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sábado, 25 de abril de 2026

En defensa del talento en el arte

Istvan Sandorfi


¿Qué importancia tiene el talento en el arte? Ustedes que disfrutan de las diferentes manifestaciones del arte figurativo de nuestros días comprenden que esas pinturas, dibujos e ilustraciones son las obras de artistas que aún consideran a las artes plásticas una profesión de esfuerzo y trabajo.




Talento vs. mediocridad

Una metáfora poética para empezar: Sabemos que una semilla de rosa -por ejemplo- es portadora de una futura flor, pero para que crezca y florezca debe ser regada, si no muere antes de nacer.
Del mismo modo el talento debe ser cultivado y orientado. No basta con “dejarlo ser”, se debe encauzar hacia la creatividad. Y ésta debe tener componentes de exclusividad para que sea verdaderamente original.
Pero siempre poniendo los caballos adelante del carro. Primero el talento, después el trabajo y finalmente el objeto producto del esfuerzo creativo.


lunes, 13 de abril de 2026

La mejor pintura de Henri Gervex


Es una pintura exquisita con un predominio total del color blanco. La luz entra por la ventana recién abierta e ilumina el cuarto donde yace dormida la amante de Jacques Rolla. En la primavera de 1878, un mes antes de la inauguración del Salón de Arte, Rolla fue excluido del acto por la administración de Bellas Artes. Henri Gervex es, sin embargo, un pintor reconocido. De sólo 26 años de edad, ya había sido galardonado con medallas en el Salón, lo que le coloca en teoría "fuera de concurso", dispensado de las deliberaciones del jurado encargado de elegir las obras presentadas. Esta vez las autoridades deciden lo contrario, debido al carácter juzgado "inmoral" de la escena.


Gervex se inspira de un largo poema de Afred de Musset (1810-1857), publicado en 1833. El texto abarca el destino de un joven burgués, Jacques Rolla, inmerso en una vida de ocio y de vicio. Conoce a Marie, adolescente que se prostituye para librarse de la miseria. Aquí vemos a Rolla, arruinado, cerca de la ventana, girando la mirada hacia la joven dormida. Pronto pondrá fin a sus días, absorbiendo veneno. Si la escena fue juzgada indecente, no es debido a la desnudez de Marie, que no difiere para nada en otros desnudos canónicos de la época. Lo que llama la atención de los contemporáneos es en realidad la naturaleza muerta constituida por las enaguas, una liga, un corsé desabrochado con prisas, con encima un sombrero de copa. Fue Degas quien hubiera aconsejado a Gervex colocar "un corsé en el suelo" para que se entienda que esta mujer "no es un modelo". En efecto, esta disposición, la naturaleza de la ropa, indican claramente el consentimiento de Marie y su estatuto de prostituta. Además, el bastón saliendo de la ropa interior actúa como una metáfora del acto sexual. 

Tras su exclusión del Salón, Rolla fue expuesto durante tres meses en la sala de un marchante de cuadros parisino. El escándalo, ampliamente difundido por la prensa, atrae la multitud. Bastantes años más tarde, en unas entrevistas publicadas en 1924, Gervex cuenta el placer que tuvo viendo el "desfile ininterrumpido de las visitas", sin que se supiera si había anticipado la reacción de las autoridades y provocado voluntariamente la polémica.




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sábado, 4 de abril de 2026

El detalle que no conocía (1) La Piedad, de Miguel Angel




Miguel Angel Buonarroti es autor de las dos esculturas más famosas del mundo: El David y La Piedad, las dos realizadas antes de cumplir los 30 años. Por La Piedad siento una particular devoción y hace poco descubrí un detalle que nunca había tenido en cuenta.


Por Rubén Reveco - Editor


Un gran artista nunca escatima esfuerzo, nunca simplifica para ahorrarse trabajo. Bien sabemos que el mármol es una de las piedras más difíciles de trabajar, sin embargo Miguel Ángel en esta obra hace un despliegue inusitado de pliegues en el ropaje de la Virgen y de líneas onduladas en el cabello de Jesucristo.



Sin embargo, son los bigotes y la pequeña barba lo que me ha llamado la atención en una reproducción (arriba) que he descubierto hace poco. Es el detalle que no había reparado o no conocía. Este gran escultor florentino realizó con la insipiente barba un tipo de diseño muy particular; mezcla de decoración vikinga y arabesco.





viernes, 13 de marzo de 2026

Arte y fotografía



La irrupción de la fotografía en el siglo XIX marcó un punto de inflexión en la historia del arte, alterando la trayectoria de la pintura y generando un complejo diálogo entre ambas disciplinas. Actualmente, la presencia de exposiciones fotográficas en museos, incluso reemplazando a pinturas centenarias, evidencia la prominencia que ha alcanzado este lenguaje expresivo.


