Ramón Gener
Anexo
Amada inmortal
El 27 de abril de 1810, en Alemania, Ludwig van Beethoven compone su famosa pieza para piano, Para Elisa.

Para Elisa o también llamado Para Teresa (Therese) WoO 59 (Für Elise o Für Therese, en alemán) es una bagatela para piano solo, compuesta en la menor por el compositor alemán Ludwig van Beethoven. Es una de las obras más conocidas del compositor.[1][2][3] La pieza fue publicada por primera vez en 1867 en una transcripción de Ludwig Nohl, supuestamente basada en un manuscrito autógrafo de cuya existencia no existe prueba alguna. El musicólogo y pianista Luca Chiantore ha demostrado en su monografía Beethoven al piano (Barcelona, 2010) que existen pruebas suficientes como para afirmar que Beethoven no fue quien dio la forma definitiva a esta obra, y que Ludwig Nohl se basó, en realidad, en los esbozos del conocido manuscrito 116 de la Beethoven Haus.[4]
Origen del nombre

Según una antigua teoría de Max Ünger, la pieza debería su popular nombre a la confusión de Ludwig Nohl a la hora de transcribir el manuscrito original. Debido a la mala legibilidad de la dedicatoria, donde parecía estar escrito «Elise» debe leerse, en realidad, «Therese». Así, la bagatela en realidad es «Para Teresa» («Für Therese»).[5] Therese podría ser Therese Malfatti von Rohrenbach zu Dezza (1792–1851), una joven alumna de Beethoven a la que se declaró en 1810 pero ella se casó con un noble y funcionario estatal austriaco, Wilhelm von Droßdik en 1816.[6]

Según un estudio de 2010, Klaus Martin Kopitz sugiere que hay evidencias de que la pieza fuera compuesta para la soprano alemana Elisabeth Röckel (1793–1883), hermana de Joseph August Röckel, quien fuere esposa de Johann Nepomuk Hummel.[7] "Elisa" era como la llamaba un pastor (ella se hacía llamar "Betty" también) y había sido amiga de Beethoven desde 1808.[8] En 2015, Kopitz publicó más referencias sobre la relación entre Beethoven y Elizabeth en referencia a la pieza. Según el autor también era amiga cercana de Anna Milder-Hauptmann y vivía con ella en el Theater an der Wien. La cantante fue la primera que interpretó el papel principal de Fidelio, obra del mismo Beethoven. En una carta a Elizabeth ella la llama "Elisa".[9]
En 2014, la musicóloga canadiense Rita Steblin sugirió que Juliane Katharine Elisabet Barensfeld, quien utilizaba "Elise" como variante de su nombre, podría ser el objeto de la obra. Nacida en Ratisbona y tratada en su juventud como una niño prodigio realizó conciertos con el amigo de Beethoven Johann Nepomuk Mälzel, también de Ratisbona, y luego vivió en Viena, donde recibió lecciones con Antonio Salieri. Según Steblin, Beethoven habría dedicado la pieza a la niña de 13 años como un favor hacia Teresa Malfatti, que vivía en frente de la residencia de Mälzel y Barensfeld.[10] Steblin admite que los signos de interrogación permanecen para su hipótesis.[11]
Partitura
Primeros seis compases de la obra:

La sinfonía del rostro adusto: Beethoven y la subversión del retrato ideado
Por Rubén Reveco - Editor
La infancia, territorio fértil para la sorpresa y la inquisición, a menudo encuentra en las imágenes de la historia un fascinante punto de inflexión. Entre reyes sonrientes, batallas glorificadas y arquitecturas majestuosas, un rostro, en particular, destacaba en mis libros de historia, no por su belleza o jovialidad, sino por su singular expresión de malestar perpetuo. El ceño fruncido, la mirada huraña, la palpable carga de un mundo interior complejo, contrastaban agudamente con la artificiosidad de los retratos que usualmente poblaban esas páginas. Era el rostro de Ludwig van Beethoven, el titán de la música alemana, y su presencia disonante me intrigaba profundamente, planteando preguntas sobre la naturaleza de la representación, la autenticidad del genio y la complejidad inherente a la condición humana.
