Muchacha leyendo una carta en la ventana abierta, Johannes Vermeer, 1657-59. Detalle.
En 1742, por la compra de 30 cuadros de la colección privada del Príncipe de Cariñena en París para la colección del elector de Sajonia y rey de Polonia Augusto el Fuerte, le obsequiaron una pintura... ¡y qué pintura: nada menos que un Rembrandt!
FUENTE: Bbc Mundo
Así se la presentaron al secretario sajón encargado de la transacción y así fue identificada a su llegada a Dresde, hoy en Alemania. Era una obra exquisita que mostraba a una joven rubia, bañada por la luz que entraba por una ventana, entregada a uno de los actos más íntimos: la lectura de una carta.
A pesar de haber violado la privacidad de la chica, el pintor la había protegido, interponiendo una mesa y sacando de la habitación a quien se entrometiera, obligándolo a quedarse detrás de una cortina abierta. Desde esa distancia prudente, se aseguró de que todos compartieran el momento que capturó sin que nadie perturbara su encanto. Era evidentemente la obra de un genio, pero quizás no del considerado como el artista más importante de la historia de los Países Bajos. Ya para cuando apareció por primera vez en un inventario, en 1747, fue descrita como una pintura "a la manera de Rembrandt", y más tarde, fue atribuida a otros artistas de la escuela del maestro neerlandés y de la ciudad de Delft. Pasarían siglos antes de que se revelara la verdad.
¿Por qué?
Sencillamente porque, después de su muerte, Johannes Vermeer había, en gran medida, caído en el olvido, particularmente fuera de Holanda.
El arte de la pintura (Alegoría de la pintura) ¿Será él? Los expertos piensan que quizás hizo su autorretrato de espaldas en El arte de la pintura (Alegoría de la pintura).