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martes, 16 de diciembre de 2025

Ludwig, eres un genio

 


El músico, especialista y presentador Ramon Gener, que acaba de publicar una biografía ilustrada de Beethoven, su "héroe", considera que el compositor de Bonn fue «el primero en convertirse en protagonista de su música», como han hecho tantos en el siglo XX.


A 255 años de su nacimiento
Todo lo publicado en Machete



En una entrevista con EFE, Gener remarca que "Beethoven es el primer músico que consigue el estatus de genio, que su sociedad lo reconoce como un genio, porque aunque antes están Bach y Mozart, que eran geniales, su sociedad no los reconoció como tales". El reconocimiento de Beethoven se produce, precisa Gener, en Viena, donde "un grupo de aristócratas firman con él un contrato en el que le dicen que como eres un genio a partir de ahora te pagaremos una renta vitalicia, para que escribas lo que quieras, como quieras, cuando quieras y si quieres".


En Beethoven: Un músico sobre un mar de nubes (Random Cómics), que ha sido ilustrado por Fernando Vicente, el autor repasa la evolución del concepto de genio, desde los griegos hasta Beethoven, a quien le toca vivir en "un mundo nuevo que no existía antes, que se inicia en 1789 con la toma de la Bastilla". Mozart, que tuvo ocasión de probar la destreza y el genio de un joven Beethoven, que había llegado dentro de una pléyade de virtuosos del piano a Viena, ya advierte de su futuro después de que tocara infinitas variaciones de un tema que le había propuesto el de Salzburgo, porque "Beethoven fue también un niño prodigio, algo que muchos no saben".
Confiesa Gener en un libro "escrito durante la pandemia" que para él "Beethoven es el héroe de mi vida, mi espejo", y la biografía es "más una aproximación a su figura para todas las personas que tengan inquietud en saber quién era y por qué es tan importante". A pesar de que se ha escrito mucho sobre el personaje, con biografías de ochocientas y mil páginas, quedan dos enigmas por descubrir: "No se sabe quién era la amada inmortal a la que escribe una carta que nunca envió y que su secretario encontró en un cajón de su escritorio después de su muerte, aunque creo que es más sexy no saberlo". El otro enigma es el testamento de Heiligenstadt, la carta que Beethoven escribió a sus hermanos Kaspar Anton Karl y Nikolaus Johann en Heiligenstadt el 6 de octubre de 1802, en la que reconoce su sordera, pero "deja un espacio en blanco en el nombre de su hermano pequeño, y no se sabe por qué, si es que no sabía su nombre, no sabía cómo se escribía, si estaba enfadado con él…".




Beethoven es hijo de su tiempo, y como tal "se identifica con Napoleón y los ideales de la Revolución Francesa, y su música habla del mensaje de paz, de igualdad, de fraternidad, temas igual de actuales hoy que en su momento". Sin embargo, cuando Napoleón se corona emperador, Beethoven se siente traicionado y pronuncia una famosa frase: "Ahora es un hombre igual que los otros y utilizara el poder como los demás". Esta decepción llega cuando está componiendo la Tercera Sinfonía, la Heroica, en la que "decide convertirse en protagonista de su música, en la que, por primera vez en la historia de la música, el compositor se desnuda y cuenta sus miserias, como casi 200 años después lo hace Amy Winehouse en Rehab, hablando de sus adicciones".
Para Beethoven, que tuvo una educación insuficiente en su infancia, "la música es el único lenguaje que encuentra para comunicarse", y Gener reconoce que se conservan miles de cartas, y "es un drama leerlas, con una sintaxis complicada, escribe mal". Sus problemas de oído agudizarán el aislamiento del compositor y "el malhumor, el misántropo, el eterno cabreo son estrategias para disimular su sordera".
Con su habitual tono divulgador, Gener compara a Beethoven con las estrellas futbolísticas: "Messi siempre hace el mejor pase posible, y Beethoven escribe siempre la mejor nota posible de todas las opciones que tiene". Esa perfección explica también su inmortalidad, su vigencia y que la Quinta Sinfonía fuera utilizada por Walter Murphy en su canción disco A Fifth of Beethoven, que se incluyó en la banda sonora del filme Fiebre del Sábado Noche, que la Electric Light Orchestra versionara la famosa canción "Roll Over Beethoven", de Chuck Berry, o que inspirara a Johannes Brahms o Serguei Rachmaninov". Beethoven es además "el primer músico que hace titulares con su música» como demuestra en la Quinta con sólo cuatro notas, el tan-tan-tan-taaaaaaaan", tararea Gener.
Incluso en géneros que apenas cultivó, como la ópera, Beethoven muestra su genialidad: "Intentó escribir ópera muchas veces, pero el teatro de la corte no quiso contratarlo porque tenía fama de incumplir sus acuerdos". No obstante, tenía tantas ganas de pasar a la historia de la ópera que la única que consiguió escribir y estrenar, Fidelio, "es sinónimo de perfección —llegó a hacer hasta tres versiones diferentes— y hoy es un título básico del repertorio", concluye Gener.


Ramón Gener

Anexo



Ludwig van Beethoven subtituló su tercera sinfonía La Heroica en honor de Napoleón, al que consideraba adalid de las libertades y del nuevo orden político-social. Más cuando éste se autoproclamó emperador, Beethoven, decepcionado por esta muestra de egolatría, retiró la dedicatoria.


 


La figura de Ludwig van Beethoven ha sido estudiada en profundidad por prestigiosos directores de variadas cinematografías. Te invitamos a conocerlas.



La primera película data del año 1909 cuando Victorin-Hippolyte Jasse dirigió "Beethoven", un cortometraje protagonizado por Harry Baur. Posteriormente, la productora y distribuidora francesa Léon Gaumont lanzó dos cortometrajes: "Beethoven" (estrenada en Estados Unidos), y "La gloria y el dolor de Ludwig van Beethoven", dirigida por Georges-André Lacroix (estrenada en Francia). 

"La vida de Beethoven" ("Das Leben des Beethoven") de Hanns Otto es una pieza de cine mudo austríaco de 1927.
"Un gran amor de Beethoven" es una película de 1936 dirigida por el director francés Abel Gance, pionero del cine mudo.
"El sobrino de Beethoven", versa sobre la lucha por la tutela de su sobrino Karl. Fue dirigida por Paul Morrisey, asiduo en la Factory de Andy Warhol en 1985.
"Beethoven: días de su vida" ("Tage aus einem Leben") fue dirigida por Hirst Seemann en 1976. En esta película se decide hablar de asuntos políticos como su rechazo a la revolución industrial  y a las clases medias.
"Beethoven vive arriba" ("Beethoven lives upstairs", 1992) es un cortometraje para televisión que narra la amistad de un niño con el compositor. Fue dirigido por David Devine, quien ganó un Premio Emmy por este trabajo.
"Amada inmortal” (“Immortal beloved”), protagonizada por Gary Oldman e Isabella Rossellini es una película de 1994 dirigida por Bernard Rose, centrada en una carta de amor que el compositor escribió a una amada aún desconocida. 
Copiando a Beethoven” (“Copying Beethoven”) es un drama dirigida por Agnieszka Holland, basado en los últimos años del compositor. Protagonizada por Ed Harris y Diane Kruger en 2007.
Eroica” fue una película para televisión de la BBC dirigida por Simon Cellan Jones en 2003.


