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viernes, 22 de mayo de 2026

Jeff Koons: Cada día me gusta menos

 

Jeff Koons ha sido en repetidas ocasiones objeto de demandas legales por violación a los derechos de autor. 


Recuerdo que de chico me fascinaba la habilidad de ciertos vendedores de globos. En una fracción de minuto, inflaban un largo tubo y con rápidos movimientos lo convertían  en un animal; de la nada aparecían diferentes formas (perros, por ejemplo) para la delicia de mis inocentes ojos de niño.
Nunca llegué a sospechar que estas formas se convertirían en el futuro en cotizadas obras de arte y se venderían por millones en las subastas de arte contemporáneo.
¡Ay de mí, siempre llegando tarde!


Por Rubén Reveco, editor

"Ballon Dog" (Orange), de Jeff Koons. Fue el primer artista en utilizar los servicios de una agencia de publicidad para promover su imagen y contratar un grupo de obreros para que le hagan sus obras.


martes, 12 de mayo de 2026

Consejos para pintores, dibujantes e ilustradores (1)



Primero que nada tengo que decirte que estás por realizar una de las actividades más misteriosas y antiguas de la historia. Mucho antes de que los seres humanos empezaran a pintar o esculpir habían utilizado el fuego, pero el fuego era algo que ya existía. Habían utilizado las vestimentas para protegerse del frío, las mismas que cubrían los cuerpos de los animales. Habían aprendido a navegar, seguramente agarrado de un tronco que flotaba a la deriva. Pero nunca habían hecho lo que nosotros llamamos arte, porque dibujar o pintar era algo sin precedentes.



Por Rubén Reveco, editor


Ilustración de Arturo Asensio 


¿Seguro que quieres ser artista?

Cuando hoy vamos a la librería y compramos carbonilla (unas inocentes ramitas de sauce) estamos por repetir un proceso originado hace miles de años. Porque al trazar una raya sobre una superficie estamos repitiendo lo que hicieron nuestros antepasados prehistóricos, cuando de un resto de una fogata tomaron una rama con su punta carbonizada y la usaron para hacer un trazo sobre la pared de su caverna: Habían inventado las artes plásticas.
Es decir, trabajaron con materia inerte pero con características de plasticidad. El barro, la piedra, las tierras de colores se podían modelar, alterar y transformar no sólo en objetos utilitarios (herramientas  y vasijas, por ejemplo) sino en objetos artísticos. Como un bisonte en la pared. Eso sí, no era un bisonte de verdad, era una representación. Estaba ahí, en la pared, no se movía, no era peligroso, pero existía. 

sábado, 25 de abril de 2026

En defensa del talento en el arte

Istvan Sandorfi


¿Qué importancia tiene el talento en el arte? Ustedes que disfrutan de las diferentes manifestaciones del arte figurativo de nuestros días comprenden que esas pinturas, dibujos e ilustraciones son las obras de artistas que aún consideran a las artes plásticas una profesión de esfuerzo y trabajo.




Talento vs. mediocridad

Una metáfora poética para empezar: Sabemos que una semilla de rosa -por ejemplo- es portadora de una futura flor, pero para que crezca y florezca debe ser regada, si no muere antes de nacer.
Del mismo modo el talento debe ser cultivado y orientado. No basta con “dejarlo ser”, se debe encauzar hacia la creatividad. Y ésta debe tener componentes de exclusividad para que sea verdaderamente original.
Pero siempre poniendo los caballos adelante del carro. Primero el talento, después el trabajo y finalmente el objeto producto del esfuerzo creativo.


lunes, 13 de abril de 2026

La mejor pintura de Henri Gervex


Es una pintura exquisita con un predominio total del color blanco. La luz entra por la ventana recién abierta e ilumina el cuarto donde yace dormida la amante de Jacques Rolla. En la primavera de 1878, un mes antes de la inauguración del Salón de Arte, Rolla fue excluido del acto por la administración de Bellas Artes. Henri Gervex es, sin embargo, un pintor reconocido. De sólo 26 años de edad, ya había sido galardonado con medallas en el Salón, lo que le coloca en teoría "fuera de concurso", dispensado de las deliberaciones del jurado encargado de elegir las obras presentadas. Esta vez las autoridades deciden lo contrario, debido al carácter juzgado "inmoral" de la escena.


Gervex se inspira de un largo poema de Afred de Musset (1810-1857), publicado en 1833. El texto abarca el destino de un joven burgués, Jacques Rolla, inmerso en una vida de ocio y de vicio. Conoce a Marie, adolescente que se prostituye para librarse de la miseria. Aquí vemos a Rolla, arruinado, cerca de la ventana, girando la mirada hacia la joven dormida. Pronto pondrá fin a sus días, absorbiendo veneno. Si la escena fue juzgada indecente, no es debido a la desnudez de Marie, que no difiere para nada en otros desnudos canónicos de la época. Lo que llama la atención de los contemporáneos es en realidad la naturaleza muerta constituida por las enaguas, una liga, un corsé desabrochado con prisas, con encima un sombrero de copa. Fue Degas quien hubiera aconsejado a Gervex colocar "un corsé en el suelo" para que se entienda que esta mujer "no es un modelo". En efecto, esta disposición, la naturaleza de la ropa, indican claramente el consentimiento de Marie y su estatuto de prostituta. Además, el bastón saliendo de la ropa interior actúa como una metáfora del acto sexual. 