La práctica del retrato, a lo largo de la historia, ha estado inextricablemente ligada a la idea de la construcción de una imagen idealizada. El retratado, consciente del escrutinio del espectador presente y futuro, busca proyectar una versión optimizada de sí mismo, una narrativa visual que resalte sus virtudes, su poder, su belleza o su intelecto. La sonrisa, en particular, se erige como un símbolo casi universal de benevolencia y accesibilidad, una invitación a la comunión y a la aceptación. Los reyes se retrataban con semblantes serenos pero benévolos, los aristócratas con aires de distinción y elegancia, los burgueses con orgullosa compostura, todos buscando perpetuar una imagen de estabilidad y control. En este contexto, la figura de Beethoven, con su rostro persistentemente adusto, emerge como una subversión deliberada de esta convención, una declaración implícita de que su grandeza no residía en la mera apariencia, sino en la profundidad y la intensidad de su espíritu.
La pregunta fundamental que se plantea ante la imagen de Beethoven es: ¿por qué no sonreía? ¿Por qué no intentaba ofrecer su "mejor rostro", según la costumbre social? La respuesta, sin duda, reside en la propia vida del compositor, una vida marcada por la genialidad, sí, pero también por la tragedia. Su creciente sordera, una cruel ironía para un músico, no solo lo aisló del mundo que amaba, sino que también le infligió un sufrimiento psicológico profundo. La pérdida de su audición lo sumió en la frustración, la melancolía y la desesperación, sentimientos que, inevitablemente, dejaron su huella en su rostro. El rostro de Beethoven no era, por lo tanto, una máscara de mal humor gratuita, sino una expresión genuina del dolor y la lucha que lo atormentaban.
Sin embargo, reducir la expresión de Beethoven a la mera manifestación de su sufrimiento sería una simplificación injusta. Su rostro también reflejaba una profunda introspección, una concentración intensa en su trabajo y una rebeldía innata contra las convenciones sociales. Beethoven, como artista, no se conformaba con complacer a su público; su ambición era trascender las limitaciones de la forma y la tradición, explorar las profundidades del alma humana y expresar verdades universales a través de su música. Esta búsqueda implacable de la perfección, esta lucha constante contra sus propias limitaciones y contra las expectativas de la sociedad, necesariamente le exigió un precio, un precio que se manifestó en la severidad de su semblante.
En este sentido, el rostro adusto de Beethoven se convierte en un símbolo de la autenticidad y la integridad artística. No se trata de una mera representación de su estado emocional, sino de una manifestación visible de su genio creativo. La tensión en sus facciones, la intensidad en su mirada, reflejan la pasión y la dedicación que lo impulsaron a crear obras maestras que han resonado a lo largo de los siglos. Su rostro, en definitiva, es una suerte de espejo de su música, una música que a menudo es dramática, tormentosa e incluso dolorosa, pero que siempre es profundamente conmovedora y transformadora.
Además, la elección de retratar a Beethoven con esta expresión poco convencional puede interpretarse como una declaración de la independencia del artista. En una época en la que el mecenazgo era fundamental para la supervivencia de los músicos, Beethoven se atrevió a desafiar las expectativas de la nobleza y a imponer su propia visión artística. Su independencia, su negativa a comprometer su integridad artística, se reflejaba en su personalidad y, por extensión, en la forma en que se permitía ser retratado. El rostro adusto de Beethoven, en este contexto, se convierte en un símbolo de la emancipación del artista, de su derecho a expresarse libremente, sin importar las consecuencias sociales.
En conclusión, la imagen de Beethoven con su rostro enojado y huraño, que tanto me intrigaba en mi infancia, es mucho más que una simple representación de un hombre de mal carácter. Es un retrato complejo y multifacético que refleja la tragedia de su vida, la intensidad de su genio creativo y su espíritu rebelde. Es una subversión deliberada de la convención del retrato idealizado, una declaración implícita de que la verdadera grandeza no reside en la apariencia, sino en la profundidad del alma. El rostro de Beethoven, al igual que su música, es un testimonio de la capacidad humana para trascender el sufrimiento y crear belleza a partir del caos, un recordatorio de que la autenticidad y la integridad artística a menudo exigen un precio, pero que el resultado final, una sinfonía de la expresión humana, vale la pena cada nota.
La imagen del hombre adusto permanece en mi memoria, no como una advertencia, sino como una invitación a mirar más allá de la superficie y a apreciar la complejidad y la belleza que pueden encontrarse incluso en los rostros más difíciles.
Este retrato de Beethoven es un óleo sobre lienzo pintado en 1804 por Willibrord Joseph Mähler cuando Ludwig van Beethoven, con 34 años, gozaba de un gran prestigio como pianista en Viena y estaba componiendo su Sinfonía Nº3 en mi bemol mayor, op. 55 (conocida como Heroica).
