
"La verdad velada" - Antonio Corradini.
¿Por qué eran tan populares los velos entre los escultores italianos del siglo XIX? Una razón es que cubrir a sus piezas con velos les permitía mostrar su gran destreza artística.
Lograr que un material sólido como el mármol luzca como una pieza de tela que reposa sobre el cuerpo o rostro de una persona requiere de mucha habilidad. Es por esto que, desde la antigüedad, los escultores cubrían a sus figuras con telas para resaltar su gran talento. Las esculturas del periodo helenístico y del Renacimiento italiano son los ejemplos más conocidos de este fenómeno y, sin duda, fueron una fuente de inspiración para muchos artistas.
En la sociedad profundamente moralista de la Europa del siglo XIX, la insinuación velada en la escultura se erigía como una forma de expresión artística singularmente permitida. Dada la rigidez de las convenciones sociales y la omnipresente censura, los artistas recurrían a la sutileza y al simbolismo para comunicar ideas y emociones que, de otro modo, habrían sido consideradas inapropiadas o incluso escandalosas. A través de alegorías y representaciones mitológicas, las esculturas lograban evocar temas de deseo, sensualidad y crítica social, sorteando así las barreras impuestas por la moralidad imperante y ofreciendo al espectador una experiencia estética cargada de significados implícitos.

El desnudo en el siglo XIX
La representación del género del desnudo durante el siglo XIX fue muy amplia, ya que fue uno de los temas preferidos por los artistas. Estos se dividieron en dos grandes grupos, el desnudo profano y el desnudo sagrado.
El desnudo sagrado siguió siendo encargado por el Estado y la Iglesia en casi toda la zona occidental, y lo constituiría en su mayoría la figura de Cristo, aunque también santos y mártires. Este fue producido en menor medida que el profano, siendo éste último en el que nos centraremos tal como ya apuntamos.
El desnudo profano fue el más abundante por varios motivos, pero fundamentalmente, porque durante todo el siglo habrá una fuerte presencia del arte academicista sobre todo a comienzos, cuando el ideal de belleza escultórica se fundamentó en el ideal clásico, surgiendo una fuerte tendencia hacia el desnudo pagano.
El desnudo pagano fue la estrella del periodo neoclasicista, y a lo largo del resto de siglo que nos ocupa, dioses, héroes y personajes mitológicos, se convirtieron en los protagonistas de las obras. Así pues, “la longeva presencia del neoclasicismo durante toda la escultura del XIX permitió alargar la cantidad de estatuarios, siendo muchos de ellos alegorías desnudas y ritos igualmente desnudos”.
Esto además contribuyó a justificar los desnudos de la época, evitando así el escándalo y las críticas, ya que aunque se diera una apertura de la mentalidad con respecto a otros periodos, la censura seguía estando presente, aunque de forma más contenida.
Por otro lado, al avanzar el siglo XIX, con el surgir de diferentes corrientes, se promueve el desnudo profano de otras formas. Es el caso del periodo romanticista, en el que aparecen varias obras basadas en la representación de alegorías, sobre todo en cementerios, y en el caso del periodo realista, donde se promovió la representación de la vida cotidiana, en las que el pueblo será el gran protagonista. (Seguir leyendo)