 


Documentales

"Ludwig van" (1970) es una película alemana en blanco y negro de Mauricio Kagel. Filmado en 1969, se proyectó por primera vez al año siguiente. El trabajo fue encargado por Westdeutscher Rundfunk para las celebraciones del bicentenario del nacimiento de Ludwig van Beethoven en 1970. Participa el crítico de arte Joseph Beuys.


Kagel, de origen argentino, era compositor autodidacta a la par de su labor como realizador cinematográfico. Una de sus obras más famosas fue la música original de la obra surrealista "Un perro andaluz", de Luis Buñuel. 
"An Immortal Spirit" (2000), de origen canadiense, es un documental con una puesta en escena biográfica y coreográfica basada en el Décimo Cuarteto de Cuerdas, "Harp".
Michael Meert dirigió "El joven Beethoven" ("Der junge Beethoven") en 2007. Aquí se narra la responsabilidad del músico que tuvo que mantener a su familia a los 16 años de edad. Su padre era depresivo y su madre falleció luego de una larga enfermedad. Sus maestros fueron Mozart y Haydn.



Inspiración

Ludwig van Beethoven y su séptima Sinfonía inspiraron varios momentos cinematográficos. El segundo movimiento, conocido como Allegretto, es una de las piezas más reconocidas en la historia de la composición musical. Las películas se percataron de esto en el año 1934 y, desde entonces, continúan utilizándola.
Una de las más recordadas en la historia del cine contemporáneo es la banda sonora de "La naranja mecánica" (1971), de Stanley Kubrick, reversionada por el músico Wendy Carlos. Destacó en concreto la Novena sinfonía en el uso del montaje cinematográfico.
"Fantasía" (1940) reúne piezas de música clásica animadas. Entre ellas, se encuentra Tchaikovsky, Bach, Stravinski, Schubert y por supuesto,  Beethoven, en este caso con su Sinfonía Pastoral. Para esta película se creó el sistema de sonido estereofónico denominado Fantasound (sonido multicanal).
El cine utilizó en sucesivas ocasiones fragmentos de sus sinfonías tales como la quinta, la sexta, la séptima y la novena especialmente, al igual que "Serenata a la luz de la luna" y "Para Elisa". Entre las películas de Hollywood más destacadas de las últimas décadas, las que utilizan música de Beethoven son:
"La sociedad de los poetas muertos", de Peter Weir (1988); "Misery", de Rob Reiner (1990); "Claroscuro", de Scott Hicks (1996); "El hombre que nunca estuvo allí", de los hermanos Coen (2001).



"Nostalgia"

Y en relación al cine europeo de autor podemos mencionar:

"India Song"(1975), de Marguerite Duras;" Muerte en Venecia"(1971), de Luchino Visconti; "Nostalgia"(1983), de Andrei Tarkovski.
El editor Zach Dennis exploró los la utilización de la séptima sinfonía en un videoensayo titulado "Cine en Allegretto: cómo el segundo movimiento en la séptima sinfonía de Beethoven es utilizado en el cine". Dennis narra la historia de la pieza, su arreglo y su efecto en la pantalla. Entre las películas mencionadas está "Lola" (Jaques Demy),“El discurso del Rey” (Tom Hopper) y "El pianista" (Roman Polanski).
En conclusión, desde sus años de formación hasta su consagración, la figura de Ludwig van Beethoven ha sido explorada por gran cantidad de directores desde perspectivas muy diferentes, aportando datos e interpretaciones sobre su fascinante universo musical que continúa siendo una fuente de inspiración inagotable.




Copiando a Beethoven

Amada inmortal


El expediente Beethoven


Los archivos de Beethoven



El 27 de abril de 1810, en Alemania, Ludwig van Beethoven compone su famosa pieza para piano, Para Elisa.


Para Elisa o también llamado Para Teresa (Therese) WoO 59 (Für Elise o Für Therese, en alemán) es una bagatela para piano solo, compuesta en la menor por el compositor alemán Ludwig van Beethoven. Es una de las obras más conocidas del compositor.​ La pieza fue publicada por primera vez en 1867 en una transcripción de Ludwig Nohl, supuestamente basada en un manuscrito autógrafo de cuya existencia no existe prueba alguna. El musicólogo y pianista Luca Chiantore ha demostrado en su monografía Beethoven al piano (Barcelona, 2010) que existen pruebas suficientes como para afirmar que Beethoven no fue quien dio la forma definitiva a esta obra, y que Ludwig Nohl se basó, en realidad, en los esbozos del conocido manuscrito 116 de la Beethoven Haus. (W)





Therese Malfatti von Rohrenbach zu Dezza





¿Qué dice?


Para Elisa
Duración: 2 minutos y 57 segundos.
Para Elisa, WoO 59.

Compases iniciales de Para Elisa.

Para Elisa o también llamado Para Teresa (Therese) WoO 59 (Für Elise o Für Therese, en alemán) es una bagatela para piano solo, compuesta en la menor por el compositor alemán Ludwig van Beethoven. Es una de las obras más conocidas del compositor.[1][2][3]​ La pieza fue publicada por primera vez en 1867 en una transcripción de Ludwig Nohl, supuestamente basada en un manuscrito autógrafo de cuya existencia no existe prueba alguna. El musicólogo y pianista Luca Chiantore ha demostrado en su monografía Beethoven al piano (Barcelona, 2010) que existen pruebas suficientes como para afirmar que Beethoven no fue quien dio la forma definitiva a esta obra, y que Ludwig Nohl se basó, en realidad, en los esbozos del conocido manuscrito 116 de la Beethoven Haus.[4]

Origen del nombre

Therese Malfatti, generalmente considerada la dedicatoria de «Für Elise»

Según una antigua teoría de Max Ünger, la pieza debería su popular nombre a la confusión de Ludwig Nohl a la hora de transcribir el manuscrito original. Debido a la mala legibilidad de la dedicatoria, donde parecía estar escrito «Elise» debe leerse, en realidad, «Therese». Así, la bagatela en realidad es «Para Teresa» («Für Therese»).[5]​ Therese podría ser Therese Malfatti von Rohrenbach zu Dezza (1792–1851), una joven alumna de Beethoven a la que se declaró en 1810 pero ella se casó con un noble y funcionario estatal austriaco, Wilhelm von Droßdik en 1816.[6]