Es el primero de cuatro retratos del compositor alemán pintados por el artista, nacido en el mismo barrio que la madre de Beethoven, María Magdalena van Beethoven, y que entraría a formar parte del grupo selecto de los "amigos de Bonn" de Beethoven, y los dos mantuvieron su amistad el resto de sus vidas.
Se cree que Beethoven tuviera un aprecio muy especial para este retrato ya que lo mantendría siempre a la vista de su escritorio, junto con él de su admirado abuelo, Ludwig van Beethoven, quien había sido maestro de capilla de la orquesta del príncipe elector de Colonia, realizado por Amelius Radoux.
La Biblioteca Pública de Nueva York posee una copia del retrato, pintada por un artista desconocido hacia 1808, que perteneció a Ferdinand Luib, dueño del Allgemeine Musikalische Zeitung, biógrafo de Franz Schubert, y quien lo habría regalado a Alexander Wheelock Thayer, uno de los primeros biógrafos de Beethoven. (W)
Doscientos cincuenta y cinco años han pasado desde el nacimiento en Bonn, Alemania, de uno de los grandes genios de la música clásica. Se trata de Ludwig van Beethoven, el pianista y compositor alemán, creador de inconfundibles y atemporales obras como son las sinfonías N°3 o "Heroica" (inicialmente dedicada a Napoleón Bonaparte), N°5 y N°9 o "Coral"; la bagatela "Para Elisa" (también conocida como "Para Teresa"), o la sonata para piano N°14 "Claro de luna", entre muchísimas otras.
"Sin duda Beethoven es una de las columnas básicas en lo que es la historia de la música de todos los tiempos. Todos esos elementos que vienen del pre barroco, barroco, del período clásico, eventualmente confluyen en Beethoven, que se convierte en un compositor romántico, pero el más clásico de los románticos", sostiene Rodolfo Saglimbeni, director de la Orquesta Sinfónica Nacional, de Chile.
Fue contemporáneo de Wolfgang Amadeus Mozart, pero no está claro si alguna vez llegaron a conocerse. Aunque no existe documentación histórica que acredite que nació el 16 de diciembre de 1770, esa es la fecha generalmente aceptada, ya que su bautizo fue registrado un día después. Llegó al mundo en el seno de una familia de procedencia humilde y con tradición musical. Su abuelo, también llamado Ludwig, fue músico, en tanto que su padre, Johann, era tenor, pero daba clases de piano y violín para ganar dinero. Precisamente habría sido su estricto padre el que se dio cuenta del talento musical de Beethoven, quien a los seis años ofreció su primera actuación pública.
Cinco años después comenzó a trabajar como organista y a los 17 viajó a Viena, entonces el centro de la música mundial, y donde posteriormente se instaló de forma definitiva. En la capital austriaca tocaba el piano en los salones de la nobleza y recién a comienzos del siglo XIX comenzó a hacerse conocida su faceta como compositor, de la cual pudo subsistir gracias al apoyo económico de importantes arstócratas.
Un verdadero "rockstar"
Uno de los rasgos más característicos de Beethoven fue su conocida sordera, cuya causa no se conoce con certeza. Comenzó como un tinnitus cuando era un veinteañero y con el paso del tiempo fue empeorando, al punto que afectó no solo su trabajo -cuando estrenó la Novena Sinfonía, con su Oda a la Alegría, no pudo oír los aplausos del público- sino que también su vida social -se aisló cada vez más del mundo que lo rodeaba-, por lo que pensó quitarse la vida.
Pero no lo hizo y continuó componiendo. Sin embargo, su salud era precaria y fue declinando hasta que el 26 de marzo de 1827 se produjo su deceso. Tenía 56 años.
Según Deutsche Welle (DW), en su lecho de muerte Beethoven habría dicho: "Es una lástima, una lástima, ¡demasiado tarde!". El genio se refería a unas botellas de vino que recién le habían entregado y que no podría beber.
20.000 personas habrían asistido a su funeral
Su funeral fue multitudinario y a él asistieron unas 20 mil personas, de acuerdo al medio alemán. "Se cerraron las escuelas (...) Su féretro fue acompañado por los músicos y artistas más importantes de Viena, entre ellos Franz Schubert y el poeta Franz Grillparzer, quienes escribieron un tributo conmovedor que recitó el actor Heinrich Anschütz", señaló DW.
