La difusión de las "Micro-Canciones," expresiones artísticas que duran menos de un minuto, representa una evolución fascinante en el arte contemporáneo. Esta brevedad, sin embargo, no equivale a una falta de profundidad o impacto. Por el contrario, la limitación de tiempo exige una forma de comunicación concentrada y potente. Cuando estas micro-canciones incorporan fragmentos de una obra seminal como "Altazor" de Vicente Huidobro, el resultado es una interacción convincente entre la tradición literaria establecida y la expresión artística innovadora.
Yo he sentido a la Muerte que ha entrado a mi cuarto.
Han crujido las tablas al pasar por encima.
Ha pasado como un humo blanco.
Y ha ido a acurrucarse a un rincón, a una esquina.
Donde pinta la sombra larga andrajos.
Desde allí me está espiando callada.
Y me tiene los ojos clavados.
Que relumbran como ojos de gata.
Llenos de codicia, de futuros espasmos.
Me mira, me analiza, me observa.
Y se recoje en la actitud de un felino.
Que va a saltar sobre su presa.
Y canta un árbol nuevo
Dos anhelos se encuentran
Dos angustias se hablan en secreto
¿Por qué razón?
Solo los signos y el azar lo saben"
En el fragmento del poema "Estrella hija de estrellas" de Vicente Huidobro, se despliega un universo de conexiones profundas y misterios insondables. La imagen de "Dos miradas se cruzan / Y canta un árbol nuevo" evoca la génesis de algo vital y floreciente a partir del encuentro. Es un nacimiento metafórico, una explosión de vida que surge cuando dos conciencias se encuentran y se reconocen. El "árbol nuevo" simboliza el crecimiento, la novedad y la promesa de un futuro compartido.
La secuencia "Dos manos se entrelazan / Dos anhelos se encuentran" profundiza en la idea de la unión. Las manos, instrumentos de acción y contacto, al entrelazarse, sugieren un pacto, una fusión de voluntades y afectos. Los anhelos, por su parte, representan los deseos más íntimos y las aspiraciones del alma. Su encuentro no es una mera coincidencia, sino la confluencia de caminos vitales que hallan resonancia en el otro.
Finalmente, el verso "Dos angustias se hablan en secreto" introduce una capa de complejidad y vulnerabilidad. No solo se comparten alegrías y esperanzas, sino también las preocupaciones más profundas. El "secreto" sugiere una intimidad y confianza que permite desvelar el lado más frágil del ser. Es en este espacio de sinceridad donde la conexión se vuelve verdaderamente humana y empática.
La pregunta retórica "¿Por qué razón? Solo los signos y el azar lo saben" cierra el fragmento con una nota de humildad ante el misterio de la existencia. Huidobro nos invita a reconocer que, si bien podemos experimentar y observar estas conexiones, la explicación última de su origen y propósito a menudo escapa a nuestra comprensión racional. Es un reconocimiento de la belleza y el enigma inherentes a las interacciones humanas, que, como los astros, siguen trayectorias dictadas por fuerzas que apenas vislumbramos.





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