Elisabeth Röckel, 1814

Según un estudio de 2010, Klaus Martin Kopitz sugiere que hay evidencias de que la pieza fuera compuesta para la soprano alemana Elisabeth Röckel (1793–1883), hermana de Joseph August Röckel, quien fuere esposa de Johann Nepomuk Hummel.[7]​ "Elisa" era como la llamaba un pastor (ella se hacía llamar "Betty" también) y había sido amiga de Beethoven desde 1808.[8]​ En 2015, Kopitz publicó más referencias sobre la relación entre Beethoven y Elizabeth en referencia a la pieza. Según el autor también era amiga cercana de Anna Milder-Hauptmann y vivía con ella en el Theater an der Wien. La cantante fue la primera que interpretó el papel principal de Fidelio, obra del mismo Beethoven. En una carta a Elizabeth ella la llama "Elisa".[9]

En 2014, la musicóloga canadiense Rita Steblin sugirió que Juliane Katharine Elisabet Barensfeld, quien utilizaba "Elise" como variante de su nombre, podría ser el objeto de la obra. Nacida en Ratisbona y tratada en su juventud como una niño prodigio realizó conciertos con el amigo de Beethoven Johann Nepomuk Mälzel, también de Ratisbona, y luego vivió en Viena, donde recibió lecciones con Antonio Salieri. Según Steblin, Beethoven habría dedicado la pieza a la niña de 13 años como un favor hacia Teresa Malfatti, que vivía en frente de la residencia de Mälzel y Barensfeld.[10]​ Steblin admite que los signos de interrogación permanecen para su hipótesis.[11]

Partitura

Primeros seis compases de la obra:

\new PianoStaff <<
  \time 3/8
  \new Staff = "up" {
    \tempo "Poco moto" 4=70
    \set Score.tempoHideNote = ##t
    \partial 8 e''16\pp dis''
    e'' dis'' e'' b' d'' c''
    a'8 r16 c' e' a'
    b'8 r16 e' gis' b'
    c''8 r16 e' e'' dis''
    e'' dis'' e'' b' d'' c''
  }

  \new Staff = "down" {
    \clef bass
    \set Staff.pedalSustainStyle = #'bracket
    \partial 8 r8
    R8*3
    a,16\sustainOn e a r8.
    e,16\sustainOff\sustainOn e gis r8.
    a,16\sustainOff\sustainOn e a r8.
    R8*3\sustainOn
  }
>>


"Für Elise" Performed by Lang Lang

VER TAMBIÉN:







ADEMÁS:



Ludwig van Beethoven, nacido el 16 de diciembre de 1770 en Bonn, Alemania, y fallecido el 26 de marzo de 1827 en Viena, fue un compositor y director de orquesta.


De niño veía reproducciones en los libros de historia de un rostro de un hombre enojado, huraño. Me llamaba la atención porque cuando uno se retrata presenta su "mejor rostro", siempre sonriendo y mirando al espectador. Ese hombre de mal carácter era Beethoven, el gran músico alemán.

La sinfonía del rostro adusto: Beethoven y la subversión del retrato ideado

Por Rubén Reveco - Editor

La infancia, territorio fértil para la sorpresa y la inquisición, a menudo encuentra en las imágenes de la historia un fascinante punto de inflexión. Entre reyes sonrientes, batallas glorificadas y arquitecturas majestuosas, un rostro, en particular, destacaba en mis libros de historia, no por su belleza o jovialidad, sino por su singular expresión de malestar perpetuo. El ceño fruncido, la mirada huraña, la palpable carga de un mundo interior complejo, contrastaban agudamente con la artificiosidad de los retratos que usualmente poblaban esas páginas. Era el rostro de Ludwig van Beethoven, el titán de la música alemana, y su presencia disonante me intrigaba profundamente, planteando preguntas sobre la naturaleza de la representación, la autenticidad del genio y la complejidad inherente a la condición humana.

La práctica del retrato, a lo largo de la historia, ha estado inextricablemente ligada a la idea de la construcción de una imagen idealizada. El retratado, consciente del escrutinio del espectador presente y futuro, busca proyectar una versión optimizada de sí mismo, una narrativa visual que resalte sus virtudes, su poder, su belleza o su intelecto. La sonrisa, en particular, se erige como un símbolo casi universal de benevolencia y accesibilidad, una invitación a la comunión y a la aceptación. Los reyes se retrataban con semblantes serenos pero benévolos, los aristócratas con aires de distinción y elegancia, los burgueses con orgullosa compostura, todos buscando perpetuar una imagen de estabilidad y control. En este contexto, la figura de Beethoven, con su rostro persistentemente adusto, emerge como una subversión deliberada de esta convención, una declaración implícita de que su grandeza no residía en la mera apariencia, sino en la profundidad y la intensidad de su espíritu.


La pregunta fundamental que se plantea ante la imagen de Beethoven es: ¿por qué no sonreía? ¿Por qué no intentaba ofrecer su "mejor rostro", según la costumbre social? La respuesta, sin duda, reside en la propia vida del compositor, una vida marcada por la genialidad, sí, pero también por la tragedia. Su creciente sordera, una cruel ironía para un músico, no solo lo aisló del mundo que amaba, sino que también le infligió un sufrimiento psicológico profundo. La pérdida de su audición lo sumió en la frustración, la melancolía y la desesperación, sentimientos que, inevitablemente, dejaron su huella en su rostro. El rostro de Beethoven no era, por lo tanto, una máscara de mal humor gratuita, sino una expresión genuina del dolor y la lucha que lo atormentaban.

Sin embargo, reducir la expresión de Beethoven a la mera manifestación de su sufrimiento sería una simplificación injusta. Su rostro también reflejaba una profunda introspección, una concentración intensa en su trabajo y una rebeldía innata contra las convenciones sociales. Beethoven, como artista, no se conformaba con complacer a su público; su ambición era trascender las limitaciones de la forma y la tradición, explorar las profundidades del alma humana y expresar verdades universales a través de su música. Esta búsqueda implacable de la perfección, esta lucha constante contra sus propias limitaciones y contra las expectativas de la sociedad, necesariamente le exigió un precio, un precio que se manifestó en la severidad de su semblante.