La obra de Beethoven es muy amplia e incluye nueve sinfonías, cinco conciertos para piano, uno para violín, 16 cuartetos de cuerdas, 32 sonatas para piano, la ópera "Fidelio", así como la Misa en do mayor op. 86 y la Missa Solemnis op.123. Muchas de sus creaciones han marcado el curso de la cultura popular universal, como por ejemplo los compases de la Novena Sinfonía que usó Stanley Kubrick para curar los impulsos violentos de Alex DeLarge en "La Naranja Mecánica". (Fuente)
Retratos de Beethoven
Hoy celebramos los 200 años de la obra musical más impresionante que ha creado un artista. El 7 de mayo de 1824, fue la primera audición de la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven.
Texto de Martín Susnik, vía Aleteia.
Un día como hoy, 7 de mayo, pero de 1824 Ludwig Van Beethoven estrenaba su célebre Novena Sinfonía en re menor op. 125, una de las obras más emblemáticas no sólo del compositor sino de toda la historia de la música occidental.
Además, el 9 de este mes la Unión Europea celebra el “Día de Europa” en recuerdo de la denominada Declaración Schuman, en la que el ministro de exteriores francés dio el primer paso hacia la integración de los Estados europeos.
Y, como es sabido, primero en 1972 el Consejo de Europa convirtió el tema de la «Oda a la Alegría», procedente de la Novena Sinfonía de Beethoven, en su himno, y luego, en 1985, fue adoptado por los dirigentes como himno oficial de la Unión Europea en adaptación de Von Karajan.
En ocasión de este doble aniversario compartiremos nueve curiosidades, algunas más conocidas que otras, de la célebre obra del músico alemán.
1) Compuesta y ¿dirigida? por un sordo, Beethoven
Aquel día Viena estaba expectante por la que iba a ser la primera aparición pública de Ludwig van Beethoven en doce años. Se trataba del estreno en el Teatro Imperial de su Sinfonía Nº 9. Sin embargo, para ese entonces Beethoven ya estaba completamente sordo, debido a lo cual no pudo oír la interpretación de su monumental obra.
No obstante se cuenta que el compositor estaba sentado en la orquesta y se suponía que dirigía la ejecución. De todas maneras Michael Umlauf, el maestro de capilla y quien de hecho llevaba a cabo la dirección, dijo a sus músicos que no prestaran atención a Beethoven cuando marcara los tiempos.
El gran Ludwig siguió el estreno inmerso en la lectura de una copia de la partitura e imaginando en su mente los sonidos. Al finalizar el concierto la gente estalló en aplausos, pero Beethoven no podía escucharlos y continuaba sumergido en los pentagramas. Uno de los solistas lo tocó del brazo para alertarle y entonces Beethoven pudo ver a la multitud aplaudiendo.
Se inclinó y saludó al público por última vez. Después de aquella presentación de la que sería su última sinfonía, Beethoven se retiró de la vida pública. Fallecería tres años después.
Escena libre de la anécdota en la película “Amada Inmortal”:
2) Demasiada ovación
El éxito del estreno de la Novena Sinfonía fue absoluto, a punto tal que el público ovacionó la obra con repetidas andanadas de aplausos y con sus pañuelos al aire.
Sin embargo, cuando los asistentes estallaron en gritos y aplausos por quinta vez, el comisionado de policía se vio en la obligación de exigir silencio. Y es que tres andanadas de aplausos eran la norma para la familia imperial, de modo que no era prudente que Beethoven obtuviera cinco.
3) Una obra revolucionaria
Quizás hoy sea considerada una de las mayores obras de la música “tradicional”, pero en su momento significó una verdadera ruptura con la tradición. Por aquel entonces las sinfonías clásicas eran compuestas con una duración que habitualmente no superaba la media hora (aunque el mismo Beethoven ya había compuesto algunas más largas) y seguían una estructura clásica en sus cuatro movimientos: Allegro, Adagio, Scherzo, Allegro.
La obra de Beethoven fue un caso extraordinario, pues su duración supera la hora de ejecución y además, si bien en apariencia sigue la estructura tradicional con sus cuatro movimientos, éstos son desarrollados de manera completamente original, logrando una nueva experiencia de la música sinfónica. Sus transformaciones rítmicas son constantes y rompen con el sentido del equilibrio y la mesura del clasicismo.
Además, en “la Novena” Beethoven –el último de los clásicos y el primero de los románticos– introdujo por primera vez la percusión en una sinfonía, dotándola así de una particular potencia emocional.
Otra importante innovación es desde luego la inclusión del coro y los solistas en el cuarto movimiento, pero ello merece una mención aparte.
