La cruel masacre de gorriones que ordenó Mao y provocó la muerte por hambre de 36 millones de chinos. El “Gran Salto Adelante” que ordenó Mao Zedong produjo un terrible retroceso en la China comunista a finales de la década del ‘50. Una de las iniciativas fue “La campaña de las cuatro plagas”, que movilizó al pueblo en la matanza de gorriones. La falta de un depredador de insectos, sumada a otras políticas equivocadas, fue la causa de una de las peores hambrunas que recuerda la humanidad.
Los gorriones -digamos todo-, no son las aves más lindas de la creación. Ni cantan como los jilgueros, ni lucen un plumaje llamativo como los canarios o los cardenales. Pero tampoco son una implacable amenaza contra la humanidad. Eso pensó, en 1958, Mao Zedong, el líder chino, cuando lanzó su “Campaña de las cuatro plagas”. En rigor, los vistió de ideología. “Son enemigos de la revolución”, le dijo a su pueblo antes de enviarlos a una insólita guerra contra estos pequeños pájaros, que compartieron su triste destino con los sí abyectos y dañinos ratas, las moscas y los mosquitos.
Fue una iniciativa audaz. Inconsulta. Propia de un dictador, que no escucha a los que advierten que el choque es inevitable, pero es todo oídos para quienes lo halagan. En 1958, Mao -a quien antes de se lo conocía como Mao Tsé Tung-, decidió imponer la política que llamó “El Salto Adelante”. Al cabo, lo que produjo fue una vuelta carnero hacia atrás. Luego de apoderarse del gobierno chino en 1949 al vencer a su rival, el lider nacionalista Chiang Kai-shek, el primer lustro de la década del ‘50 encontró a Mao bajo el ala de la Unión Soviética, en especial de Stalin. En esa época colectivizó la tierra, se empeñó en la producción de alimentos, creó comunas y llevó a cabo sangrientas purgas contra sus adversarios políticos, que se refugiaron en Taiwán. A diferencia de la Unión Soviética y su KGB -ubicada en un edificio de solo seis plantas, pero del que se dice es el más alto de esa nación porque “desde allí se ve todo”- , instruyó a cada chino para ser el comisario de sus vecinos. No necesitó Siberia: cada pueblo era un pequeño gulag. Al cabo de unos años, Mao percibió que la industrialización de China iba a la zaga de la Unión Soviética. La producción de acero marcaba el suceso de los países. Y planificó -es una forma de decir- que en 15 años, superaría a Gran Bretaña en ese aspecto.
El primer paso del “Salto Adelante” fue un plan para controlar el agua. Esto llevó a la construcción de numerosas represas que resultaron totalmente inadecuadas. Según el historiador holandés Frank Dikötter en su libro La gran hambruna en la China de Mao, en el año 1960, 235 de las que levantaron no soportaron la presión del agua y estallaron. En un recuento hecho en las regiones de Henan, Banqiao Shimatan hacia 1980, 2976 de los diques construidos entre 1957 y 1959 se habían roto.
Un afiche de la "Campaña de las cuatro plagas" contra los mosquitos, las moscas, los gorriones y las ratas.

