En este sentido, el rostro adusto de Beethoven se convierte en un símbolo de la autenticidad y la integridad artística. No se trata de una mera representación de su estado emocional, sino de una manifestación visible de su genio creativo. La tensión en sus facciones, la intensidad en su mirada, reflejan la pasión y la dedicación que lo impulsaron a crear obras maestras que han resonado a lo largo de los siglos. Su rostro, en definitiva, es una suerte de espejo de su música, una música que a menudo es dramática, tormentosa e incluso dolorosa, pero que siempre es profundamente conmovedora y transformadora.

Además, la elección de retratar a Beethoven con esta expresión poco convencional puede interpretarse como una declaración de la independencia del artista. En una época en la que el mecenazgo era fundamental para la supervivencia de los músicos, Beethoven se atrevió a desafiar las expectativas de la nobleza y a imponer su propia visión artística. Su independencia, su negativa a comprometer su integridad artística, se reflejaba en su personalidad y, por extensión, en la forma en que se permitía ser retratado. El rostro adusto de Beethoven, en este contexto, se convierte en un símbolo de la emancipación del artista, de su derecho a expresarse libremente, sin importar las consecuencias sociales.

En conclusión, la imagen de Beethoven con su rostro enojado y huraño, que tanto me intrigaba en mi infancia, es mucho más que una simple representación de un hombre de mal carácter. Es un retrato complejo y multifacético que refleja la tragedia de su vida, la intensidad de su genio creativo y su espíritu rebelde. Es una subversión deliberada de la convención del retrato idealizado, una declaración implícita de que la verdadera grandeza no reside en la apariencia, sino en la profundidad del alma. El rostro de Beethoven, al igual que su música, es un testimonio de la capacidad humana para trascender el sufrimiento y crear belleza a partir del caos, un recordatorio de que la autenticidad y la integridad artística a menudo exigen un precio, pero que el resultado final, una sinfonía de la expresión humana, vale la pena cada nota. 

La imagen del hombre adusto permanece en mi memoria, no como una advertencia, sino como una invitación a mirar más allá de la superficie y a apreciar la complejidad y la belleza que pueden encontrarse incluso en los rostros más difíciles.


Este retrato de Beethoven es un óleo sobre lienzo pintado en 1804 por Willibrord Joseph Mähler cuando Ludwig van Beethoven, con 34 años, gozaba de un gran prestigio como pianista en Viena y estaba componiendo su Sinfonía Nº3 en mi bemol mayor, op. 55 (conocida como Heroica).

Es el primero de cuatro retratos del compositor alemán pintados por el artista, nacido en el mismo barrio que la madre de Beethoven, María Magdalena van Beethoven, y que entraría a formar parte del grupo selecto de los "amigos de Bonn" de Beethoven, y los dos mantuvieron su amistad el resto de sus vidas.

Se cree que Beethoven tuviera un aprecio muy especial para este retrato ya que lo mantendría siempre a la vista de su escritorio, junto con él de su admirado abuelo, Ludwig van Beethoven, quien había sido maestro de capilla de la orquesta del príncipe elector de Colonia, realizado por Amelius Radoux.

La Biblioteca Pública de Nueva York posee una copia del retrato, pintada por un artista desconocido hacia 1808, que perteneció a Ferdinand Luib, dueño del Allgemeine Musikalische Zeitung, biógrafo de Franz Schubert, y quien lo habría regalado a Alexander Wheelock Thayer, uno de los primeros biógrafos de Beethoven. (W)

Doscientos cincuenta y cinco años han pasado desde el nacimiento en Bonn, Alemania, de uno de los grandes genios de la música clásica. Se trata de Ludwig van Beethoven, el pianista y compositor alemán, creador de inconfundibles y atemporales obras como son las sinfonías N°3 o "Heroica" (inicialmente dedicada a Napoleón Bonaparte), N°5 y N°9 o "Coral"; la bagatela "Para Elisa" (también conocida como "Para Teresa"), o la sonata para piano N°14 "Claro de luna", entre muchísimas otras.

"Sin duda Beethoven es una de las columnas básicas en lo que es la historia de la música de todos los tiempos. Todos esos elementos que vienen del pre barroco, barroco, del período clásico, eventualmente confluyen en Beethoven, que se convierte en un compositor romántico, pero el más clásico de los románticos", sostiene Rodolfo Saglimbeni, director de la Orquesta Sinfónica Nacional, de Chile. 

Fue contemporáneo de Wolfgang Amadeus Mozart, pero no está claro si alguna vez llegaron a conocerse. Aunque no existe documentación histórica que acredite que nació el 16 de diciembre de 1770, esa es la fecha generalmente aceptada, ya que su bautizo fue registrado un día después. Llegó al mundo en el seno de una familia de procedencia humilde y con tradición musical. Su abuelo, también llamado Ludwig, fue músico, en tanto que su padre, Johann, era tenor, pero daba clases de piano y violín para ganar dinero. Precisamente habría sido su estricto padre el que se dio cuenta del talento musical de Beethoven, quien a los seis años ofreció su primera actuación pública. 

Cinco años después comenzó a trabajar como organista y a los 17 viajó a Viena, entonces el centro de la música mundial, y donde posteriormente se instaló de forma definitiva. En la capital austriaca tocaba el piano en los salones de la nobleza y recién a comienzos del siglo XIX comenzó a hacerse conocida su faceta como compositor, de la cual pudo subsistir gracias al apoyo económico de importantes arstócratas. 

Un verdadero "rockstar" 

Uno de los rasgos más característicos de Beethoven fue su conocida sordera, cuya causa no se conoce con certeza. Comenzó como un tinnitus cuando era un veinteañero y con el paso del tiempo fue empeorando, al punto que afectó no solo su trabajo -cuando estrenó la Novena Sinfonía, con su Oda a la Alegría, no pudo oír los aplausos del público- sino que también su vida social -se aisló cada vez más del mundo que lo rodeaba-, por lo que pensó quitarse la vida. 

Pero no lo hizo y continuó componiendo. Sin embargo, su salud era precaria y fue declinando hasta que el 26 de marzo de 1827 se produjo su deceso. Tenía 56 años. 

Según Deutsche Welle (DW), en su lecho de muerte Beethoven habría dicho: "Es una lástima, una lástima, ¡demasiado tarde!". El genio se refería a unas botellas de vino que recién le habían entregado y que no podría beber. 

20.000 personas habrían asistido a su funeral

Su funeral fue multitudinario y a él asistieron unas 20 mil personas, de acuerdo al medio alemán. "Se cerraron las escuelas (...) Su féretro fue acompañado por los músicos y artistas más importantes de Viena, entre ellos Franz Schubert y el poeta Franz Grillparzer, quienes escribieron un tributo conmovedor que recitó el actor Heinrich Anschütz", señaló DW. 