4) Una sinfonía “coral” y con texto
En el último movimiento Beethoven introdujo en su obra a cuatro solistas y un coro, quienes interpretan el texto de “An die Freude” (“[Oda] a la Alegría”) del poeta alemán Johann Christoph Friedrich von Schiller. El poema es de 1785, ligeramente anterior a la Revolución Francesa, y apela a la unión y la fraternidad entre todos los hombres: “¡Alegría, bella chispa divina, hija del Elíseo! ¡Penetramos ardientes de embriaguez, oh diosa celestial, en tu santuario! Tus encantos atan los lazos que la rígida costumbre ha separado y todos los hombres serán hermanos bajo tus alas bienhechoras.”
No fue Beethoven el primero en musicalizar el texto. Ya Franz Schubert en 1815 había puesto música a aquellos versos (D 189), pero la versión de Beethoven se convirtió en la definitiva sin lugar a dudas. De hecho, el compositor agregó algo de texto propio, que es lo que se oye cuando entra el barítono. “¡Oh amigos, dejemos esos tonos! ¡Entonemos cantos más agradables y llenos de alegría! ¡Alegría! Alegría!”. Después, inmediatamente, comienza el texto de Schiller, que también sufrió algunas modificaciones por exigencias de métrica.
(René Pape, Jonas Kaufmann, Waltraud Meier y Anne Schwanewilms bajo la batuta de Daniel Barenboin).
5) Recepción dispar
Aunque Viena lo aplaudió con sumo entusiasmo, en otras ciudades donde se presentó después la sinfonía, no tuvo al comienzo tanto éxito. Algunos directores rehusaron montarla porque consideraban que Beethoven la había compuesto ya sordo y que eso se hacía notar en la partitura. Curiosamente, algunos críticos consideraban que el cuarto movimiento –hoy por hoy el más célebre- opacaba el resto de la sinfonía y la tendencia en el siglo XIX fue a obviar la parte coral y sólo tocar los primeros tres movimientos.
6) Novena Sinfonía, una obra utilizada por todos
A diferencia del siglo XIX, el siglo XX manifestó mucho aprecio por la obra, a punto tal que fue utilizada por ideologías de lo más diversas e incluso antagónicas. Durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, la Novena fue la pieza sinfónica más tocada en ambos bandos. Toscanini, opuesto al fascismo y exiliado en Estados Unidos, la incluía regularmente en su repertorio.
Pero también un músico oficial del régimen de Mussolini como Pietro Mascagni solía dirigirla en multitudinarios conciertos. También lo hizo en el París ocupado un joven Herbert von Karajan, que era entonces miembro del partido nazi. Incluso fue la pieza escogida por la radio alemana para anunciar el suicidio de Hitler en 1945. En los juegos olímpicos de 1956 y 1964, por su parte, sonó como himno común para los equipos de las dos repúblicas alemanas.
Mención especial merece la interpretación en Berlín bajo la batuta de Leonard Bernstein, pocas semanas después de la caída del muro en 1989. El concierto se llevó a cabo con una orquesta formada por músicos de las dos Alemanias y en la oda final la palabra Freude (“alegría”) fue reemplazada por Freiheit (“libertad”). “Beethoven habría dado su bendición”, declaró entonces el director estadounidense.
7) Simple y compleja
La melodía del Himno a la Alegría es en principio sumamente simple. Es fácil de cantar y de recordar. Incluso un infante puede interpretar su secuencia de notas sin mayores dificultades al comenzar sus estudios instrumentales dado que prácticamente no sale de las cinco primeras notas de una escala mayor.
En ese sentido, la melodía tiene un rasgo popular y una llamativa sencillez. A la par, el tratamiento que Beethoven hace del leit-motiv es de no poca complejidad, como sucede con la sinfonía en su conjunto. La instrumentación no sólo es monumental, sino que se trata de una partitura muy exigente para todos los músicos.
8) ¿Una melodía no tan original?
La composición de la oda final no fue para Beethoven un proceso sencillo. Se cuenta que realizó más de doscientas reescrituras. Sin embargo, lo esencial de la melodía ya vivía en la mente y el corazón del compositor desde hace mucho tiempo antes y ya lo había utilizado él mismo en algunas obras anteriores.
El famoso tema de la alegría se deja adivinar en la segunda parte del lied Seufzer eines Ungeliebten und Gegenliebe publicado en 1796, basado en un poema centrado en un amor no correspondido.
Doce años después Beethoven prepara un concierto en el que se estrenaban su Quinta y Sexta sinfonías. Allí presenta también su “Fantasía Coral” Op. 80 donde toma como tema de su segundo movimiento finale ese mismo tema del lied, presentado primeramente por el piano (que en el estreno fue interpretado por el mismo Beethoven) y al que siguen unas variaciones en que interviene la orquesta, para terminar con una brillante intervención de los solistas y coro, celebrando el poder divino de la música.
