Luis Alberto Spinetta, (23 de enero de 1950, Buenos Aires - 8 de febrero de 2012) también conocido como El Flaco, fue un cantante, guitarrista, poeta y compositor argentino de rock, considerado como uno de los más importantes de su país. La gran complejidad de sus obras, tanto en lo instrumental, como en lo lírico y poético, le valió el reconocimiento en Latinoamérica y el resto del mundo.
Por Rubén Reveco, editor
"El Flaco"
En sus letras hay influencia de escritores, poetas, artistas y pensadores como Rimbaud, Vincent Van Gogh, Carl Gustav Jung, Sigmund Freud, Friedrich Nietzsche, Foucault, Deleuze, Carlos Castaneda y Artaud, del cual incluso lleva su nombre uno de sus discos.
1) "Muchacha ojos de papel" Un clásico del rock en español. El tema editado como sencillo Muchacha (Ojos de papel), creado por Luis Alberto Spinetta e interpretado por la banda argentina Almendra, es una de las canciones más destacadas e influyentes del rock argentino. Fue estrenada en vivo el domingo 22 de junio de 1969 en un recital en el Teatro Coliseo de Buenos Aires y editada el 5 de enero de 1970 al ser lanzada como primer tema del álbum Almendra I, considerado asimismo como uno de los mejores albumen del rock argentino. El tema también es conocido simplemente como Muchacha. En el año 2002 fue considerada por la Rolling Stone y la cadena MTV como la segunda mejor canción de todos los tiempos del rock argentino.
"Everybody Hurts" (en español: "Todo el mundo hiere") es una power ballad interpretada por la banda de rock estadounidense R.E.M.. La canción está incluida en su exitoso octavo álbum de estudio Automatic for the People (1992) y fue lanzada como sencillo por la compañía discográfica Warner Music Bros, el 15 de marzo de 1993. El tema también está incluido en la recopilación de grandes éxitos In time: The Best of R.E.M 1988-2003 (2003) y en 1993 alcanzó el lugar 29 en la lista Billboard de Estados Unidos y el lugar 7 en Reino Unido.
La mayor parte de la canción fue escrita por el exbaterista Bill Berry, aunque en los créditos aparecen todos los integrantes como compositores. El arreglo de cuerdas fue escrito por John Paul Jones, bajista de Led Zeppelin.
Con respecto a la canción, los integrantes han comentado en su disco de grandes éxitos que la canción fue escrita para los adolescentes. También han citado que aunque nunca han visto Buffy la cazavampiros, la idea de que el instituto es un portal al infierno les parece bastante realista y que es difícil para todos.
Además, según una encuesta realizada por PRS for Music, «Everybody Hurts» es la canción que más hace llorar a los hombres. Ellis Rich, representante de PRS for Music, sostiene que es una obra lacrimosa que define la sensación de frustración y pena que a los hombres les resulta difícil describir y a su vez les da una leve idea de solución al conflicto, por eso considera que ha superado a otras grandes obras como "Tears in Heaven" de Eric Clapton logrando robar una lágrima incluso a los hombres más fuertes.
La caída, un acto intrínseco a la existencia, es explorada en el poema con una profundidad que trasciende la mera descripción física. No se trata solo de un movimiento descendente, sino de una inmersión en la esencia misma del ser y del universo. La invitación a "caer eternamente" y "al fondo del infinito" no es un llamado a la aniquilación, sino a una exploración sin límites, a un abandono de las convenciones espaciales y temporales.
La caída se convierte en un viaje introspectivo, una exploración de "lo más bajo que se pueda caer", un encuentro con el propio abismo interior. La ausencia de vértigo sugiere una aceptación radical de esta inmersión, una valentía para enfrentar las profundidades del alma. Es una travesía a través de "todas las almas de todos los anhelos y todos los naufragios", una conexión con la experiencia humana en su totalidad, tanto en sus glorias como en sus fracasos.
En el umbral de 1919, el invierno se cierne como un sudario sobre una Europa que, apenas seis meses antes, sepultaba a sus muertos. La "ecuatorial recién cortada" evoca una vida truncada, un sacrificio en la "tumba guerrera del esclavo paciente", donde la piedad se erige como corona sobre la estupidez humana. Es la voz del poeta, testigo de un tiempo de posguerra, la que nos interpela.
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Un millar de lágrimas se han solidificado en una "sola cruz de nieve", símbolo del dolor colectivo y la fría realidad de la pérdida. Pero en medio de este panorama desolador, una nueva conciencia emerge. Las estepas, antes mudas, ahora "sacuden las manos", y con ellas, "millones de obreros han comprendido al fin". Es el despertar de una clase oprimida, que alza sus "banderas de aurora" hacia el cielo, proclamando una nueva era.