La obra de Beethoven es muy amplia e incluye nueve sinfonías, cinco conciertos para piano, uno para violín, 16 cuartetos de cuerdas, 32 sonatas para piano, la ópera "Fidelio", así como la Misa en do mayor op. 86 y la Missa Solemnis op.123. Muchas de sus creaciones han marcado el curso de la cultura popular universal, como por ejemplo los compases de la Novena Sinfonía que usó Stanley Kubrick para curar los impulsos violentos de Alex DeLarge en "La Naranja Mecánica". (Fuente)

Retratos de Beethoven





El retrato más famoso. Esta imagen corresponde a Ludwig van Beethoven, pintado por el pintor alemán Joseph Karl Stieler (1781-1858). Recibió sus primeras enseñanzas de pintura de su padre y, luego de su muerte, fue autodidacta. Trabajó en la corte de Bavaria y se dedicó a pintar miniaturas.







Beethoven y la IA

Leonardo da Vinci y Ludwig van Beethoven, figuras colosales en el panteón artístico, han resurgido en la era digital gracias a la Inteligencia Artificial (IA). La fascinación que inspiran sus obras, sumada a la riqueza de datos disponibles sobre sus vidas y estilos, los ha convertido en sujetos predilectos para los algoritmos creativos.
La IA, alimentada por vastas bases de datos de obras pictóricas de Leonardo, puede generar nuevas interpretaciones que emulan su técnica y estética. De manera similar, los algoritmos analizan las composiciones de Beethoven, identificando patrones y estructuras melódicas para crear piezas musicales que emulan su estilo característico.

Esta recreación digital plantea cuestiones fascinantes. ¿Puede la IA capturar la esencia del genio? ¿Son estas imitaciones un mero ejercicio técnico o una forma genuina de explorar la creatividad? Si bien la IA puede replicar patrones y estilos, la originalidad y la profundidad emocional que caracterizaron a Leonardo y Beethoven siguen siendo elusivas.
La recreación digital de Leonardo y Beethoven por la IA representa un hito en la intersección del arte y la tecnología. Aunque estas recreaciones distan de ser una sustitución del genio original, abren un abanico de posibilidades para la exploración artística y la reinterpretación de legados culturales, invitándonos a reflexionar sobre la naturaleza misma de la creatividad y la inteligencia artificial.




Beethoven y su claro de Luna.






Hoy celebramos los 200 años de la obra musical más impresionante que ha creado un artista. El 7 de mayo de 1824, fue la primera audición de la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven.

Texto de Martín Susnik, vía Aleteia.

Un día como hoy, 7 de mayo, pero de 1824 Ludwig Van Beethoven estrenaba su célebre Novena Sinfonía en re menor op. 125, una de las obras más emblemáticas no sólo del compositor sino de toda la historia de la música occidental.

Además, el 9 de este mes la Unión Europea celebra el “Día de Europa” en recuerdo de la denominada Declaración Schuman, en la que el ministro de exteriores francés dio el primer paso hacia la integración de los Estados europeos.

Y, como es sabido, primero en 1972 el Consejo de Europa convirtió el tema de la «Oda a la Alegría», procedente de la Novena Sinfonía de Beethoven, en su himno, y luego, en 1985, fue adoptado por los dirigentes como himno oficial de la Unión Europea en adaptación de Von Karajan.



En ocasión de este doble aniversario compartiremos nueve curiosidades, algunas más conocidas que otras, de la célebre obra del músico alemán.

1) Compuesta y ¿dirigida? por un sordo, Beethoven 

Aquel día Viena estaba expectante por la que iba a ser la primera aparición pública de Ludwig van Beethoven en doce años. Se trataba del estreno en el Teatro Imperial de su Sinfonía Nº 9. Sin embargo, para ese entonces Beethoven ya estaba completamente sordo, debido a lo cual no pudo oír la interpretación de su monumental obra.

No obstante se cuenta que el compositor estaba sentado en la orquesta y se suponía que dirigía la ejecución. De todas maneras Michael Umlauf, el maestro de capilla y quien de hecho llevaba a cabo la dirección, dijo a sus músicos que no prestaran atención a Beethoven cuando marcara los tiempos.

El gran Ludwig siguió el estreno inmerso en la lectura de una copia de la partitura e imaginando en su mente los sonidos. Al finalizar el concierto la gente estalló en aplausos, pero Beethoven no podía escucharlos y continuaba sumergido en los pentagramas. Uno de los solistas lo tocó del brazo para alertarle y entonces Beethoven pudo ver a la multitud aplaudiendo.

Se inclinó y saludó al público por última vez. Después de aquella presentación de la que sería su última sinfonía, Beethoven se retiró de la vida pública. Fallecería tres años después.

Escena libre de la anécdota en la película “Amada Inmortal”:

2) Demasiada ovación

El éxito del estreno de la Novena Sinfonía fue absoluto, a punto tal que el público ovacionó la obra con repetidas andanadas de aplausos y con sus pañuelos al aire.

Sin embargo, cuando los asistentes estallaron en gritos y aplausos por quinta vez, el comisionado de policía se vio en la obligación de exigir silencio. Y es que tres andanadas de aplausos eran la norma para la familia imperial, de modo que no era prudente que Beethoven obtuviera cinco.

3) Una obra revolucionaria

Quizás hoy sea considerada una de las mayores obras de la música “tradicional”, pero en su momento significó una verdadera ruptura con la tradición. Por aquel entonces las sinfonías clásicas eran compuestas con una duración que habitualmente no superaba la media hora (aunque el mismo Beethoven ya había compuesto algunas más largas) y seguían una estructura clásica en sus cuatro movimientos: Allegro, Adagio, Scherzo, Allegro.

La obra de Beethoven fue un caso extraordinario, pues su duración supera la hora de ejecución y además, si bien en apariencia sigue la estructura tradicional con sus cuatro movimientos, éstos son desarrollados de manera completamente original, logrando una nueva experiencia de la música sinfónica. Sus transformaciones rítmicas son constantes y rompen con el sentido del equilibrio y la mesura del clasicismo.

Además, en “la Novena” Beethoven –el último de los clásicos y el primero de los románticos– introdujo por primera vez la percusión en una sinfonía, dotándola así de una particular potencia emocional.

Otra importante innovación es desde luego la inclusión del coro y los solistas en el cuarto movimiento, pero ello merece una mención aparte.

4) Una sinfonía “coral” y con texto

En el último movimiento Beethoven introdujo en su obra a cuatro solistas y un coro, quienes interpretan el texto de “An die Freude” (“[Oda] a la Alegría”) del poeta alemán Johann Christoph Friedrich von Schiller. El poema es de 1785, ligeramente anterior a la Revolución Francesa, y apela a la unión y la fraternidad entre todos los hombres: “¡Alegría, bella chispa divina, hija del Elíseo! ¡Penetramos ardientes de embriaguez, oh diosa celestial, en tu santuario! Tus encantos atan los lazos que la rígida costumbre ha separado y todos los hombres serán hermanos bajo tus alas bienhechoras.”