(Versión de Seiji Ozawa y Martha Argerich. Apréciese lo mencionado especialmente a partir del minuto 17.00).
Finalmente, con algunas variaciones en la melodía, retomó el tema en el mundialmente conocido y épico cuarto movimiento de la Novena, su última sinfonía.
9) La Novena y los discos compactos
Cuando en la década del 80 aparecieron los CDs, más allá de algunas idas y vueltas, se estableció que su duración fuese de 74 minutos. ¿Por qué? Porque de esa manera era posible grabar en un solo disco precisamente la Novena Sinfonía de Beethoven completa, sin necesidad de dividirla en un disco doble.
Hasta allí llegó la influencia de esta notable obra, patrimonio cultural de Europa y de la humanidad entera, con la cual somos llamados a hermanarnos inspirados por la música de uno de los mayores talentos artísticos de todos los tiempos.
Ludwig van Beethoven nació el 16 de diciembre de 1770 en la ciudad alemana de Bonn, a bastante distancia del epicentro musical de Europa, Viena. Su padre, un músico al que le gustaba beber, le enseñó a tocar el piano y el violín, por lo que a corta edad ya se apreciaba su gran talento, lo que posibilitó que viajara a Viena para estudiar con los maestros, sobre todo, con el gran Mozart. Aparentemente tenía mucho interés en conocer a Wolfgang Amadeus Mozart.
A la edad de doce años, Beethoven era un pianista prometedor y un alumno talentoso en la composición del organista de la corte Christian Gottlob Neefe (1748-1798).
Pese a todo, Beethoven nunca conocería a Mozart, pues tuvo que volver a Bonn para estar al lado de su madre que estaba muy enferma y que murió poco meses después. Su padre murió en 1792. A pesar de que nunca se conocerían personalmente, se convirtió en alumno de uno de los mejores amigos de Mozart, Joseph Haydn. Sin embargo, Beethoven no estaba totalmente satisfecho con las enseñanzas de Haydn (de hecho se llevaban bastante mal), y recurrió a músicos de menor talento para recibir instrucción adicional.
Beethoven se encontró trabajando en privado, componiendo piezas por cuenta propia para varias personas que quisieran comprar su trabajo. En 1795 aparecieron sus primeros trabajos publicados maduros, y su carrera se lanzó oficialmente. Gracias a esto se hizo bastante famoso en toda la ciudad y muchos lo buscaban por su talento.
Cuando se encontraba en la veintena, un dolor de oído horrible hacía presagiar lo peor. Los médicos le dijeron que perdería la audición. En 1814 se quedó sordo, lo que para cualquier otro compositor habría sido el final de su carrera. Pero no para él. Beethoven no era cualquier compositor y continuó componiendo más obras.
Con todo, sí que es cierto que el músico admitió haber tenido pensamientos suicidas por culpa de la sordera, al no podía disfrutar de la música de la misma forma que antes. Pero, como tenía mucha música en la cabeza para escribir, decidió continuar con su tarea.
Su padre quería convertirlo en niño prodigio
De hecho, para asegurarse de que el joven Beethoven era incluso más brillante y precoz de lo que ya de por sí era, su madre mentía a todo el mundo sobre su edad, diciendo que era dos años más joven. Y es que, tan pronto como detectó las dotes para la música de su hijo, el padre de Beethoven, que era un modesto músico aficionado al alcohol, solo tenía un objetivo en la vida: convertir a su hijo en un prodigio de la música, un personaje famoso del que obtener beneficios, de ahí que le obligara a practicar horas y horas tanto al piano como al violín y le castigara físicamente cuando se equivocaba en alguna nota.
Tuvo 6 hermanos
Hay detalles de la vida personal de Beethoven que suelen pasarse por alto. Como este. Llegó a tener seis hermanos, pero lamentablemente, cuatro de ellos murieron a lo largo de su vida.
Compuso una obra tras la muerte de un perro
“Elegía por la muerte de un perro de aguas” fue compuesta en 1790, es decir, cuando tenía 12 años. En esa época ya componía piezas con nombres divertidos como "Lied an einen Säugling" (Canción para un bebé) y, más tarde, "Elegie auf den Tod eines Pudels" (Elegía por la muerte de un perro de aguas). Se desconoce la identidad del perrito.