Tras su exclusión del Salón, Rolla fue expuesto durante tres meses en la sala de un marchante de cuadros parisino. El escándalo, ampliamente difundido por la prensa, atrae la multitud. Bastantes años más tarde, en unas entrevistas publicadas en 1924, Gervex cuenta el placer que tuvo viendo el "desfile ininterrumpido de las visitas", sin que se supiera si había anticipado la reacción de las autoridades y provocado voluntariamente la polémica.




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sábado, 4 de abril de 2026

El detalle que no conocía (1) La Piedad, de Miguel Angel




Miguel Angel Buonarroti es autor de las dos esculturas más famosas del mundo: El David y La Piedad, las dos realizadas antes de cumplir los 30 años. Por La Piedad siento una particular devoción y hace poco descubrí un detalle que nunca había tenido en cuenta.


Por Rubén Reveco - Editor


Un gran artista nunca escatima esfuerzo, nunca simplifica para ahorrarse trabajo. Bien sabemos que el mármol es una de las piedras más difíciles de trabajar, sin embargo Miguel Ángel en esta obra hace un despliegue inusitado de pliegues en el ropaje de la Virgen y de líneas onduladas en el cabello de Jesucristo.



Sin embargo, son los bigotes y la pequeña barba lo que me ha llamado la atención en una reproducción (arriba) que he descubierto hace poco. Es el detalle que no había reparado o no conocía. Este gran escultor florentino realizó con la insipiente barba un tipo de diseño muy particular; mezcla de decoración vikinga y arabesco.





viernes, 13 de marzo de 2026

Arte y fotografía



La irrupción de la fotografía en el siglo XIX marcó un punto de inflexión en la historia del arte, alterando la trayectoria de la pintura y generando un complejo diálogo entre ambas disciplinas. Actualmente, la presencia de exposiciones fotográficas en museos, incluso reemplazando a pinturas centenarias, evidencia la prominencia que ha alcanzado este lenguaje expresivo.


Por Rubén Reveco - Editor

El auge de la fotografía puede interpretarse, en parte, como una respuesta al declive del interés de algunos artistas por representar fielmente la realidad circundante. La fotografía, con su capacidad inherente para capturar instantes y detalles con precisión, ocupó un espacio que la pintura realista había comenzado a abandonar. Este desplazamiento no implica necesariamente un desencuentro total entre arte y fotografía, sino más bien una redefinición de sus roles y una expansión de los límites del arte contemporáneo. La fotografía, al ingresar a los "templos del arte", no solo desafía las concepciones tradicionales de la creación artística, sino que también enriquece el panorama cultural con nuevas perspectivas y narrativas visuales.

El debate sobre la relación entre fotografía y pintura es complejo y multifacético. Tradicionalmente, se ha distinguido la fotografía como un producto mecánico, susceptible de reproducción infinita, de la pintura, obra única resultado de la habilidad manual y la visión del artista. Sin embargo, esta dicotomía simplifica una realidad mucho más rica.

En el siglo XIX, la fotografía surgió en un momento en que la pintura abandonaba los temas tradicionales y se volcaba hacia el realismo social. Mientras que la fotografía se centraba en el retrato, los pintores impresionistas exploraban el paisaje. Durante la primera mitad del siglo XX, la fotografía documentó las convulsiones de las guerras mundiales, ofreciendo un testimonio gráfico de gran impacto social, mientras que la pintura se adentraba en la abstracción, alejándose de la representación directa de la realidad.

Inicialmente, la fotografía no aspiraba a ser considerada arte. Sin embargo, la posterior ampliación del concepto de "artes visuales" abrió la puerta para que la fotografía ascendiera y se integrara en el mundo del arte. Con el avance de las tecnologías digitales, la fotografía ha alcanzado nuevas cotas de expresión y creatividad, ganándose un lugar destacado en museos y galerías.

En conclusión, si bien la fotografía y la pintura tienen orígenes y características distintas, ambas son formas de expresión visual que han evolucionado a lo largo del tiempo. La fotografía ha demostrado su capacidad para trascender su naturaleza mecánica y convertirse en un medio artístico valioso y significativo.








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lunes, 9 de marzo de 2026

El harén en las artes plásticas (Nuevas imágenes)





Esta no es una historia de pintores ni pinturas. Esta es una historia sobre un tema casi recurrente en el siglo XIX y que aún mantiene su embrujo en el arte: Ser amo y señor de un harén con bellas mujeres al servicio de todas las necesidades, fantasías y caprichos.
¿Hoy, qué hombre puede negar el sueño de ocupar al menos por unos días el lugar de privilegio de estos señores para disfrutar de la belleza y encanto de jóvenes siempre dispuestas?