El poeta, en su llamado apremiante —"Venid venid os esperamos"—, revela la esencia de su mensaje: "porque sois la esperanza, la única esperanza". En un mundo marcado por la destrucción y el sufrimiento, la esperanza no reside en los vestigios de un pasado bélico, sino en la unidad y la determinación de aquellos que buscan construir un futuro más justo. Esta esperanza, forjada en la comprensión y la acción colectiva, se presenta como el faro que guiará a la humanidad hacia un nuevo amanecer.
La difusión de las "Micro-Canciones," expresiones artísticas que duran menos de un minuto, representa una evolución fascinante en el arte contemporáneo. Esta brevedad, sin embargo, no equivale a una falta de profundidad o impacto. Por el contrario, la limitación de tiempo exige una forma de comunicación concentrada y potente. Cuando estas micro-canciones incorporan fragmentos de una obra seminal como "Altazor" de Vicente Huidobro, el resultado es una interacción convincente entre la tradición literaria establecida y la expresión artística innovadora.
¿Has visto en el cielo desierto
La paloma amenazada por los años
Con los ojos llenos de recuerdos
Con el pecho lleno de silencio
Más triste que el mar después de un naufragio?
En el vasto lienzo del cielo desértico, la imagen de una paloma, envejecida y melancólica, evoca una profunda reflexión. Sus ojos, espejos de innumerables amaneceres y ocasos, guardan el peso de recuerdos imborrables, testimonios silenciosos de un pasado que se niega a desvanecerse. El pecho, antaño vibrante con el murmullo de la vida, ahora resuena con un silencio sobrecogedor, una quietud que solo el tiempo y la experiencia pueden otorgar.
Esta paloma, más que un simple ave, se convierte en una metáfora conmovedora de la existencia misma. Su tristeza, comparable a la desolación del mar tras un naufragio, no es una debilidad, sino la manifestación de una sabiduría adquirida a través de la adversidad. En su figura, percibimos la fragilidad de la vida y la ineludible marcha del tiempo, que deja su huella en cada ser.
Nos invita a contemplar nuestra propia jornada, a reconocer la belleza en la melancolía y a valorar la riqueza de las experiencias vividas, por dolorosas que hayan sido. La paloma, en su desolada majestuosidad, nos enseña que incluso en el silencio y la tristeza, reside una profunda dignidad y una verdad universal sobre la condición humana.
Qué esperas
¿Habéis oído?
Ese es el ruido siniestro de los pechos cerrados.
Abre la puerta de tu alma y sal a respirar al lado afuera.
Puedes abrir con un suspiro la puerta que haya cerrado el huracán.
¿Qué esperas?
El clamor silencioso de un alma oprimida resuena en las palabras "¿Habéis oído? Ese es el ruido siniestro de los pechos cerrados". Este lamento poético nos invita a una profunda introspección, urgiéndonos a romper las cadenas autoimpuestas que restringen nuestra verdadera esencia. La metáfora de los "pechos cerrados" evoca la imagen de corazones y mentes clausuradas, impermeables a la luz del exterior y al susurro del autodescubrimiento.
La invitación a "abrir la puerta de tu alma y salir a respirar al lado afuera" es un llamado a la liberación. Es un recordatorio de que la vida, en su vastedad y complejidad, aguarda más allá de los confines de nuestra zona de confort, de nuestros miedos y prejuicios. El acto de "respirar al lado afuera" simboliza la renovación, la búsqueda de nuevas perspectivas y la valentía de enfrentar lo desconocido.
La poderosa imagen de "abrir con un suspiro la puerta que haya cerrado el huracán" nos habla de la resiliencia inherente al espíritu humano. Los "huracanes" representan las adversidades, los traumas y las desilusiones que, en ocasiones, nos impulsan a construir muros protectores. Sin embargo, este verso nos asegura que, incluso ante la magnitud de tales tormentas, un simple "suspiro" —un acto de voluntad, un atisbo de esperanza— tiene el poder de desmantelar esas barreras, permitiendo que la luz y la vida fluyan de nuevo.
Finalmente, la pregunta "¿Qué esperas?" no es una interrogante vacía, sino un imperativo. Es un desafío a la inacción, a la procrastinación que nos mantiene anclados en un estado de estancamiento. Nos confronta con la urgencia de vivir plenamente, de abrazar nuestra vulnerabilidad y de permitir que nuestro ser más auténtico se manifieste. En última instancia, este breve pero profundo poema nos insta a una transformación, a trascender el encierro interior y a emprender el viaje hacia una existencia más abierta, consciente y significativa.
Ya había publicado hace unos meses una canción de Lhasa de Sela, artista que ha significado mucho en mi historial de preferencias musicales. ¿Por qué nos gusta una canción? Por ser simple y compleja a la vez.