Su primera sinfonía
Fue a la edad de 29 años cuando debutó con su Sinfonía n1º en Do Mayor, op. 21 que se realizó por primera vez en el Burgtheater de Viena en abril de 1800. Es la primera de las nueve sinfonías de Beethoven y fue dedicada al barón Vam Swieten, melómano y amigo de Mozart .
Goethe y él eran buenos amigos
El poeta alemán Johann Wolfgang von Goethe y Beethoven eran grandes amigos, y solían salir a pasear por el campo, una afición que compartían, para relajarse y meditar. Le gustaba mucho alejarse de la vida social y disfrutar del contacto con la naturaleza.
Su vida amorosa
Era un hombre muy enamoradizo. Eleonore von Breuning, Giuletta Guicciardi, las hermanas von Brunsvik, Magdalena Willman, Antonie Brentano... pero tanto sus orígenes modestos como su inestable carácter impidieron que ninguna de estas relaciones fructificara en matrimonio. Uno de sus grandes amores fue Joséphine von Brunsvik, quien la inspiró para escribir su ópera Fidelio o El triunfo del amor matrimonial. Pero la familia de la joven se opuso a una boda con un músico plebeyo. Beethoven le escribió al menos 15 cartas de amor.
Escribió su testamento a los 30 años
Beethoven decidió dejar testamento muy joven, apenas con 30 años. ¿Por qué motivo? La creciente sordera que le azotaba le hacía temer lo peor; algo que motivó esta temprana decisión. Se conoce como Testamento Heiligenstadt, y se publicó en 1828.
Nadie sabe realmente por qué se quedó sordo
Lo que sí sabemos es que comenzó a perder la audición cuando tenía solo 26 años, en la cima de su carrera, y que estaba completamente sordo en el momento de su muerte. ¿Qué ocurrió? Sufría de una forma grave de tinnitus o acúfeno, lo que significa que escuchaba un "zumbido" importante en el oído. A los 46 se quedó completamente sordo. Una autopsia después de su muerte en 1827 concluyó que tenía "oído interno distendido" que le produjo lesiones con el tiempo. Afectó primero a su oído izquierdo y luego se extendió a ambos.
El hombre de las mil enfermedades
El músico alemán fue muy propenso a estar enfermo y pasó la mayor parte de su vida padeciendo una gran variedad de dolencias como colitis, reumatismo, fiebre reumática, tifus, trastornos de la piel, abscesos, una serie de infecciones, oftalmia, degeneración inflamatoria de las arterias, ictericia, hepatitis crónica y cirrosis hepática.
Tenía costumbres... peculiares
Sus hábitos personales eran cuanto menos extravagantes. A pesar de que se solía bañar a menudo, utilizaba ropa sucia tras el baño. Tampoco solía vaciar el orinal (que colocaba debajo del piano) y dejaba los platos de comida a medio terminar repartidos por toda la casa. Incluso llegaba a tirar la comida por la ventana o estrellarla contra la pared cuanto algo no le gustaba o no había sido preparado debidamente. Le encantaba el pescado, por lo que si sentía simpatía por alguien, le invitaba a comer pescado (aunque no le gustara). Eso sí; comía muchísimo. Solía confundir cantidad con calidad.
Y un problema con el alcohol
Al igual que su padre, que era alcohólico, Beethoven tuvo algo más que una relación casual con el alcohol. Afortunadamente nunca afectó negativamente a sus composiciones pero incluso una vez fue arrestado confundido con un vagabundo borracho por un policía desprevenido que no lo reconoció. Recordemos que su autopsia reveló un hígado destrozado por la cirrosis, a causa de la severa ingesta de alcohol.
Fue un músico revolucionario
Su aparición en la escena musical supuso un cataclismo brutal, como si hubiera inventado un nuevo género musical. La era del clasicismo vienés llegó a su fin con él. Fue considerado un revolucionario musical y un pionero del romanticismo. Era muy perfeccionista; revisaba y corregía una y otra vez hasta altas horas de la noche. Escribió un coro en su Sinfonía n.º 9, algo que nunca antes se había hecho. Se hizo famoso por sus composiciones dramáticas y cortas, como evidencia la apertura de su famosa Quinta Sinfonía. Otro ejemplo: antes de él, la mayoría de los conciertos para piano duraban unos 20-30 minutos, “El emperador” dura 40. Era diferente, original, complejo y es que Beethoven siempre se negó a adaptarse a lo establecido. Hubo un antes y un después en la música gracias a Beethoven.