Por Rubén Reveco - Editor

El auge de la fotografía puede interpretarse, en parte, como una respuesta al declive del interés de algunos artistas por representar fielmente la realidad circundante. La fotografía, con su capacidad inherente para capturar instantes y detalles con precisión, ocupó un espacio que la pintura realista había comenzado a abandonar. Este desplazamiento no implica necesariamente un desencuentro total entre arte y fotografía, sino más bien una redefinición de sus roles y una expansión de los límites del arte contemporáneo. La fotografía, al ingresar a los "templos del arte", no solo desafía las concepciones tradicionales de la creación artística, sino que también enriquece el panorama cultural con nuevas perspectivas y narrativas visuales.

El debate sobre la relación entre fotografía y pintura es complejo y multifacético. Tradicionalmente, se ha distinguido la fotografía como un producto mecánico, susceptible de reproducción infinita, de la pintura, obra única resultado de la habilidad manual y la visión del artista. Sin embargo, esta dicotomía simplifica una realidad mucho más rica.

En el siglo XIX, la fotografía surgió en un momento en que la pintura abandonaba los temas tradicionales y se volcaba hacia el realismo social. Mientras que la fotografía se centraba en el retrato, los pintores impresionistas exploraban el paisaje. Durante la primera mitad del siglo XX, la fotografía documentó las convulsiones de las guerras mundiales, ofreciendo un testimonio gráfico de gran impacto social, mientras que la pintura se adentraba en la abstracción, alejándose de la representación directa de la realidad.

Inicialmente, la fotografía no aspiraba a ser considerada arte. Sin embargo, la posterior ampliación del concepto de "artes visuales" abrió la puerta para que la fotografía ascendiera y se integrara en el mundo del arte. Con el avance de las tecnologías digitales, la fotografía ha alcanzado nuevas cotas de expresión y creatividad, ganándose un lugar destacado en museos y galerías.

En conclusión, si bien la fotografía y la pintura tienen orígenes y características distintas, ambas son formas de expresión visual que han evolucionado a lo largo del tiempo. La fotografía ha demostrado su capacidad para trascender su naturaleza mecánica y convertirse en un medio artístico valioso y significativo.








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lunes, 9 de marzo de 2026

El harén en las artes plásticas (Nuevas imágenes)





Esta no es una historia de pintores ni pinturas. Esta es una historia sobre un tema casi recurrente en el siglo XIX y que aún mantiene su embrujo en el arte: Ser amo y señor de un harén con bellas mujeres al servicio de todas las necesidades, fantasías y caprichos.
¿Hoy, qué hombre puede negar el sueño de ocupar al menos por unos días el lugar de privilegio de estos señores para disfrutar de la belleza y encanto de jóvenes siempre dispuestas?


Eso es, al menos, lo que han representado los pintores en los últimos 200 años y sus imágenes muestran sólo el lado más amable de estos "nidos de amor". Pero un harén era una prisión donde se esclavizaba, torturaba y mutilaba. Sin embargo, la fantasía perdura y preferimos seguir viendo lo que nos muestra el arte, el que ha sabido ocultar el dolor para dejar de manifiesto sólo el placer, pero nunca el amor.


sábado, 3 de enero de 2026

¿Se explica o no se explica?

 


Me pareció interesante este artículo aparecido en la Revista Ñ, del 29 de enero de 2011, sobre todo para los que creemos que el arte es el resultado del trabajo serio y del talento reflexivo. Ante una obra incomprensible el espectador nunca debe preguntarse qué quiso decir el artista. La comunión entre la obra y el espectador debe ser inmediata y sin intermediarios. Es por eso que defendemos a la pintura realista y bregamos por su renacimiento. El espectador es nuestro aliado y no pretendemos agredirlo.
El artículo, en cuestión, fue escrito por José Fernández Vega y se refiere al libro de Marc Jiménez, “La querella del arte contemporáneo”, y dice más o menos así:


