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lunes, 6 de julio de 2026

Las reglas del Oeste: Los navegantes del río

 



Este volumen del maestro italiano Paolo Eleuteri Serpieri sorprenderá a más de un lector, pues incluye una serie de historias ambientadas en el Far West, pero con argumentos que nos sumergen en situaciones insólitas, sorprendentes y llenas de fatalismo. Sus protagonistas son personajes introspectivos, complejos y enigmáticos que, en unos casos, se ven abocados a un destino inevitable y, en otros, se mueven por escenarios más cercanos al Weird West que al western propiamente dicho.
Es un libro protagonizado por individuos que, llenos de incertidumbre, se resignan ante el propio destino; un libro, en definitiva, teñido de amargura y en el que, ciertamente, queda poco margen para la esperanza. Aunque, eso sí, todo ello nos viene servido por el excelso grafismo del artista veneciano.


La Patria Vieja (1) La conspiración de los Tres Antonios - Un grito de libertad




A partir de 1972 se publicó en la revista Mampato una serie de Historia de Chile titulada Páginas Brillantes de la Historia con guiones y dibujos de Luis Ruiz Tagle. Durante cuatro años, en entregas semanales de 3 o 4 páginas, se relataron los principales episodios desde la Conquista de Chile hasta la Patria Vieja.


La Conspiración de los Tres Antonios, acaecida en 1780, representa un episodio de gran relevancia en la historia colonial de Chile. Este movimiento, liderado por los franceses Antonio Gramusset y Antonio Berney, junto al criollo José Antonio de Rojas, gestó un proyecto independentista que, aunque fallido, sembró las semillas de la emancipación.
Los conspiradores, influenciados por las ideas de la Ilustración y la independencia de Estados Unidos, anhelaban establecer una república independiente en Chile. Su plan contemplaba derrocar a las autoridades españolas, confiscar sus bienes y proclamar la libertad del territorio. La audacia de su propuesta, en un contexto de férreo control monárquico, denota una profunda aspiración por la autonomía y la justicia social.
Sin embargo, la conspiración fue descubierta antes de poder materializarse. La traición de un delator frustró los planes de los "Tres Antonios", quienes fueron apresados y sometidos a juicio. A pesar de la severidad de las penas impuestas, su legado perduró. La valentía de estos hombres al desafiar el orden establecido inspiró a futuras generaciones de patriotas y contribuyó a forjar el espíritu independentista que culminaría en la emancipación de Chile décadas más tarde.
En retrospectiva, la Conspiración de los Tres Antonios no solo es un testimonio de la incipiente conciencia nacional en la América colonial, sino también un recordatorio de que las grandes transformaciones históricas suelen gestarse a partir de pequeños pero significativos actos de rebeldía y anhelo de libertad.





La conspiración de los Tres Antonios

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Luego de instalarse en Chile de vuelta de su viaje a España en 1778, la casa de José Antonio Rojas era centro de tertulias y difusión de ideas ilustradas. Ahí se reunía en particular con dos ciudadanos franceses asentados en Chile, Antonio Gramusset y Antonio Berney, para conversar sobre la conveniencia de establecer en Chile un régimen republicano, que sustituyera el monárquico, cuyo gobierno fuera ejercido por un cuerpo colegiado elegido por los habitantes del territorio. En materias sociales, aspiraban a la abolición de la esclavitud y de la pena de muerte, a la desaparición de las jerarquías sociales y a la redistribución de las tierras. Estas fueron las primeras ideas propiamente republicanas e independentistas que comenzaron a circular en la Capitanía General.

Para lograr la difusión de estas ideas, según comenta Sergio Villalobos, Gramusset y Berney urdieron un plan en el que "cada uno de los complotadores comprometería a otro en el plan, sin mencionar a los demás, formándose así una red que en caso de ser descubierta sería imposible de seguir en sus hilos. El día señalado para el levantamiento todos se reunirían en la Chimba, al norte del Mapocho, y de allí partirían en grupos a aprehender al presidente y las autoridades, a tomarse el almacén de pólvora, la sala de armas y las cajas reales que les proporcionarían dinero suficiente. Mientras tanto, algunos de los conspiradores, disfrazados de religiosos, incitarían al pueblo y mostrarían su descontento por el asunto de la reforma de las órdenes, que sería la razón aparente del movimiento. También se daría libertad a los esclavos con el objeto de que participasen en la empresa" (Tradición y reforma en 1810. Santiago: Universitaria, 1961. p. 134).

En enero de 1781 estas discusiones y el completo plan redactado por Berney, extraviado en las inmediaciones de la hacienda en Polpaico de Rojas, fueron denunciadas por Pérez de Saravia -amigo del complotador- al regente Tomás Álvarez de Acevedo, quien inició una investigación a partir de las informaciones que Saravia le entregaba y, una vez reunidos los antecedentes, los puso en conocimiento del gobernador Benavides y dictó una orden de detención contra los dos franceses, además de un ciudadano gallego de apellido Pacheco.

Los dos franceses fueron apresados y enviados desde Lima a España en un barco que naufragó, resultando con la muerte de ambos, mientras que Rojas no fue apresado debido a que fue considerado inocente por la Real Audiencia. Sin embargo, tras los hechos, vivió un breve exilio en España.

































Anexo







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