Que el desierto es más tierno y la espina besa mejor
He venido a ese centro de la nada pa gritar
Que tú nunca mereciste lo que tanto quise dar
Que tú nunca mereciste lo que tanto quise dar
He venido yo corriendo olvidándome de ti
Dame un beso pajarillo, no te asustes colibrí
He venido encendida al desierto pa’ quemar
Porque el alma prende fuego cuando deja de amar
Porque el alma prende fuego cuando deja de amar
Hasta siempre, Lhasa de Sela
Martes triste. Hoy me enterado de la muerte prematura de una de mis cantantes favoritas, Lhasa de Sela, a los 37 años, víctima de un cáncer de mama. Estaba en la cocina cuando escuché en la radio la noticia de su muerte y me ha recorrido la tristeza todo el cuerpo. Decía el locutor que no era conocida. Y posiblemente no lo fuera en el mundo de las Paulina Rubio o compañía. Pero para quienes amamos las voces únicas, las melodías mestizas y originales, Lhasa era un valor irrepetible.
Conocí su obra en Estados Unidos, allá por el 98 o 99. Un amigo de aquella época, con quien tocaba en un grupo, me trajo un día La llorona. Me gustó mucho esa voz tan especial, su acento, sus raíces híbridas, pero recuerdo que uno de sus temas me atravesó especialmente, El desierto. Esa voz que murmura, casi rota, buf! Tremendamente sensual. Desde ese día Lhasa siempre ha estado en los fijos de mi banda sonora vital.
No puedo creer que un talento así haya desaparecido por culpa, una vez más, del maldito cáncer de mama. Tan joven aún. Esa enfermedad se ha llevado a demasiadas mujeres, conocidas y queridas también. Especialmente en nuestra comunidad. Luchar contra ella es una de mis metas vitales.
Hoy se ha llevado a una gran artista, que llevaba dos años luchando contra él. Hoy nos toca despedirla, darle las gracias por su arte, por acompañarnos en el camino de la vida. No puedo evitar llorar, mientras escucho canciones tantas veces oídas, porque me cuesta aceptar que vayamos perdiendo tanta gente buena antes de tiempo.
Gracias, Lhasa, por acompañarme en tantas tardes melancólicas, en momentos tristes, en conversaciones agradables, en momentos de seducción, mientras escribía. Gracias, mil gracias, de corazón. Tu voz única nos seguirá acompañando en el camino. Hasta siempre, grande. (F)
El poema presentado se erige como una profunda meditación sobre el poder de una mirada que trasciende lo meramente visual para entrelazarse con la esencia misma del cosmos y del destino humano. La voz poética, en una íntima apelación, reconoce en la mirada de un "tú" la capacidad de adornar los "veleros de las noches mecidas en la pesca", una imagen que evoca la belleza inherente y la guía en la oscuridad. Más allá de la estética, esta mirada posee la facultad de "formar el nudo de las estrellas", sugiriendo una conexión intrínseca con el orden celestial y el entramado del universo.
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La mirada no solo organiza el firmamento, sino que también da forma a la expresión más pura del ser: "el nudo del canto que saldrá del pecho", y lleva "la palabra al corazón y a la boca embrujada del ruiseñor". Aquí, la mirada se convierte en un catalizador de la emoción y de la voz, otorgándole un poder transformador que dota de significado y melodía a la existencia. Esta capacidad de infundir vida y expresión subraya su rol central en la percepción y la comunicación.
Sin embargo, la contemplación de este poder se ve interrumpida por una urgencia ineludible: "No hay tiempo que perder". Esta advertencia, reiterada, se asocia con el "naufragio ambiguo" del cuerpo, una metáfora de la fragilidad y la incertidumbre de la condición humana. Ante la inminencia de lo incierto, la voz poética asume una postura de introspección y medición, "mido paso a paso el infinito", lo que sugiere una búsqueda de sentido y trascendencia frente a la efímero.
La sentencia "El mar quiere vencer" introduce un elemento de confrontación y desafío. El mar, símbolo de la inmensidad, la fuerza incontrolable y el destino, se presenta como una entidad con voluntad propia, deseosa de imponerse. Esta lucha inherente refuerza la urgencia de actuar y la imposibilidad de la pasividad. En este contexto, la mirada, que al principio tejía y embrujaba, ahora se vuelve crucial en la búsqueda de la verdad que yace "Más allá del último horizonte". El poema concluye con la promesa de una revelación: "Se verá lo que hay que ver", sugiriendo que, a pesar de los desafíos y la premura, la visión y la comprensión finalmente prevalecerán. La mirada, en última instancia, se convierte en el faro que guía hacia el conocimiento y la aceptación del destino.