No fue Beethoven el primero en musicalizar el texto. Ya Franz Schubert en 1815 había puesto música a aquellos versos (D 189), pero la versión de Beethoven se convirtió en la definitiva sin lugar a dudas. De hecho, el compositor agregó algo de texto propio, que es lo que se oye cuando entra el barítono. “¡Oh amigos, dejemos esos tonos! ¡Entonemos cantos más agradables y llenos de alegría! ¡Alegría! Alegría!”. Después, inmediatamente, comienza el texto de Schiller, que también sufrió algunas modificaciones por exigencias de métrica.

(René Pape, Jonas Kaufmann, Waltraud Meier y Anne Schwanewilms bajo la batuta de Daniel Barenboin).

5) Recepción dispar

Aunque Viena lo aplaudió con sumo entusiasmo, en otras ciudades donde se presentó después la sinfonía, no tuvo al comienzo tanto éxito. Algunos directores rehusaron montarla porque consideraban que Beethoven la había compuesto ya sordo y que eso se hacía notar en la partitura. Curiosamente, algunos críticos consideraban que el cuarto movimiento –hoy por hoy el más célebre- opacaba el resto de la sinfonía y la tendencia en el siglo XIX fue a obviar la parte coral y sólo tocar los primeros tres movimientos.

6) Novena Sinfonía, una obra utilizada por todos

A diferencia del siglo XIX, el siglo XX manifestó mucho aprecio por la obra, a punto tal que fue utilizada por ideologías de lo más diversas e incluso antagónicas. Durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, la Novena fue la pieza sinfónica más tocada en ambos bandos. Toscanini, opuesto al fascismo y exiliado en Estados Unidos, la incluía regularmente en su repertorio.

Pero también un músico oficial del régimen de Mussolini como Pietro Mascagni solía dirigirla en multitudinarios conciertos. También lo hizo en el París ocupado un joven Herbert von Karajan, que era entonces miembro del partido nazi. Incluso fue la pieza escogida por la radio alemana para anunciar el suicidio de Hitler en 1945. En los juegos olímpicos de 1956 y 1964, por su parte, sonó como himno común para los equipos de las dos repúblicas alemanas.

Mención especial merece la interpretación en Berlín bajo la batuta de Leonard Bernstein, pocas semanas después de la caída del muro en 1989. El concierto se llevó a cabo con una orquesta formada por músicos de las dos Alemanias y en la oda final la palabra Freude (“alegría”) fue reemplazada por Freiheit (“libertad”). “Beethoven habría dado su bendición”, declaró entonces el director estadounidense.


7)  Simple y compleja

La melodía del Himno a la Alegría es en principio sumamente simple. Es fácil de cantar y de recordar. Incluso un infante puede interpretar su secuencia de notas sin mayores dificultades al comenzar sus estudios instrumentales dado que prácticamente no sale de las cinco primeras notas de una escala mayor.

En ese sentido, la melodía tiene un rasgo popular y una llamativa sencillez. A la par, el tratamiento que Beethoven hace del leit-motiv es de no poca complejidad, como sucede con la sinfonía en su conjunto. La instrumentación no sólo es monumental, sino que se trata de una partitura muy exigente para todos los músicos.

8) ¿Una melodía no tan original?

La composición de la oda final no fue para Beethoven un proceso sencillo. Se cuenta que realizó más de doscientas reescrituras. Sin embargo, lo esencial de la melodía ya vivía en la mente y el corazón del compositor desde hace mucho tiempo antes y ya lo había utilizado él mismo en algunas obras anteriores.

El famoso tema de la alegría se deja adivinar en la segunda parte del lied Seufzer eines Ungeliebten und Gegenliebe publicado en 1796, basado en un poema centrado en un amor no correspondido.


La melodía aparece en el minuto 2:56

Doce años después Beethoven prepara un concierto en el que se estrenaban su Quinta y Sexta sinfonías. Allí presenta también su “Fantasía Coral” Op. 80 donde toma como tema de su segundo movimiento finale ese mismo tema del lied, presentado primeramente por el piano (que en el estreno fue interpretado por el mismo Beethoven) y al que siguen unas variaciones en que interviene la orquesta, para terminar con una brillante intervención de los solistas y coro, celebrando el poder divino de la música.


(Versión de Seiji Ozawa y Martha Argerich. Apréciese lo mencionado especialmente a partir del minuto 17.00).

Finalmente, con algunas variaciones en la melodía, retomó el tema en el mundialmente conocido y épico cuarto movimiento de la Novena, su última sinfonía.

9) La Novena y los discos compactos

Cuando en la década del 80 aparecieron los CDs, más allá de algunas idas y vueltas, se estableció que su duración fuese de 74 minutos. ¿Por qué? Porque de esa manera era posible grabar en un solo disco precisamente la Novena Sinfonía de Beethoven completa, sin necesidad de dividirla en un disco doble.

Hasta allí llegó la influencia de esta notable obra, patrimonio cultural de Europa y de la humanidad entera, con la cual somos llamados a hermanarnos inspirados por la música de uno de los mayores talentos artísticos de todos los tiempos.



Hoy se cumplen 250 años del nacimiento del compositor y pianista alemán Ludwig van Beethoven.

Ludwig van Beethoven nació el 16 de diciembre de 1770 en la ciudad alemana de Bonn, a bastante distancia del epicentro musical de Europa, Viena. Su padre, un músico al que le gustaba beber, le enseñó a tocar el piano y el violín, por lo que a corta edad ya se apreciaba su gran talento, lo que posibilitó que viajara a Viena para estudiar con los maestros, sobre todo, con el gran Mozart. Aparentemente tenía mucho interés en conocer a Wolfgang Amadeus Mozart.


FUENTE

A la edad de doce años, Beethoven era un pianista prometedor y un alumno talentoso en la composición del organista de la corte Christian Gottlob Neefe (1748-1798).

Pese a todo, Beethoven nunca conocería a Mozart, pues tuvo que volver a Bonn para estar al lado de su madre que estaba muy enferma y que murió poco meses después. Su padre murió en 1792. A pesar de que nunca se conocerían personalmente, se convirtió en alumno de uno de los mejores amigos de Mozart, Joseph Haydn. Sin embargo, Beethoven no estaba totalmente satisfecho con las enseñanzas de Haydn (de hecho se llevaban bastante mal), y recurrió a músicos de menor talento para recibir instrucción adicional.

