"La parábola", un texto de inmensa belleza, evoca la profunda emoción que se experimenta al observar a un ser querido absorto en la contemplación. La imagen de un "rayo de luz que camina hacia el fondo del agua" y las "estrellas pasadas por el harnero del mar" pintan un cuadro de asombro y serenidad.
En esos momentos suspendidos, el tiempo parece detenerse y nada más importa. Ni la aventura de un "mástil pidiendo viento", ni la exploración de un "aeroplano ciego palpando el infinito", ni la melancolía de una "paloma demacrada dormida sobre un lamento", ni la majestuosidad de un "arcoíris con las alas selladas" pueden igualar la emoción de ese instante compartido. La verdadera belleza reside en la conexión humana, en esa "parábola tendida en puente nocturno de alma a alma", que trasciende lo físico y se eleva a lo espiritual. El poema nos invita a apreciar la quietud, la introspección y la magia de los momentos compartidos, donde la simple presencia del otro se convierte en la mayor de las alegrías. (Texto IA)
Mi alegría es mirarte cuando escuchas
Ese rayo de luz que camina hacia el fondo del
agua
Y te quedas suspensa largo rato
Tantas estrellas pasadas por el harnero del mar
Nada tiene entonces semejante emoción
Ni un mástil pidiendo viento
Ni un aeroplano ciego palpando el infinito
Ni la paloma demacrada dormida sobre un
lamento
Ni el arcoiris con las alas selladas
Más bello que la parábola de un verso
La parábola tendida en puente nocturno de alma a alma.





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