Ese algo indefinido que llamamos arte

“La cuestión del arte contemporáneo se plantea desde hace un siglo y se agudiza con cada inauguración, subasta o escándalo, sostiene Marc Jiménez. Su libro interpela parejamente a artistas, crítica, teoría, público y mercado.
En qué momento se jodió el arte contemporáneo? ¿Fue acaso en 1917, cuando Marcel Duchamp, sospechoso habitual, compró un urinario en un comercio, lo firmó con seudónimo y lo emplazó en una muestra convencional? ¿O con los delirios que Dada organizaba durante la Gran Guerra? ¿Tuvo lugar en su mismo origen, con los primeros cubistas? ¿Ocurrió mucho después, con las extravagancias de los años sesenta? Los ejemplos podrían multiplicarse al infinito. ¿Sería mejor, entonces, si en lugar de indagar a los artistas acusáramos a Hegel, a Nueva York, a Guido Di Tella? ¿Serán responsables los alcaldes porque advirtieron que una bienal improvisada o una modesta colección dentro de un edificio de gran diseño, podían volverse rentables atracciones turísticas? ¿Sería más justo apuntar contra esos magnates que, en busca de prestigio y bohemia, pagan fortunas de su dinero negro azuzando la obscena estampida de precios? La Gran Obra de Arte, o su nostalgia, parece representar la última figura de autoridad todavía popular en una cultura donde todas las instituciones muestran heridas abiertas y las antiguas certezas se evaporan. El arte contemporáneo no ofrece, como en el pasado, obras maestras inmediatamente accesibles a todo público, de las cuales el entendido admiraba unos aspectos, otros el observador lego, y ambos quedaban reconfortados por igual.
La historia se transformó completamente a partir de comienzos del siglo XX, cuando Duchamp, con su mingitorio, abrió la posibilidad de que cualquier cosa pudiera ser considerada una obra de arte, incluso un objeto banal, cuya apreciación estética el artista repudiaba. Duchamp buscaba suprimir la noción de belleza para hablar de las obras y superar un ideal establecido a través de los siglos. Las consecuencias de su gesto radical fueron inmensas y siguen irritando a una mayoría, apartada de las salas de exposición e indignada por lo que allí se exhibe.
La hostilidad hacia el arte contemporáneo no sólo se manifiesta en un gran público que se siente ultrajado y le da la espalda, sino también entre los especialistas. En su libro, Marc Jimenez reconstruye una controversia que estalló en Francia a comienzos de la década de 1990, cuando una serie de artículos impugnaron con violencia la escena artística del momento. Denunciaban a sus animadores por impostores, superficiales representantes de una interminable decadencia. Reprochaban las subvenciones para realizaciones estúpidas que los museos y las galerías recibían complacientes.
Las instituciones fomentaban transgresiones que incorporaban, felices, a sus colecciones. Los artistas disfrutaban de su nulidad y su falta de oficio sufragados con dinero público. El arte había cercenado sus vínculos con la sociedad, a la que ya no servía como dispositivo crítico, ni como fuente de placer. Nadie tenía la menor idea de cómo evaluar una obra.
Los partidarios del arte contemporáneo adoptaron una actitud apenas defensiva. Carecían de argumentos, se amparaban en obviedades. Era para ellos muy difícil justificar esos principios que, aplicados a su música, el revolucionario John Cage enumeró con ironía: “Ningún tema, ninguna imagen, ningún gusto, ninguna belleza, ningún mensaje, ningún talento, ninguna técnica, ninguna idea, ninguna intención, ningún arte, ningún sentimiento”.


 El gran público que quiere ver arte y admirar se refugia en los museos.




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martes, 30 de diciembre de 2025

¿Por qué odian a los talentosos?


                                                                              

El odio es un sentimiento jodido en las artes plásticas. No se manifiesta ni se hace público por un asunto de pudor, pero existe. Fomentado por los oportunistas que han logrado (gracias a varios factores) usufructuar un lugar reservado sólo a unos pocos, el odio está dirigido particularmente a esas personas que nacen con talento; esa condición sinequanon de las artes.

                                                                              

Por Rubén Reveco, editor

Hay excepciones -desde luego- pero en esta oportunidad vamos a hablar de la norma. La tendencia mayoritaria de los artistas contemporáneos (y del stablimesch que los sostiene) es profesar odio hacia los artistas "tradicionales" que resisten a través de las distintas disciplinas artísticas. Esto se manifiesta con comentarios desdeñosos: "Sólo tiene condiciones técnicas", "es un buen copista, pero...", "ya nadie pinta", "es un anacrónico", "el arte realista no es provocativo ni desestabilizador", etc. 
¿Y por qué sucede esto? Porque el que odia en las artes es un mediocre disfrazado de artista.
Aunque usted no lo crea, actualmente el talento es una condición peligrosa. El talento -por ejemplo- que se necesita para expresarse a través de la belleza; esa virtud bastardeada y tan poco cultivada entre los "modernos".