Beethoven se encontró trabajando en privado, componiendo piezas por cuenta propia para varias personas que quisieran comprar su trabajo. En 1795 aparecieron sus primeros trabajos publicados maduros, y su carrera se lanzó oficialmente. Gracias a esto se hizo bastante famoso en toda la ciudad y muchos lo buscaban por su talento.

Cuando se encontraba en la veintena, un dolor de oído horrible hacía presagiar lo peor. Los médicos le dijeron que perdería la audición. En 1814 se quedó sordo, lo que para cualquier otro compositor habría sido el final de su carrera. Pero no para él. Beethoven no era cualquier compositor y continuó componiendo más obras.

Con todo, sí que es cierto que el músico admitió haber tenido pensamientos suicidas por culpa de la sordera, al no podía disfrutar de la música de la misma forma que antes. Pero, como tenía mucha música en la cabeza para escribir, decidió continuar con su tarea.



Su padre quería convertirlo en niño prodigio

De hecho, para asegurarse de que el joven Beethoven era incluso más brillante y precoz de lo que ya de por sí era, su madre mentía a todo el mundo sobre su edad, diciendo que era dos años más joven. Y es que, tan pronto como detectó las dotes para la música de su hijo, el padre de Beethoven, que era un modesto músico aficionado al alcohol, solo tenía un objetivo en la vida: convertir a su hijo en un prodigio de la música, un personaje famoso del que obtener beneficios, de ahí que le obligara a practicar horas y horas tanto al piano como al violín y le castigara físicamente cuando se equivocaba en alguna nota.

Tuvo 6 hermanos

Hay detalles de la vida personal de Beethoven que suelen pasarse por alto. Como este. Llegó a tener seis hermanos, pero lamentablemente, cuatro de ellos murieron a lo largo de su vida.

Compuso una obra tras la muerte de un perro

“Elegía por la muerte de un perro de aguas” fue compuesta en 1790, es decir, cuando tenía 12 años. En esa época ya componía piezas con nombres divertidos como "Lied an einen Säugling" (Canción para un bebé) y, más tarde, "Elegie auf den Tod eines Pudels" (Elegía por la muerte de un perro de aguas). Se desconoce la identidad del perrito.

Su primera sinfonía

Fue a la edad de 29 años cuando debutó con su Sinfonía n1º en Do Mayor, op. 21 que se realizó por primera vez en el Burgtheater de Viena en abril de 1800. Es la primera de las nueve sinfonías de Beethoven y fue dedicada al barón Vam Swieten, melómano y amigo de Mozart .

Goethe y él eran buenos amigos

El poeta alemán Johann Wolfgang von Goethe y Beethoven eran grandes amigos, y solían salir a pasear por el campo, una afición que compartían, para relajarse y meditar. Le gustaba mucho alejarse de la vida social y disfrutar del contacto con la naturaleza.

Su vida amorosa

Era un hombre muy enamoradizo. Eleonore von Breuning, Giuletta Guicciardi, las hermanas von Brunsvik, Magdalena Willman, Antonie Brentano... pero tanto sus orígenes modestos como su inestable carácter impidieron que ninguna de estas relaciones fructificara en matrimonio. Uno de sus grandes amores fue Joséphine von Brunsvik, quien la inspiró para escribir su ópera Fidelio o El triunfo del amor matrimonial. Pero la familia de la joven se opuso a una boda con un músico plebeyo. Beethoven le escribió al menos 15 cartas de amor.

Escribió su testamento a los 30 años

Beethoven decidió dejar testamento muy joven, apenas con 30 años. ¿Por qué motivo? La creciente sordera que le azotaba le hacía temer lo peor; algo que motivó esta temprana decisión. Se conoce como Testamento Heiligenstadt, y se publicó en 1828.

Nadie sabe realmente por qué se quedó sordo

Lo que sí sabemos es que comenzó a perder la audición cuando tenía solo 26 años, en la cima de su carrera, y que estaba completamente sordo en el momento de su muerte. ¿Qué ocurrió? Sufría de una forma grave de tinnitus o acúfeno, lo que significa que escuchaba un "zumbido" importante en el oído. A los 46 se quedó completamente sordo. Una autopsia después de su muerte en 1827 concluyó que tenía "oído interno distendido" que le produjo lesiones con el tiempo. Afectó primero a su oído izquierdo y luego se extendió a ambos.

El hombre de las mil enfermedades

El músico alemán fue muy propenso a estar enfermo y pasó la mayor parte de su vida padeciendo una gran variedad de dolencias como colitis, reumatismo, fiebre reumática, tifus, trastornos de la piel, abscesos, una serie de infecciones, oftalmia, degeneración inflamatoria de las arterias, ictericia, hepatitis crónica y cirrosis hepática.

Tenía costumbres... peculiares

Sus hábitos personales eran cuanto menos extravagantes. A pesar de que se solía bañar a menudo, utilizaba ropa sucia tras el baño. Tampoco solía vaciar el orinal (que colocaba debajo del piano) y dejaba los platos de comida a medio terminar repartidos por toda la casa. Incluso llegaba a tirar la comida por la ventana o estrellarla contra la pared cuanto algo no le gustaba o no había sido preparado debidamente. Le encantaba el pescado, por lo que si sentía simpatía por alguien, le invitaba a comer pescado (aunque no le gustara). Eso sí; comía muchísimo. Solía confundir cantidad con calidad.

Y un problema con el alcohol

Al igual que su padre, que era alcohólico, Beethoven tuvo algo más que una relación casual con el alcohol. Afortunadamente nunca afectó negativamente a sus composiciones pero incluso una vez fue arrestado confundido con un vagabundo borracho por un policía desprevenido que no lo reconoció. Recordemos que su autopsia reveló un hígado destrozado por la cirrosis, a causa de la severa ingesta de alcohol.

Fue un músico revolucionario

Su aparición en la escena musical supuso un cataclismo brutal, como si hubiera inventado un nuevo género musical. La era del clasicismo vienés llegó a su fin con él. Fue considerado un revolucionario musical y un pionero del romanticismo. Era muy perfeccionista; revisaba y corregía una y otra vez hasta altas horas de la noche. Escribió un coro en su Sinfonía n.º 9, algo que nunca antes se había hecho. Se hizo famoso por sus composiciones dramáticas y cortas, como evidencia la apertura de su famosa Quinta Sinfonía. Otro ejemplo: antes de él, la mayoría de los conciertos para piano duraban unos 20-30 minutos, “El emperador” dura 40. Era diferente, original, complejo y es que Beethoven siempre se negó a adaptarse a lo establecido. Hubo un antes y un después en la música gracias a Beethoven.