Un genio de la improvisación
Aunque todos los reconocían como bastante indisciplinado como alumno, lo cierto es que era un genio de la improvisación (hasta que se quedó sordo). Albrechtsberger, quien le enseñó composición, le dijo a su alumno: "Es un librepensador de música exaltado, no se mezcle con él: no ha aprendido nada y nunca hará algo digno". Pero Beethoven, que unos años más tarde ya sería imbatible en el duelo de improvisaciones pianísticas, nunca dio importancia a esas críticas. Y el resto, es historia.
Pero tenía muy mal carácter
Su mal genio le caracterizaba. Su temperamento fue el que le llevó a arrancar la primera página de su manuscrito dedicado a Napoleón Bonaparte, la Sinfonía nº 3 y borró el nombre de Napoleón. Tenía estallidos de ira que asustaban a cualquiera, pero no siempre era así. También podía ser divertido y elocuente. Una vez dijo a los que criticaban su música que “la disfrutarían más tarde” (pensando en el futuro). Aunque claro, cuando comenzó a perder la audición, trató de ocultarlo durante mucho tiempo por si dañaba su profesión. De ahí que pareciera distante y frío. No era a posta: apenas podía escuchar nada de lo que le decían.
Beethoven y Kubrick
¿Sabías que el director cine Stanley Kubrick inmortalizó a Beethoven en su película Eyes Wide Shut de 1999? La contraseña para poder acceder a la ceremonia oculta era "Fidelio", la ópera de Beethoven. Relacionado con la película, Kubrick murió justo antes de su estreno, el 7 de marzo de 1999, al sufrir un infarto mientras dormía.
Su música en el cine
Sus composiciones aparecen en numerosas películas conocidas, incluidas “El discurso del rey”, “El hombre que susurraba a los caballos”, “El mundo Perdido: Jurassic Park”, Ace Ventura, un detective diferente”, “George de la jungla”, “Fiebre del sábado noche”, “Star Trek: Insurrección” o “El club de los poetas muertos”.
¿Cuántas obras compuso en total?
Existen 138 obras musicales compuestas por Beethoven (y ordenadas por números conocidos como opus), pero también hay otras 205 obras que no tienen número de opus y que fueron publicadas después de la muerte del compositor. Algunas de las obras más importantes de Beethoven fueron compuestas en la última década de su vida, momento en el que estaba completamente sordo.
Sarah Willis echa un vistazo a una de las piezas musicales más emblemáticas del mundo, la Quinta Sinfonía de Ludwig van Beethoven, con la ayuda del director François-Xavier Roth y su orquesta Les Siècles en el Beethovenfest de Bonn.
LA SINFONÍA N° 5 DE BEETHOVEN
Por Daisy Fancourt
Durante la Segunda Guerra Mundial, el motivo de apertura de la Sinfonía N° 5 de Beethoven se convirtió en un poderoso símbolo para las fuerzas aliadas. El patrón rítmico de ‘corto-corto-corto-largo’ correspondía en el código morse a la letra ‘v’ de ‘victoria’, que era un reconocido símbolo del esfuerzo bélico, mayormente realizado por Winston Churchill cuando formaba una ‘v’ con los dedos índice y medio de su mano derecha levantada. También fue adoptado como símbolo nacional norteamericano después de la guerra junto con el águila calva.
Si bien quizás resulta irónico que una pieza musical alemana se convirtiera en una fuente de consuelo de las tropas británicas en particular durante los bombardeos de Inglaterra, mucha gente disfrutaba de la ironía de que una música alemana proporcionara una fuerza estimulante para el esfuerzo bélico. El mismo Beethoven era un paladín de la libertad personal y un símbolo de resistencia ante la dictadura, y se alejó de Napoleón en 1804 cuando éste se autoproclamó “Emperador de los franceses”.
Los franceses también adoptaron la Sinfonía N° 5 de Beethoven como un ícono de solidaridad y resistencia. Durante el peor bombardeo alemán sobre Londres en la primavera de 1941, Maurice van Moppes escribió la letra para los primeros compases de la sinfonía y la denominó La chanson des V (“La canción de la ‘V’”). La canción fue transmitida por la Radio-Londres el 1 de junio de 1944, cuando las fuerzas aliadas le enviaron los primeros mensajes a Francia para que se preparara para el ataque. También se incluyó un volante intitulado Chansons de la BBC que la Royal Air Force (la fuerza aérea británica) lanzó desde paracaídas en Francia con el fin levantar el ánimo, alentar a la resistencia y demostrar el apoyo a los británicos.



















































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