadenas autoimpuestas que restringen nuestra verdadera esencia. La metáfora de los "pechos cerrados" evoca la imagen de corazones y mentes clausuradas, impermeables a la luz del exterior y al susurro del autodescubrimiento.

La invitación a "abrir la puerta de tu alma y salir a respirar al lado afuera" es un llamado a la liberación. Es un recordatorio de que la vida, en su vastedad y complejidad, aguarda más allá de los confines de nuestra zona de confort, de nuestros miedos y prejuicios. El acto de "respirar al lado afuera" simboliza la renovación, la búsqueda de nuevas perspectivas y la valentía de enfrentar lo desconocido.

La poderosa imagen de "abrir con un suspiro la puerta que haya cerrado el huracán" nos habla de la resiliencia inherente al espíritu humano. Los "huracanes" representan las adversidades, los traumas y las desilusiones que, en ocasiones, nos impulsan a construir muros protectores. Sin embargo, este verso nos asegura que, incluso ante la magnitud de tales tormentas, un simple "suspiro" —un acto de voluntad, un atisbo de esperanza— tiene el poder de desmantelar esas barreras, permitiendo que la luz y la vida fluyan de nuevo.

Finalmente, la pregunta "¿Qué esperas?" no es una interrogante vacía, sino un imperativo. Es un desafío a la inacción, a la procrastinación que nos mantiene anclados en un estado de estancamiento. Nos confronta con la urgencia de vivir plenamente, de abrazar nuestra vulnerabilidad y de permitir que nuestro ser más auténtico se manifieste. En última instancia, este breve pero profundo poema nos insta a una transformación, a trascender el encierro interior y a emprender el viaje hacia una existencia más abierta, consciente y significativa.






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Murena (1) El púrpura y el oro



La acción se sitúa en Roma. El emperador Claudio muere envenenado por su mujer, Agripina, justo antes de que éste la repudie para casarse con Lolia Paulina, la madre de Murena. Nerón, el hijo de Agripina, se convierte en emperador, a pesar de tener sólo 17 años.



P00002 - Murena #2P00003 - Murena #3P00004 - Murena #4P00005 - Murena #5P00006 - Murena #6P00007 - Murena #7Murena #08 - La venganza de las cenizas.howtoarsenio.blogspot.comMurena09-001

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Consejos que debe tener en cuenta un pintor animalista


Ser un pintor de tema animalista no es fácil (por eso existen tan pocos). Se debe tener nervios de acero y una capacidad de trabajo a toda prueba.


Por Rubén Reveco, editor

Ser pintor 

Amar, por sobre toda las cosas, el oficio de pintar. Amar el olor a la trementina y el estudio académico. Saber qué colores debe mezclar para obtener ese verde tornasolado de las plumas de un loro, por ejemplo.

Ser ecologista 

No basta con ser un pintor apasionado, se debe ser un ecologista apasionado. Elegir a la naturaleza como tema y pretender reproducirla con una técnica hiperrealista implica mucho esfuerzo, si el artista no está sustentado ideológicamente, es presumible que al poco tiempo cambie de tema, estilo y técnica. O, lo que es peor, no pinte más.

Ser paciente 

El quehacer del pintor animalista es lento y agotador. El que tenga prisa que se dedique a ser un pintor de temas abstractos, por ejemplo. 

Ser riguroso

El ideal es que el animal pintado debe ser del hábitat en el que vive el artista. Esto requiere analizar la flora con los ojos de un científico. Conocer y estudiar lo que se va a representar. En especial la fauna regional; del lugar donde le toca vivir y hacer su obra. Si pinto un puma debo tener en cuenta el lugar en que vive ese animal.

Ser modesto 

El ser pintor animalista no es nada original. Desde hace 40 mil años que existen, y siempre han sido artistas anónimos o de segundo orden. Los críticos de arte creen que no es importante lo que hacen. 
Deben ser conscientes de que no aparecerán en los libros de historia del arte.

Ser educador 

Lo que hacen es didáctico y ayuda a preservar a los animales en vías de extinción. A través del impacto que generan sus obras, crean consciencia ecológica. Más que ningún otro, un pintor animalista debe respetar la vida de sus modelos.




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Mesolítico (1) Sueños y pesadillas de la Edad de Piedra

 




Hace 10.000 años, la tribu Kansa vivía en las costas al oeste de la Edad de Piedra británica, donde el peligro nunca está muy lejos. Cada estación trae nuevas aventuras, cada cacería tiene sus riesgos, y cada sombrío encuentro con las tribus vecinas está lleno de amenazas. Poika, un chico al borde de la adultez, debe confiar en la sabiduría de sus mayores y soportar los ritos del pasaje mientras encuentra su lugar en la tribu.
Las historias de su lucha por sobrevivir son entretejidas sin problemas con algunos de los más antiguos mitos, cuentos de hadas y leyendas de la humanidad. Este es un libro de acción y aventura, horror y magia, sueños y pesadillas.






domingo, 28 de junio de 2026

Canciones que me gustan: El desierto



Ya había publicado hace unos meses una canción de Lhasa de Sela, artista que ha significado mucho en mi historial de preferencias musicales. ¿Por qué nos gusta una canción? Por ser simple y compleja a la vez.






He venido al desierto pa’ reírme de tu amor
Que el desierto es más tierno y la espina besa mejor
He venido a ese centro de la nada pa gritar
Que tú nunca mereciste lo que tanto quise dar
Que tú nunca mereciste lo que tanto quise dar

He venido yo corriendo olvidándome de ti
Dame un beso pajarillo, no te asustes colibrí
He venido encendida al desierto pa’ quemar
Porque el alma prende fuego cuando deja de amar
Porque el alma prende fuego cuando deja de amar


Hasta siempre, Lhasa de Sela

Martes triste. Hoy me enterado de la muerte prematura de una de mis cantantes favoritas, Lhasa de Sela, a los 37 años, víctima de un cáncer de mama. Estaba en la cocina cuando escuché en la radio la noticia de su muerte y me ha recorrido la tristeza todo el cuerpo. Decía el locutor que no era conocida. Y posiblemente no lo fuera en el mundo de las Paulina Rubio o compañía. Pero para quienes amamos las voces únicas, las melodías mestizas y originales, Lhasa era un valor irrepetible.
Conocí su obra en Estados Unidos, allá por el 98 o 99. Un amigo de aquella época, con quien tocaba en un grupo, me trajo un día La llorona. Me gustó mucho esa voz tan especial, su acento, sus raíces híbridas, pero recuerdo que uno de sus temas me atravesó especialmente, El desierto. Esa voz que murmura, casi rota, buf! Tremendamente sensual. Desde ese día Lhasa siempre ha estado en los fijos de mi banda sonora vital.
No puedo creer que un talento así haya desaparecido por culpa, una vez más, del maldito cáncer de mama. Tan joven aún. Esa enfermedad se ha llevado a demasiadas mujeres, conocidas y queridas también. Especialmente en nuestra comunidad. Luchar contra ella es una de mis metas vitales.
Hoy se ha llevado a una gran artista, que llevaba dos años luchando contra él. Hoy nos toca despedirla, darle las gracias por su arte, por acompañarnos en el camino de la vida. No puedo evitar llorar, mientras escucho canciones tantas veces oídas, porque me cuesta aceptar que vayamos perdiendo tanta gente buena antes de tiempo.
Gracias, Lhasa, por acompañarme en tantas tardes melancólicas, en momentos tristes, en conversaciones agradables, en momentos de seducción, mientras escribía. Gracias, mil gracias, de corazón. Tu voz única nos seguirá acompañando en el camino. Hasta siempre, grande. (F)










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