Eso es, al menos, lo que han representado los pintores en los últimos 200 años y sus imágenes muestran sólo el lado más amable de estos "nidos de amor". Pero un harén era una prisión donde se esclavizaba, torturaba y mutilaba. Sin embargo, la fantasía perdura y preferimos seguir viendo lo que nos muestra el arte, el que ha sabido ocultar el dolor para dejar de manifiesto sólo el placer, pero nunca el amor.


sábado, 3 de enero de 2026

¿Se explica o no se explica?

 


Me pareció interesante este artículo aparecido en la Revista Ñ, del 29 de enero de 2011, sobre todo para los que creemos que el arte es el resultado del trabajo serio y del talento reflexivo. Ante una obra incomprensible el espectador nunca debe preguntarse qué quiso decir el artista. La comunión entre la obra y el espectador debe ser inmediata y sin intermediarios. Es por eso que defendemos a la pintura realista y bregamos por su renacimiento. El espectador es nuestro aliado y no pretendemos agredirlo.
El artículo, en cuestión, fue escrito por José Fernández Vega y se refiere al libro de Marc Jiménez, “La querella del arte contemporáneo”, y dice más o menos así:


Ese algo indefinido que llamamos arte

“La cuestión del arte contemporáneo se plantea desde hace un siglo y se agudiza con cada inauguración, subasta o escándalo, sostiene Marc Jiménez. Su libro interpela parejamente a artistas, crítica, teoría, público y mercado.
En qué momento se jodió el arte contemporáneo? ¿Fue acaso en 1917, cuando Marcel Duchamp, sospechoso habitual, compró un urinario en un comercio, lo firmó con seudónimo y lo emplazó en una muestra convencional? ¿O con los delirios que Dada organizaba durante la Gran Guerra? ¿Tuvo lugar en su mismo origen, con los primeros cubistas? ¿Ocurrió mucho después, con las extravagancias de los años sesenta? Los ejemplos podrían multiplicarse al infinito. ¿Sería mejor, entonces, si en lugar de indagar a los artistas acusáramos a Hegel, a Nueva York, a Guido Di Tella? ¿Serán responsables los alcaldes porque advirtieron que una bienal improvisada o una modesta colección dentro de un edificio de gran diseño, podían volverse rentables atracciones turísticas? ¿Sería más justo apuntar contra esos magnates que, en busca de prestigio y bohemia, pagan fortunas de su dinero negro azuzando la obscena estampida de precios? La Gran Obra de Arte, o su nostalgia, parece representar la última figura de autoridad todavía popular en una cultura donde todas las instituciones muestran heridas abiertas y las antiguas certezas se evaporan. El arte contemporáneo no ofrece, como en el pasado, obras maestras inmediatamente accesibles a todo público, de las cuales el entendido admiraba unos aspectos, otros el observador lego, y ambos quedaban reconfortados por igual.
La historia se transformó completamente a partir de comienzos del siglo XX, cuando Duchamp, con su mingitorio, abrió la posibilidad de que cualquier cosa pudiera ser considerada una obra de arte, incluso un objeto banal, cuya apreciación estética el artista repudiaba. Duchamp buscaba suprimir la noción de belleza para hablar de las obras y superar un ideal establecido a través de los siglos. Las consecuencias de su gesto radical fueron inmensas y siguen irritando a una mayoría, apartada de las salas de exposición e indignada por lo que allí se exhibe.
La hostilidad hacia el arte contemporáneo no sólo se manifiesta en un gran público que se siente ultrajado y le da la espalda, sino también entre los especialistas. En su libro, Marc Jimenez reconstruye una controversia que estalló en Francia a comienzos de la década de 1990, cuando una serie de artículos impugnaron con violencia la escena artística del momento. Denunciaban a sus animadores por impostores, superficiales representantes de una interminable decadencia. Reprochaban las subvenciones para realizaciones estúpidas que los museos y las galerías recibían complacientes.
Las instituciones fomentaban transgresiones que incorporaban, felices, a sus colecciones. Los artistas disfrutaban de su nulidad y su falta de oficio sufragados con dinero público. El arte había cercenado sus vínculos con la sociedad, a la que ya no servía como dispositivo crítico, ni como fuente de placer. Nadie tenía la menor idea de cómo evaluar una obra.
Los partidarios del arte contemporáneo adoptaron una actitud apenas defensiva. Carecían de argumentos, se amparaban en obviedades. Era para ellos muy difícil justificar esos principios que, aplicados a su música, el revolucionario John Cage enumeró con ironía: “Ningún tema, ninguna imagen, ningún gusto, ninguna belleza, ningún mensaje, ningún talento, ninguna técnica, ninguna idea, ninguna intención, ningún arte, ningún sentimiento”.


 El gran público que quiere ver arte y admirar se refugia en los museos.




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