El talento y el arte

El arte contemporáneo y su relato nos quiere hacer creer que ya no es necesario tener talento para ser artista. Según ellos, nosotros -los artistas plásticos- no comprendemos que existe un nuevo paradigma y que es inútil y tonto perseverar en pintar -por ejemplo- y menos rescatar a la belleza del basural a donde ha sido arrojada.
Sin embargo, al arte se lo sigue asociando a esta característica tan singular de los seres humanos. Sin talento no existe poesía, música, baile, pintura o escultura... Ahora bien, ¿que entendemos por talento?
José Ingenieros en su libro El Hombre Mediocre plantea una diferenciación entre genio y talento: Llama genio al hombre que crea nuevas formas de actividad no emprendidas antes por otros o desarrolla de un modo enteramente propio y personal actividades ya conocidas; y talento al que practica formas de actividad, general o frecuentemente practicadas por otros, mejor que la mayoría de los que cultivan esas mismas aptitudes.
El talento se puede considerar como un potencial. Lo es en el sentido de que una persona dispone de una serie de características o aptitudes que pueden llegar a desarrollarse en función de diversas variables que se pueda encontrar en su desempeño.
El talento es una manifestación de la inteligencia emocional y es una aptitud o conjunto de aptitudes o destrezas sobresalientes respecto de un grupo para realizar una tarea determinada en forma exitosa. 



El talento puede ser heredado o adquirido mediante el aprendizaje. Por ejemplo, una persona que tenga el talento de ser buen dibujante muy probablemente legará esta aptitud a sus hijos o a alguno de sus descendientes. Asimismo una persona que no es y desee ser dibujante deberá internalizar mediante el aprendizaje continuo y esforzado la destreza e internalizarlo en su cerebro la condición que le permita desarrollar la aptitud.
El talento intrínseco a diferencia del talento aprendido es que el individuo lo puede dejar de ejercer por mucho tiempo y volver a usarlo con la misma destreza que cuando dejó de usarlo; el talento aprendido requiere de ser ejercitado continuamente para no perder la destreza.


Me encontré con un estudiante de arte

Hace unos meses me encontré con un joven y atribulado alumno de una escuela de arte. Estaba por repetir el año. Este fue más o menos el diálogo:


-Mi profesora de pintura se enfurece cuando trato de ser prolijo.

-¿Y para qué estudias arte en esa escuela?
-Porque también necesito el título de maestro. Con las artes nunca se sabe ¿vio?
-¿Y qué te dice la profesora?
-Estábamos pintando una naturaleza muerta y me decía que no tengo que hacerla tan depurada .
-¿Y qué propone?
-Que mire a Pablo Picasso... que el tema es sólo un pretexto.
-¿Te gusta Picasso?
-La verdad que no mucho. Su período Azul me gusta mucho... después no.
-¿Y tu profesora qué hace?
-Ella es moderna. No pinta. Hace performance.
-¿Y porque te da clases de pintura si no pinta?
-Creo que también necesita el trabajo... pero ella desprecia a los pintores y ni hablar si hacen realismo...
-¿Una profesora de arte que desprecia a los artistas? ¡Es raro!
-Sí.
-Entonces ¿qué vas a hacer?
-Necesito alguien que pinte y que me de unas clases. ¿Usted está dando?
-No doy, pero te podría ayudar...

Y quedamos de acuerdo que asistiría dos veces por semana a mi estudio durante un mes, con el compromiso que ninguno de los dos diría nada de las clases de apoyo. 

Hay que ayudar a los estudiantes. Quien sabe, podríamos estar perdiendo un gran artista. 
Lo último que supe es que había aprobado.




ANEXO

El odio, esa mala palabra


El odio es un sentimiento de profunda antipatía, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona, cosa, o fenómeno, así como el deseo de evitar, limitar o destruir a su objetivo.
El odio se describe con frecuencia como lo contrario del amor o la amistad. El odio puede generar aversión, sentimientos de destrucción y ocasionalmente autodestrucción, aunque la mayoría de las personas puede odiar eventualmente a algo o alguien y no necesariamente experimentar estos efectos.
El odio no es justificable desde el punto de vista racional porque atenta contra la posibilidad de diálogo y construcción común.
El odio es una intensa sensación de desagrado. Se puede presentar en una amplia variedad de contextos, desde el odio de los objetos inanimados o animales, al odio de uno mismo u otras personas, la existencia, la sociedad o cierto tipo de arte. 









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