Un genio de la improvisación

Aunque todos los reconocían como bastante indisciplinado como alumno, lo cierto es que era un genio de la improvisación (hasta que se quedó sordo). Albrechtsberger, quien le enseñó composición, le dijo a su alumno: "Es un librepensador de música exaltado, no se mezcle con él: no ha aprendido nada y nunca hará algo digno". Pero Beethoven, que unos años más tarde ya sería imbatible en el duelo de improvisaciones pianísticas, nunca dio importancia a esas críticas. Y el resto, es historia.

Pero tenía muy mal carácter

Su mal genio le caracterizaba. Su temperamento fue el que le llevó a arrancar la primera página de su manuscrito dedicado a Napoleón Bonaparte, la Sinfonía nº 3 y borró el nombre de Napoleón. Tenía estallidos de ira que asustaban a cualquiera, pero no siempre era así. También podía ser divertido y elocuente. Una vez dijo a los que criticaban su música que “la disfrutarían más tarde” (pensando en el futuro). Aunque claro, cuando comenzó a perder la audición, trató de ocultarlo durante mucho tiempo por si dañaba su profesión. De ahí que pareciera distante y frío. No era a posta: apenas podía escuchar nada de lo que le decían.

Beethoven y Kubrick

¿Sabías que el director cine Stanley Kubrick inmortalizó a Beethoven en su película Eyes Wide Shut de 1999? La contraseña para poder acceder a la ceremonia oculta era "Fidelio", la ópera de Beethoven. Relacionado con la película, Kubrick murió justo antes de su estreno, el 7 de marzo de 1999, al sufrir un infarto mientras dormía.

Su música en el cine

Sus composiciones aparecen en numerosas películas conocidas, incluidas “El discurso del rey”, “El hombre que susurraba a los caballos”, “El mundo Perdido: Jurassic Park”, Ace Ventura, un detective diferente”, “George de la jungla”, “Fiebre del sábado noche”, “Star Trek: Insurrección” o “El club de los poetas muertos”.

¿Cuántas obras compuso en total?

Existen 138 obras musicales compuestas por Beethoven (y ordenadas por números conocidos como opus), pero también hay otras 205 obras que no tienen número de opus y que fueron publicadas después de la muerte del compositor. Algunas de las obras más importantes de Beethoven fueron compuestas en la última década de su vida, momento en el que estaba completamente sordo.



"Así golpea el destino a mi puerta" contentó Beethoven cuando le preguntaron que significaban los primeros compases de su Quinta Sinfonía.





La Sinfonía Nº5 en Do menor, op. 67, de Ludwig van Beethoven fue compuesta entre 1804 y 1808. Consta de cuatro movimientos: empieza con un allegro de sonata, continúa con un andante y termina con un scherzo que enlaza directamente con el finale, un elemento de continuidad musical muy novedoso y original.
El primer movimiento (Allegro vivace) de esta sinfonía constituye además un ejemplo paradigmático de la forma sonata, y enlaza así con nuestra serie de artículos dedicados a esta forma musical.



El estreno de la Quinta de Beethoven


La Quinta de Beethoven fue estrenada en un concierto de más de cuatro horas de duración celebrado en el Teatro An der Wien de Viena. Compartían cartel, entre otros, los estrenos de la Sinfonía nº 6 “Pastoral”, el Concierto para piano nº 4 en Sol mayor y la Fantasía coral, op. 80, del compositor de Bonn.
La escasa preparación del concierto (se efectuó un único ensayo), el frío invernal que reinaba en la sala y el cansancio de público y músicos por la larga duración del programa fueron responsables de una mediocre ejecución y de la distante acogida que el público tributó a la sinfonía, según nos relata Johann Friedrich Reichart, Kapellmeister del príncipe Lobkowitz y compañero de palco de éste durante aquella velada.
A pesar de este poco prometedor debut, sucesivas (y mejor planificadas) presentaciones de la obra cimentaron la fama de la obra en tierras germanas, como paso previo a su difusión internacional, más intensa tras la muerte del compositor. Relegada a un segundo puesto en el favor del público en una primera etapa por la Tercera y la Séptima, pronto se convertiría en la sinfonía beethoveniana más frecuentada en las salas de concierto y una de las más populares de todos los tiempos, circunstancias que se vieron acrecentadas aún más durante la II Guerra Mundial, entre otras razones por el nuevo sentido que le encontró el bando aliado al ritmo del famoso motivo inicial de cuatro notas: los tres valores cortos más el largo significaban en el código Morse la “V” de “victoria” (••• –).


Primer movimiento








Texto de Claudio Naranjo




Sarah Willis echa un vistazo a una de las piezas musicales más emblemáticas del mundo, la Quinta Sinfonía de Ludwig van Beethoven, con la ayuda del director François-Xavier Roth y su orquesta Les Siècles en el Beethovenfest de Bonn.


LA SINFONÍA N° 5 DE BEETHOVEN

Por Daisy Fancourt

Durante la Segunda Guerra Mundial, el motivo de apertura de la Sinfonía N° 5 de Beethoven se convirtió en un poderoso símbolo para las fuerzas aliadas. El patrón rítmico de ‘corto-corto-corto-largo’ correspondía en el código morse a la letra ‘v’ de ‘victoria’, que era un reconocido símbolo del esfuerzo bélico, mayormente realizado por Winston Churchill cuando formaba una ‘v’ con los dedos índice y medio de su mano derecha levantada. También fue adoptado como símbolo nacional norteamericano después de la guerra junto con el águila calva.

Si bien quizás resulta irónico que una pieza musical alemana se convirtiera en una fuente de consuelo de las tropas británicas en particular durante los bombardeos de Inglaterra, mucha gente disfrutaba de la ironía de que una música alemana proporcionara una fuerza estimulante para el esfuerzo bélico. El mismo Beethoven era un paladín de la libertad personal y un símbolo de resistencia ante la dictadura, y se alejó de Napoleón en 1804 cuando éste se autoproclamó “Emperador de los franceses”.

Los franceses también adoptaron la Sinfonía N° 5 de Beethoven como un ícono de solidaridad y resistencia. Durante el peor bombardeo alemán sobre Londres en la primavera de 1941, Maurice van Moppes escribió la letra para los primeros compases de la sinfonía y la denominó La chanson des V (“La canción de la ‘V’”). La canción fue transmitida por la Radio-Londres el 1 de junio de 1944, cuando las fuerzas aliadas le enviaron los primeros mensajes a Francia para que se preparara para el ataque. También se incluyó un volante intitulado Chansons de la BBC que la Royal Air Force (la fuerza aérea británica) lanzó desde paracaídas en Francia con el fin levantar el ánimo, alentar a la resistencia y demostrar el apoyo a los británicos.



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